Los New York Knicks derrotaron 94-90 a los San Antonio Spurs en el quinto partido de las Finales de la NBA y cerraron la serie 4-1 para conquistar el trofeo Larry O’Brien por primera vez desde 1973. El título marcó el fin de una larga sequía para la franquicia de Nueva York y dejó como figura principal a Jalen Brunson, elegido Jugador Más Valioso de la serie.
Una conexión universitaria que volvió a aparecer en la NBA
Más allá del campeonato, la conquista tuvo como hilo conductor la relación entre Jalen Brunson, Josh Hart y Mikal Bridges, tres jugadores que ya habían coincidido en Villanova cuando se coronaron campeones de la NCAA en 2016 bajo la dirección de Jay Wright. Una década después, los tres volvieron a encontrarse en el Madison Square Garden para repetir la fórmula en el máximo escenario profesional.
En aquel equipo universitario, Brunson lideraba desde la base, Hart aportaba intensidad defensiva y Bridges destacaba por su atlético juego perimetral. Bridges, además, volvería a ganar un título universitario en 2018 junto a Brunson. La gerencia de los Knicks apostó por reconstruir ese núcleo en la NBA mediante movimientos de mercado realizados en los últimos años, con la idea de unir talento individual y entendimiento colectivo.
Los Knicks, especialistas en remontadas
La temporada terminó dejando a Nueva York como uno de los equipos más reconocibles de la postemporada de 2026, al punto de ganarse la etiqueta de los «reyes de la remontada». En el partido definitivo, los Knicks también tuvieron que apelar a esa resiliencia: levantaron una desventaja de 29 puntos frente a unos Spurs liderados por Victor Wembanyama y sostuvieron un estilo físico y aguerrido que ya habían mostrado desde sus años universitarios.
