Extiende la mano y entrega una hojita. “Aquí está mi vida”, afirma. En la cuartilla —escrita en inglés— se lee Hall de la Fama de los Estados Unidos, nueve campeonatos mundiales y 67 títulos internacionales, entre otras cifras que hablan de
Extiende la mano y entrega una hojita. “Aquí está mi vida”, afirma. En la cuartilla —escrita en inglés— se lee Hall de la Fama de los Estados Unidos, nueve campeonatos mundiales y 67 títulos internacionales, entre otras cifras que hablan de su grandeza. No pasan de 10 párrafos. De esta manera José Monasterios, el creador del Shang Tiong, pretende resumir su vida y su hazaña. Reconoce que no es amigo de conceder entrevistas, es “alérgico” a ellas, e invita a pasar al Dojo para realizar las fotografías de rigor. El “Maestro” no atraviesa un buen momento. Su presencia solo obedece a caballerosidad y a una insistencia de más de una semana por parte de su interlocutora.
Una vez en el gimnasio, se abre a su espacio, a la rutina de los instrumentos, de los ejercicios. Busca entregar la mejor imagen, más allá del ánimo que lo embarga. Un luto se ha acentuado en su alma desde hace seis años y no le permite conciliar el sueño, entregarse al descanso, a la rutina reparadora, sobretodo en ciertas fechas que vienen a sabotear más su ánimo. La trágica muerte de su esposa y su hija en un cruento crimen ocurrido en el 2010, en el sector Parque Caiza, de Miranda, ha significado una categórica prueba para el Gran Maestro SantiKo, quien lucha con su día a día —y sus pesadillas— para continuar adelante, acción que ejecuta casi por inercia con cada viaje que emprende, cada clínica que dicta, o cada clase que da a los estudiantes que aspiran aprender del mejor, del fundador del Shang Tiong, técnica marcial con reconocimiento internacional.
Una gloria deportiva.
Una rápida mirada al gimnasio evidencia la grandeza del sensei venezolano. Los trofeos ocupan un lugar preferencial en el Dojo, al igual que recortes periodísticos que hablan de su entrega y victorias. Reconoce que pueden alcanzar los mil, cada uno guardado con un especial celo, cada uno cuenta una historia particular, un triunfo excepcional, como el logrado en el Mundial de San Petersburgo, en 1979, cuando se presentó solo a representar a Venezuela, a instancia de sus alumnos.
En esa oportunidad los organizadores del evento le indicaron que debía participar en las competencias individuales y por equipos, para cumplir con el programa. Monasterios aceptó el reto. Al final de la jornada se levantó con cuatro campeonatos mundiales, logrados en un solo día, alcanzando el máximo nivel tanto en las pruebas individuales como por equipos. “Regreso con trofeos que nunca pensé tenerlos en mi poder… Dos grandes trofeos que serán en adelante mi máximo orgullo en estas lides”, dijo en su momento.
El primer encuentro del “Maestro” criollo con las artes marciales se dio en México, país al que llegó con 12 años a instancia de sus padres. Para ese momento su conducta no era su mejor legado. Comenzó a practicar Karate-Do, donde alcanzó el 5to dan. Su pasión por el deporte también lo llevó a incursionar en boxeo tailandés, boxeo chino, karate coreano y yoga.
En la madurez esta experiencia dio paso al Shang Tiong, modalidad que recoge lo mejor de cada una y cuya traducción válida sería La paz de la acción, teniendo en La paz (Santi) del noqueador (Ko) a su mayor representante. Su carrera lo llevó a enfrentarse a los mejores de las artes marciales de China, Japón y Estados Unidos, quienes cayeron ante las habilidades del venezolano. Además de recorrer 26 países y obtener el premio Mel Wise, el llamado Oscar de las artes marciales.
Desde los 12 años practica artes marciales.
A pesar de no gozar del mismo reconocimiento que disfruta en el exterior, Monasterios se siente profeta en su tierra. “Hay gente que me quiere”, asegura, mientras posa para las cámaras. No obstante, más allá de las fronteras es considerado el “Dalai Lama de las artes marciales”, aunque afirma no entender el porqué de esta distinción.
Su nombre lo mantiene montado en un avión con gran frecuencia. Los viajes son constantes, constituyen un escape al dolor y le permiten seguir conectado a lo que ha sido su vida. Desde diversos puntos es solicitado para dictar charlas, dar exhibiciones. Una hora de su tiempo se paga a mil dólares y una fotografía con él en 20 dólares. Toda una celebridad. Mientras que en Caracas dicta clases a un dólar mensual a quienes desean seguir sus pasos.
Su nombre es conocido entre quienes practican artes marciales. Integrar un Hall de la Fama en los Estados Unidos no es cuestión vana. Solo hay tres venezolanos en disfrutar de esta distinción, Luis Aparicio “El Grande”, en béisbol, y Amleto Monacelli, en bowling, quienes acompañaron a SantiKo al momento de su exaltación, detalle que hizo aún más especial la jornada de 1999.
El Dojo es pequeño. No alberga a un gran número de pupilos, pero así lo prefiere el sensei, quien llegó a tener una academia con más de mil estudiantes, de los cuales solo aprendían 200, según afirma. Por tal motivo, prefirió este espacio, donde está desde hace 45 años, y así ofrecer mayor dedicación. “Nunca me ha gustado estafar a la gente”, exclama, quien tiene 56 años dando clases.
Los tres Hall de la Fama venezolanos: Monacelli, Aparicio y Monasterios.
La entrega de décadas ha generado una fuerte empatía que se evidencia en distintos detalles, unos más trascendentales que otros. En la planta baja del edificio se observa estacionado un automóvil Charger, 1970, regalo de sus propios estudiantes. En la actualidad lo cubre una capa de polvo, pero Monasterios se niega a deshacerse de él, aunque le han llegado a ofrecer hasta 60 mil dólares por su compra.
Fueron sus estudiantes los que lograron que las puertas del gimnasio no cerraran de forma definitiva después del 23 de febrero del 2010. “Maestro no se nos muera tan rápido, siga jodiendo”, le pidieron. Hoy, las clases continúan de 7:00 a 9:00 pm, de manos de Alejandro Arias, 8vo dan, y del propio SantiKo, si la apretada agenda se lo permite.
El encuentro termina delante de un café, después de cruzar múltiples saludos de personas que pasan ante sí, en una panadería cercana. Se nota su popularidad en el sector. Dentro de pocos días el Maestro volverá a montarse en un avión para poner distancia entre sus pesadillas. Todavía no conoce el destino. Apenas pasó una semana en su terruño, procedente de los Estados Unidos, cuando volverá a irse, para siempre volver a pesar del dolor.
Mientras SantiKo se retira la periodista solo piensa en la petición previa a la aceptación de la entrevista, “que no me duela”, esperando que haya sido así, aunque la tragedia marcó la vida de este guerrero criollo, quien cada mañana busca motivos para seguir, la justicia es uno de ellos. “El valor no es la ausencia del temor, sino la conquista del mismo”, se lee en la puerta del gimnasio.