Un equipo internacional de arqueólogos analiza un enterramiento masivo en el suroeste de Eslovaquia, donde aparecieron 77 cuerpos en una fosa defensiva de un asentamiento neolítico: 76 de ellos estaban sin cabeza y solo un niño conservaba el cráneo.
Un hallazgo en un gran asentamiento neolítico
El descubrimiento se produjo en las cercanías de Vráble-Veľké Lehemby, en una zona agrícola tranquila del suroeste eslovaco. Allí se localiza un extenso asentamiento de la cultura de la Cerámica de Bandas Lineales, también conocida como Linearbandkeramik o LBK, una de las primeras sociedades campesinas de Europa Central.
Ese poblado estuvo habitado entre el 5250 y el 4950 a.C. y llegó a contar con más de 300 casas distribuidas en tres barrios. Uno de esos sectores estaba rodeado por un sistema de fosos que cumplía funciones simbólicas o defensivas. Precisamente en uno de esos fosos apareció el conjunto óseo que ha desconcertado a los investigadores.
Restos depositados en apenas 25 metros de zanja
Los esqueletos fueron hallados concentrados en un tramo de apenas 25 metros de la zanja. La escena, por la cantidad de cuerpos y por su estado, llamó de inmediato la atención de los arqueólogos, que en un primer momento contemplaron la posibilidad de una masacre o de un episodio de violencia ligado a un conflicto con grupos rivales.
Sin embargo, los análisis forenses realizados sobre los huesos han descartado esa hipótesis. De acuerdo con las observaciones del equipo liderado por la antropóloga biológica Katharina Fuchs, los restos no muestran las marcas típicas de una decapitación violenta en medio de una batalla.

No hubo cortes caóticos ni señales de combate
Si las muertes hubieran ocurrido durante un enfrentamiento, los huesos deberían presentar fracturas toscas, marcas irregulares y cortes desordenados en las vértebras cervicales. En cambio, el examen microscópico reveló incisiones limpias, precisas y milimétricas, realizadas con herramientas de piedra muy afiladas.
Fuchs señaló que los hallazgos muestran con claridad una manipulación intencional de los cuerpos. Los primeros análisis apuntan a que no se trató de una decapitación violenta, sino de la extracción cuidadosa de los cráneos.
La investigación, publicada en Proceedings of the Prehistoric Society, sostiene que la intervención fue meticulosa y experta, y que se produjo cuando las víctimas ya habían muerto. Además, a los cráneos les retiraron también la mandíbula inferior de forma deliberada.
Los cuerpos fueron colocados de manera irregular, pero no arrojados sin orden
Los esqueletos aparecieron en posiciones diversas: algunos boca arriba, otros boca abajo, algunos retorcidos y otros parcialmente superpuestos. Pese a esa aparente dispersión, los arqueólogos observan indicios de que no fueron abandonados al azar. Varios cuerpos habrían sido acomodados con cuidado y algunos incluso quedaron apoyados contra las paredes del foso.
El conjunto no se asemeja, por tanto, a una fosa común producto de una violencia descontrolada, sino a una acción planificada con un propósito todavía no determinado con certeza.
Qué pudo significar el enterramiento

Una de las hipótesis que manejan los investigadores es que, hacia el final de este periodo, la presión demográfica, la escasez de recursos o los cambios climáticos generaron tensiones dentro de la comunidad. Bajo esa lectura, depositar cuerpos decapitados en los límites del asentamiento pudo funcionar como una demostración de poder, una advertencia para los barrios vecinos o un ritual de protección vinculado a la defensa de la frontera.
El problema es que las cabezas no han aparecido. Los arqueólogos han excavado el asentamiento y no encontraron rastro de ellas en el área estudiada. Por eso se plantea que pudieron haber sido trasladadas al interior de las casas o utilizadas en ceremonias en otro lugar, ya que la cabeza tenía un fuerte valor simbólico para estas comunidades.
Una simbología asociada al cráneo
En otros yacimientos europeos se han encontrado cráneos decorados y exhibidos, un patrón que refuerza la idea de un antiguo culto al cráneo. Para varios grupos de la época, la cabeza humana representaba identidad, personalidad y, posiblemente, también una forma de vínculo con la vida después de la muerte.
Conservar el cráneo de los difuntos pudo haber sido una manera de mantener un lazo con ellos. En ese contexto, la ausencia total de cabezas en Vráble añade otra capa de misterio al hallazgo y abre nuevas preguntas sobre las prácticas rituales o sociales de aquella población.
La investigación sigue abierta
El asentamiento comenzó a excavarse en 2012, pero el descubrimiento de la fosa con restos humanos se produjo en 2022, durante trabajos de la Universidad de Kiel y la Academia Eslovaca de Ciencias. Las labores de excavación continuaron hasta 2024, mientras el equipo seguía buscando respuestas sobre el origen y el sentido de este enterramiento.
Ahora se esperan análisis de ADN y de isótopos que permitan determinar si las personas decapitadas formaban parte de la comunidad o si procedían de fuera. Por el momento, el yacimiento aporta una pieza clave para comprender cómo se concebía el cuerpo humano y la muerte en las primeras sociedades agrícolas de Europa.
