Varias ciudades de Venezuela comenzaron este jueves 28 de marzo a recuperar paulatinamente el suministro eléctrico, luego del segundo apagón masivo que ha sufrido el país en menos de un mes. El primero, un gran apagón que dejo en tinieblas a más de 21 ciudades de la nación por 100 horas, sigue latente y en lugar de acabar, parece sumar días.
A la crisis energética que azota al país, se suma una lista interminable de carencias, entre las que figura la escasez de agua potable. La falta de suministro del líquido vital acrecienta la crisis en Maracaibo, a pesar de las medidas oficiales que se han desarrollado en pro de garantizar el servicio.
“La distribución de agua en la ciudad está siendo atendida en conjunto con Hidrolago para que llegue el suministro del vital líquido por bombeo a las parroquias Francisco Eugenio Bustamante, Luis Hurtado Higuera, Manuel Dagnino, Cristo de Aranza y Cacique Mara, además de la zona centro norte de la ciudad y noreste”, informó la alcaldía del municipio Maracaibo, el miércoles 27 de marzo, en una nota de prensa, a más de 30 horas sin sistema eléctrico.
Previamente, el pasado miércoles 20 de marzo, el presidente de Hidrolago, Roger Hernández, había declarado que se encendería la cuarta unidad en Tulé para bombear 8.000 litros de agua por segundo hacia Maracaibo, acto que no resultó en mejoras concretas hacia el problema.
En medio de la zozobra, las declaraciones oficiales del gobierno aseguran que la escasez de agua se debe a una prolongada sequía y “saboteos” en el suministro. Para la oposición y algunos expertos, el problema radica en la falta de mantenimiento acumulada por años en las instalaciones eléctricas y en las del suministro.
“He decidido iniciar un plan especial llamado el tanque azul para dotar a todos los hogares del país con un tanque grande, cómodo de reserva de agua permanente, Todo el mundo debe tener su tanque azul. Pueblo prevenido vale por dos, mejor preparado porque estamos frente a unos bárbaros”, manifestó el pasado martes 12 de marzo, el presidente Nicolás Maduro, en cadena nacional de radio y televisión, como plan para hacerle frente a futuros ataques contra los servicios públicos.
El mandatario informó en esa ocasión que se dispondrían de 50 mil tanques para ser vendidos a través del Carnet de la Patria con el objeto de abastecer a cada una de las familias venezolanas.
A nivel ciudad, el caos se sobrelleva a pulso. Entre vecinos el agua se comparte, se guarda, se raciona y se caza. Mientras en algunos sectores de Maracaibo el agua ha llegado por gravedad en medio del “blackout” nacional, otros distribuyen su provisión como pueden, para garantizarse algunos litros por día, que sirvan para cocinar, beber y asearse.
“Vivimos en un piso 8 y al principio teníamos racionamiento como todo el mundo. Luego, con el primer apagón general, solo llegaba por gravedad a un pozo subterráneo que tiene el edificio. Eso equivalía a que igual no tuviéramos agua, porque no se podía bombear hacia el tanque superior. Al final teníamos que cargar baldes por las escaleras. Resultaba peligroso porque había que subir y bajar tantas veces al día que el agua se derramaba, las escaleras siempre estaban mojadas y ocurrían accidentes”, aseguró una inquilina de un edificio ubicado en el sector Tierra Negra.
En el caso quienes viven en edificio, abastecerse de agua implica complicaciones que deben ser resueltas en comunidad. “Llegó un momento en el que decidimos alquilar una planta eléctrica para bombear agua al tanque superior del edificio. Nos cobraron 300 dólares por 3 horas de bombeo. Fue un gasto que no todos los inquilinos pudieron asumir, pero se pagó entre los que podían porque era necesario. Estábamos agotados”, enfatizó la ciudadana de Tierra Negra, un sector donde algunas viviendas no reciben suministro de agua potable desde el 1 de enero de este 2019.
“En mi casa llegó el agua el martes en la madrugada por gravedad, vivo en un edificio y solo se pudo llenar el tanque de abajo porque el que está en la azotea fue imposible sin la electricidad para bombear el agua. Los vecinos tuvimos que sacar agua con baldes y carretearla por dos y tres pisos”, expresó Coromoto Fernández, habitante de El Pinar, en el sector Pomona.
Además, gasté más en agua para beber porque los camiones de los botellones no aparecieron y tuve que comprar botellas de 5 litros en una panadería, cada una me salió en 9 mil bolívares y compré cuatro, imagínate el gasto», destacó Fernández.
En partes del sector La Limpia, como la Urb. Gilcon, el agua no llega por ninguna razón. Con electricidad o sin ella, el suministro de agua es parte de una utopía, que a veces se materializa con la ayuda de un camión tipo cisterna, mismos que, por la gran demanda que tienen, pueden darse el lujo de hacerse esperar varios días antes de llegar a surtir, aún cobrando en efectivo o moneda extranjera.
En esos casos los vecinos dependen de la generosidad de sus parientes o amigos que viven en otros sectores y pueden donarles un poco de sus reservas de agua potable. En botellones, pipas, embaces plásticos, el agua es recogida y transportada como se pueda.
Buscada a pie, cargada al hombro, en camionetas, carros, subida en coches de bebé como carretillas improvisadas, el agua es buscada y raciona como parte de la gestión familiar de casi todos los hogares marabinos.
Algunas calles de la ciudad son cerradas en protesta por la escasez. Ancianos se sientan en baldes vacíos colocados de cabeza, exigiendo el restablecimiento del suministro.
En otras áreas de la ciudad, la llegada del agua bendice a los ciudadanos con una inesperada abundancia. “En medio del segundo apagón general, entre martes y miércoles, nos llegó el agua con tal fuerza que llenó el tanque superior del edificio. Nos sorprendió porque eso nunca sucede. Normalmente no tenemos agua, como el resto de la ciudad. Este fue un caso totalmente atípico”, afirmó una habitante del sector 18 de Octubre, en Maracaibo.
“A nosotros nos llegó el agua por gravedad el miércoles (27 de marzo). Luego de dos semanas de total sequía, escuchamos caer agua en el tanque. Fue un momento de alegría entre tanta miseria”, dijo un vecino del sector La Floresta.
Si bien el suministro de agua ha sido gestionado por los gobiernos regionales, la resolución en caso de contingencia no beneficia a gran parte de la población, sumando una preocupación más al compendio de necesidades que actualmente acarrea la ciudadanía. El deterioro del sistema eléctrico nacional, aún más vulnerable con cada nueva falla, sigue sumando episodios. El agua mientas tanto, sigue sin llegar en muchos hogares.