David McBride siempre supo que era adoptado, pero a los 15 años descubrió que su origen estaba casi borrado del registro: su certificado de nacimiento apenas tenía datos. Lo poco que logró saber es que, de bebé, lo encontraron en el asiento delantero de un carro sin llave en Belfast, Irlanda del Norte.
Una búsqueda que terminó revelando otra historia
McBride y su padre adoptivo empezaron a revisar recortes de prensa en una biblioteca pública. Los artículos de la época mostraban que, cuando apareció, su caso llamó la atención porque el abandono infantil era muy poco común en Irlanda del Norte. También le confirmaron que había recibido buenos cuidados.
Durante años buscó más respuestas, incluso tras participar en un programa de la BBC sobre niños abandonados. El giro llegó cuando se hizo una prueba de ADN: tenía una hermana biológica.

Era Helen Ward, que también había sido abandonada de bebé. Ella contó que la encontraron dentro de una bolsa verde, en una cabina telefónica, y que lo primero que pensó fue que ambos eran “los mellizos de la bolsa”. No lo eran: habían nacido con siete años de diferencia y fueron hallados en lados opuestos de la frontera irlandesa.
Ward también había rastreado su pasado por su cuenta. Localizó al policía que llevó su caso en 1969 y al camionero que la encontró. Luego, otra prueba de ADN confirmó el vínculo con McBride.
Más tarde supieron que su madre había muerto a los 90 años, poco antes del reencuentro, y que su padre había fallecido años antes. McBride reconstruyó que ella era del campo, que él vivía en Dublín y que había sido director de orquesta. Según ese relato, ambos mantuvieron una relación marcada por tabúes religiosos y sociales en una Irlanda dividida entre católicos y protestantes.
Ward recordó después otra historia: un tercer bebé hallado en 1965 dentro de una bolsa y con un biberón caliente. Esa pista permitió ubicar a un tercer hermano, John, en Australia. Cuando los tres se vieron por primera vez, dijeron que fue un momento surrealista y mágico.
Tanto McBride como Ward dijeron que no juzgan a su madre. Para ellos, siguen abiertas preguntas que quizá nunca tendrán respuesta.





