La cápsula de Nespresso cambió el mercado del café doméstico, pero su inventor, Eric Favre, no se hizo rico con ella. El ingeniero desarrolló la idea en Nestlé, la patentó en 1976 y dejó la empresa en 1990 sin royalties.
Claves
- —Favre concibió el sistema tras observar la preparación del espresso en Roma en 1975.
- —En diciembre de 1976 registró una patente relacionada con su cápsula.
- —Cuando salió de la empresa, dijo que se fue con solo tres meses de salario.
La idea nació en un viaje a Roma
Favre, ingeniero en aerodinámica por la Escuela Politécnica Federal de Lausana, entró en el área de empaque de Nestlé después de estudiar. En 1975 viajó a Roma con su esposa Anna-Maria y se fijó en la forma en que los baristas preparaban el espresso, sobre todo en el paso intermitente del agua caliente por el café molido.
De regreso en Suiza, buscó replicar ese principio en una máquina doméstica. Según House of Switzerland, resumía su intuición con una fórmula: espuma = aire + agua + aceite de café.

El desafío técnico estaba en crear un espacio cerrado que conservara el aire hasta el momento en que llegara el agua a presión. De esa búsqueda surgió un prototipo que fue reduciéndose hasta convertirse en la cápsula estanca que hoy se conoce.
La patente quedó en manos de Nestlé
Favre siguió adelante con apoyo del fabricante suizo Turmix. En diciembre de 1976 registró una patente vinculada a su invento, descrito como un “cartucho perfeccionado para confeccionar una bebida”. Sin embargo, la comercialización tardó años: Nestlé no dio luz verde hasta 1985 y las primeras cápsulas Nespresso salieron en 1986.
El propio Favre explicó a la revista Infoméduse en 2017 que sus relaciones con la alta dirección de Nestlé se complicaron durante años. Dijo también que la empresa creía que el producto que terminaría imponiéndose sería el café soluble.
El negocio terminó creciendo a gran escala. A finales de 1989, según las cifras del ingeniero, Nespresso había vendido 29 millones de cápsulas en todo el mundo. En el primer semestre de 2025, Nespresso generó 6.481 millones de francos suizos.
Pese a ese éxito, Favre afirmó que abandonó la compañía el 21 de marzo de 1990 con apenas tres meses de salario y sin royalties por la patente. La idea que ayudó a crear un negocio multimillonario terminó, para él, sin fortuna personal.




