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Nuevo mega apagón suma más de 20 horas continuas

La pesadilla eléctrica se repite. No bastaron las más de 100 horas de apagón iniciadas hace exactamente 20 días, y que finalizaron el 11 de marzo. Un nuevo mega apagón volvió a dejar a oscuras al país, cuando el reloj marcaba las 9:50 pm del lunes 25 de marzo y hasta las 5:00 pm. de ayer, el servicio no había sido restablecido.

Son más de 20 horas sin electricidad y Elisa Matos, de Pomona, recuerda los cinco días oscuros por los que ya pasó. Pensó que solo sería algo de unas 4 horas, pues creyó que aquellos momentos “terribles” no podían repetirse; pero no fue así.

Llegó la madrugada del martes y con ella el calor que agobia a todos en Maracaibo, pues ni una brisa pasaba, al menos, para brindar un poco de arropo.

Elisa tiene un bebé de 2 meses y el  llanto del pequeño estremecía todo su hogar. No era leche lo que pedía, tampoco comida. La piel del lactante comenzaba a ponerse roja porque estaba sofocado. Su pequeños brazos y piernas se irritaban, pese a que su mamá con un abanico de cartón lo soplaba durante toda la noche.

El sol salió y al norte de la ciudad, en San Jacinto, vive el sexagenario  Rubén González, quien abrió sus ojos en la mañana de ayer y se dio cuenta de que la realidad le dio los “buenos días”; no fue un mal sueño: todavía no había servicio eléctrico. “Al menos la luz del sol nunca abandona”, dijo González luego de emitir un profundo suspiro.

Las neveras comenzaron a descongelarse como parte de un déja vu. La incertidumbre creció, seguida por el temor que implica “esperar a que todo se vuelva a dañar como en el otro apagón donde hasta la poca carnita e hígado que tenía, se me perdió”, narró Luna Núñez, del barrio sureño María Concepción Palacios.

No obstante, no a todos en este nuevo ‘blackout’ los agarró con algo de proteína en sus neveras. A varios los tomó por sorpresa “sin nada”, como es el caso de Jean Torres, quien esta vez aseguró que no tuvo “nada que perder” en su refrigerador “porque esta vez esta penuria sí que nos agarró peor porque en el otro apagón en mi casa nos tuvimos que comer todo, pero ahora quedamos peor”.

No perdonó el sol y en el mediodía de ayer calentó como solo él lo sabe hacer en la tierra del sol amada. Todavía la electricidad no regresaba, lo que implicó la imposibilidad de encender  ni siquiera un pequeño ventilador, que aunque no enfría, refresca.

Los ‘afortunados’ pudieron encender sus plantas eléctricas en casa, pero muchos no esperaron este nuevo apagón, entonces fueron sorprendidos sin el suficiente diesel que enciende estos artefactos, pues lo habían gastado todo en el apagón que superó las 100 horas, hace un poco más de dos semanas.

La expectativa se sentía tanto en las barriadas como en los urbanismos. La imposibilidad de poder comprar —incluso luego de la  ola de saqueos que dejó menos comercios con inventario suficiente— volvió a aglomerar a los vecinos de los sectores en contados comercios que poseían planta eléctrica.

“Señora, yo llegué primero que usted, pero fui a darle una vuelta a mi mamá que está en cama y tengo que estarla ventilando”, se escuchó en una de esas colas, mientras los puntos de venta tardaban una ‘eternidad’ en pasar. Los empleados se montaban hasta en los techos para alcanzar un poco de señal, mientras las filas crecían debajo del inclemente calor para adquirir solo el alimento necesario del día.

La cola avanzaba muy lento. Las voces comenzaban a volverse quejas y más quejas  en medio de la crisis eléctrica. “Esto se veía venir, hace falta mantenimiento. No es justo que tengamos que pasar por esto otra vez. Nos estamos desgastando y las horas de sueño ya no son nuestras. Qué dolor”, soltó Rubia Lugo, de la urbanización San Francisco.

 La tarde abría su paso. El calor finalmente daba tregua, pero todavía la electricidad no daba señales de vida y la preocupación por casi no tener la luz del sol tentaba a la mente, pues el temor de los saqueos y robos seguía estando presente, aseguraron tanto hombres como mujeres.

“Yo no quisiera que volvieran a saquear porque ya con el vandalismo que hubo quedamos sin comida, sin medicinas y sin nada abierto para comprar”, opinó Fátima Gutiérrez, de La Picola, en la avenida Guajira, donde saquearon una panadería.

En algunos establecimientos ya se veían personas armadas como medida de protección ante alguna amenaza de saqueos.

Mientras todo esto ocurría y la noche entraba, Elisa solo pensaba en que su bebé  iba a repetir la mala noche del lunes, cuando volvió a acontecer esta “pesadilla eléctrica”. Incluso con su brazo cansado por soplar tanto a su pequeño durante el día, ella se preparaba para otra oscura noche y más horas “ya vividas”.

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