Una década después de que la Nasa envió un cohete a estrellarse en el polo sur de la luna para levantar una columna de sedimentos que reveló enormes reservas de hielo bajo la árida superficie lunar, la agencia espacial estadounidense quiere retomar su poco recordado proyecto.
El miércoles se cumplen 10 años de la llamada misión LCROSS, una compleja danza orbital de dos astronaves “suicidas” y un satélite de cartografía. Fue un hito por el descubrimiento de un recurso natural lunar que podría ser clave para los planes de la NASA de reanudar la exploración humana de la luna y eventualmente visitar Marte y otros destinos más lejanos.
“La misión LCROSS cambió el juego”, dijo el jefe de la Nasa Jim Bridenstine a Reuters, agregando que una vez que se halló agua, Estados Unidos “como país debió cambiar de inmediato su dirección hacia la Luna para resolver cómo utilizarla”.
La agencia ahora tiene la opción de continuar con la precursora misión, luego de que el vicepresidente Mike Pence ordenó en marzo a la Nasa llevar humanos a la superficie lunar para 2024, acelerando la meta de colonizar el satélite como base de preparación para eventuales misiones a Marte.
