Ciudad

«La pereza mental cunde por todas partes»: Kurt Nagel

 “Tú no escoges ni a tu padre, ni a tu madre, ni tu nombre, ni el lugar de  nacimiento. Mi padre era alemán y mi madre, a pesar de que  tenía un padre alemán, era miembro de una familia muy maracucha, con más de 400 años  en la ciudad.

Nací por accidente en Colonia (Alemania, de donde viene el Agua de Colonia),  cuando papá llevó a mamá a conocer su familia. Pesé casi cinco kilos, y medí 58 centímetros. Fue cesárea. Soy grande por mi rama Lossada, no por ser alemán.

 Siempre me eduqué en un ambiente venezolano.  Mis antepasados venezolanos y colombianos pelearon en la Independencia y han sido figuras conectadas con el acontecer patrio. En la búsqueda de esas raíces, me hice proclive a analizar la historia, para que nadie pudiera echarme en cara mis orígenes extranjeros, o mi extraño nombre.

Sufrí ‘bullying’ cuando niño. Todo, por la Segunda Guerra Mundial. Como mi padre era alemán, la gente nos despreciaba. Yo no entendía aquello. Solo veía el  sufrimiento de mamá, quien resentía aquel desprecio, incluso de sus amigos. Con la preparación intelectual tuve una  explicación de todo aquello. Y solo así saqué la  preocupación incomprensible de mi mente.

Comencé a investigar la historia del Zulia desde 1953 cuando regresé de finalizar mi bachillerato norteamericano y el venezolano. El 15 de octubre de 1940 los comunistas incendiaron el almacén de mi abuelo, que databa de antes de 1883. Casi mueren mis tíos y mis primas.

Kurt Nagel von Jess ha recibido muchas condecoraciones por su trayectoria.  

 

Además de causar la ruina  familiar, se perdieron archivos valiosos y documentos probatorios antiquísimos. Al inscribirme en la universidad tuve que renovar la cédula. No había nada sobre mi  en la Onidex. En 1944 me  cedularon porque mi familia materna era sumamente conocida. Y  aceptaron la simple declaratoria de papá y mamá.

Pero tuve que empezar a investigar para demostrar quién era. De esa manera, revisando  archivos civiles y eclesiásticos durante más de cinco años, no solo logré las pruebas fehacientes, sino que comencé a darme cuenta de que mi familia estaba ligada  a todos los grandes personajes de la ciudad.

 Eso me hizo   ser  historiador y genealogista. Y eso me llevó a interesarme por mis raíces maracuchas que se hicieron cada vez más interesantes y profundas.

 Sí, fui la primera persona que secuestraron en el estado Zulia.

Los primeros seis meses fueron terribles. Con calma, voluntad e intelecto, poco a poco, desaparecen los temores y alejas esa horrible experiencia. Pero cualquier cosa que te lo recuerde te revuelve el espíritu.  Hace poco, casi me asaltaban en mi casa. ¡Nadie sabe lo que se sufre!

La experiencia vivida te hace desconfiar de muchísimas personas. Eso me molesta mucho porque soy confiado y no anido ni la intriga ni la maldad sin motivo superior alguno. Me molesta enormemente la gente con doble cara. Soy directo y digo lo que siento.

Sobre si sigo molesto con Lolita Aniyar porque ella defendió a las personas que me secuestraron,  esa  es una historia que quiero olvidar. Yo no estoy bravo con ella. Simplemente muy sentido y lastimado. Ya que me lo pregunta, le responderé someramente.

Después de haber sido compañeros de clase y amigos de toda una vida, (su madre y la mía fueron compañeras en la Asociación Venezolana  de Mujeres) y yo iba a estudiar a su casa en la Urbanización Sucre,  me sintió en el alma su actitud. Decidí ignorarla, y no  dirigirle más la palabra. Sin embargo, mis principios cristianos me hicieron perdonar ese comportamiento suyo.

De hecho, como uno de los integrantes de la Comisión Organizadora, designado por el Colegio de Abogados, para configurar la Academia de Ciencias Jurídicas, fui yo quien la propuse como miembro. Porque considero que es una mujer capaz, inteligente y preparada, y además de gran criminólogo,  la primera mujer gobernadora del estado Zulia.

