La avenida Los Haticos, ubicada en la parroquia Cristo de Aranza, a pesar de ser la carretera más reparada de la ciudad, por décadas, sigue ‘enferma’ y ‘abandonada’. Vialidad dañada, colectores colapsados, acumulación de basura, huecos, destrozos de cestas de desperdicios y hasta desvalijamiento de paradas del transporte público, son los problemas que tradicionalmente la han afectado.
En agosto de 2012 la avenida fue recuperada y pasó a llamarse corredor Roberto Luckert. Nueve meses después empezó a deteriorarse de nuevo.
La lluvia, la falta de mantenimiento y hasta la poca consciencia para mantener un espacio recuperado llevaron al declive al museo a cielo abierto y a las gigantografías de la ciudad de antaño que decoraban la avenida.
Hoy, el olor a excremento advierte la cercanía de una boca de visita desbordada, que por la fuerza de su derrame simula a una fuente de agua.
“Esto lo reparan y a la semana ya está destrozado, ningún trabajo dura”, dijo Carlos Nava, vecino de El Potente.
En términos técnicos, en Haticos existe un problema llamado nivel freático, que por décadas, ha prevalecido entre los factores que afectan al pavimento, por eso algunos tramos han sido revestidos en concreto.
Marieli Fleires, profesora de una escuela de la zona, se queja de la falta de paradas, de la inseguridad y la basura que mantienen las esquinas.
“Mis compañeras de trabajo han sido asaltadas esperando los buses. No tenemos paradas y las pocas que hay están destrozadas”, manifestó la docente.
Sobre la basura, Danilo Vergara, vecino, denuncia: “Toda la parroquia está entre basureros improvisados. Vivimos entre malos olores, moscas, gusanos y roedores”.
“La Alcaldía debería enviar al aseo para que se lleve estas montañas de basura o mandar a barrer. Ni los bomberos hacen nada por evitar esa enredadera de cables que hay cerca de la antigua tenería”, señaló Claudia Andrade, trabajadora de una panadería y quien recorre a diario la avenida. ‘’
Esta avenida conecta con el terminal de pasajeros y es vía alterna a la C-1. Además, enlaza al sur con centro y hasta conduce hacia el norte de la ciudad.
La Gobernación del Zulia informó en junio pasado que culminó los trabajos en el sector La Ranchería, con la sustitución de 343 metros lineales de colector de 24 pulgadas y la construcción del pavimento de concreto, la cual fue la última reparación que se le realizó a la avenida. Ese tramo se mantiene, pero ahora, el anterior, que va de la iglesia La Milagrosa a la antigua Upaca, en dirección al sur, un bote de agua frente a un galpón ha comenzado a afectar la vialidad.
“Hay taxistas que se niegan a venir, ni se reportan cuando llamamos a las líneas. Se quejan de los huecos y botes de aguas”, manifiesta Mayra Vargas, una secretaria de 33 años.
“Para esta avenida llegaron a prometer cámaras de vigilancia… ojalá la recuperen…”, dice Andrade, “si pasa el Aseo y atienden el problema de aguas negras, otra cosa sería, pero verla así enferma y espanta”.