Ellas poseían de curvas prominentes desde los labios hasta los tobillos, así eran las chicas de los calendarios de los años 50 que posaron para el pintor Gil Elvgren (1914-1980), uno de los artistas que pintó a estas mujeres de carne y hueso. Actrices como Donna Reed y Kim Novak, además de su propia mujer, Janet, hicieron de modelos para él.
Conocidas también como las chicas pin-up, tenían los labios rojos y la cintura estrecha. Sus piernas infinitas y desnudas terminaban en un par de zapatos de tacón, incluso cuando acaban de salir de la ducha. Eran todas con curvas perfectas desde los rizos al pecho, de los muslos al tobillo. Cuando nadie se atrevía a hablar de sexo, allá por los lejanos y felices años 20, ellas se fueron quitando la ropa y posaron para la posteridad. Gil Elvgren (1914-1980) fue uno de los artistas que pintó a estas mujeres de carne y hueso.
En los años 50, Elvgren, que ya empezaba a hacerse famoso por sus encargos publicitarios, se mudó con su familia a una casa más grande y decidió montar un estudio en el ático, que tenía unos grandes ventanales por los que entraba la luz, el pincel más poderoso. Aunque al principio trabajaba en solitario, al poco tiempo contrató a un asistente que le ayudaba a fotografiar a las modelos y que preparaba el decorado -modesto, sencillo- que luego el pintor transformaba.
Cuando le preguntaban qué modelos eran las que más le interesaban, Elvgren respondía: «La verdadera joya es la chica capaz de transmitir emociones muy distintas». Las prefería muy jóvenes, entre los 15 y los 20 años, y que estuvieran despegando en sus carreras. Sólo entonces, decía , conservaban la espontaneidad que, con el paso del tiempo, va escondiéndose.