Habiendo sido escogida,  en la primera reunión que tuvimos, me acerque y la saludé. Los detalles puedo contárselos por separado.

He ocupado posiciones sumamente interesantes y he quedado sorprendido que me hayan convocado para cargos, discursos, condecoraciones u honores  que nunca he esperado, y por todo lo cual jamás he luchado, ni buscado.

Los mayores retos que he tenido fueron ser ministro Consejero de la Misión Permanente de Venezuela ante la OEA, en Washington, ejercer el cargo de Viceministro de Justicia y asistir como delegado de Venezuela ante la Comisión Mundial de la Lucha Antidrogas en Bruselas.

El historiador comenzó investigando sus orígenes y terminó conociendo la historia zuliana.  

 

 

Como historiador uno no puede complacer al mundo. Hay que contar las cosas como son aunque no  agrade. Pero la verdad hay que contarla.

Yo usaba bolígrafo para recoger apuntes de historia. Después, usaba las antiguas máquinas de escribir. Y a través de mi tercer hijo, Juan, un día me di cuenta de  lo práctico que me resultaba la computadora. Así que, comencé a aprender a usarla. Él me dio las primeras clases y  transcribí mis apuntes de clase que luego logré convertir en tres libros de estudio para mis alumnos. Todo lo demás que he publicado lo tengo archivado en la computadora. ¡Espero que nunca se borre!

Muchos me llaman pretencioso. Lo que soy es  claro,  directo. No acepto la intriga,  la  hipocresía. Las  cosas que me irritan  no las puedo disimular. Para mi la puntualidad es la cortesía de los reyes. Por eso me consideran cascarrabias.

Soy bastante tímido, trato de ser prudente y mantener cierta distancia con la mayoría de la gente. Quizás sea por las malas experiencias que he tenido. No soy amiguero; más bien selectivo. Pero, no por  eso dejo de ser amable con la gente. Por lo general no me gustan las multitudes. Viajar era mi pasión.

Me gusta la conversación interesante, bien llevada, igual que la lecura de buenos libros. Me molesta  la habladera de paja, de tonterías, las conversaciones sin sentido,  la mala educación, el comportamiento vulgar, el lenguaje ordinario, aun cuando en pequeños grupos disfruto muchísimo de los chistes que tengan cierta viveza o subidos de color.

Pero evito que eso trascienda en lugares donde haya damas. Cada cosa tiene su cómo, cuándo y dónde,  y para eso hay que tener educación. 

¿Que si digo palabras soeces? Bueno, con muy pocas personas, por tenerles mucha confianza, me permito palabras soeces. También, cuando por alguna causa superior me irrite y de pronto, sin darme cuenta, lance un improperio producto de mi desagrado.

Soy buen bailarín, glotón y adoro las guayaberas.  Soy profesor. Después de jubilado  continué dando clases por años. Más tarde tuvieron que llamarme por cinco años más y rogarme para ayudar en  cátedras acéfalas. Actualmente sigo dictando clases en URU. Pero he pensado en la necesidad de dejarlo porque, cada día, me asombra  la falta de preparación, el desorden y la falta de cultura de nuestro estudiantado, lo que me tiene bastante desilusionado.

Tengo 55 años dando clases, y cada día salen peor preparados. No saben pensar. La pereza mental cunde por todas partes. Y hay algo que admiro:  La inteligencia, la viveza, el intelecto, la chispa intelectual, su discernimiento, su capacidad de análisis, su manera de expresarse y de comprender. Noto, intelectualmente, que hay  alienados a la tecnología. Lo veo cada vez más entre mis alumnos.

¿Cuál es el mayor regalo que le dejo a mi Zulia querido? A mi Zulia le dejo las crónicas, los cuentos, las historias contadas en base a documentos para que sean  veraces y no caer en fantasías.

Es una colección que le pertenece a la ciudad y al país.  Ese material debe ser para uso y disfrute de la colectividad. Tristemente, muchos trabajos solo podrán ser publicados después de mi muerte, porque no quiero  irme al exilio o aparecer flotando en el Lago con unas moscas volándome por encima”.

Síguenos

Comentarios

Inicia sesión para unirte a la conversación.

Cargando comentarios…

Más en Ciudad