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El corazón del pequeño Kike rebosa de alegría

El poder de la oración radica en la fe de quien la eleva, y la maleta con la que viajó el pequeño Carlos Henrique Arjona Álvarez (Kike), en busca de un nuevo corazón, en Houston, iba cargada de fe, no solo de su familia sino de muchos venezolanos que confiaron en el milagro de la vida.

Kike encontró sanación al problema de salud que le robaba la vida en el Texas Children’s Hospital, en Houston, y mañana  celebra un año de la operación en la que obtuvo, gracias a un donante, el “corazón enamorado” que tanto pidieron sus padres.

A este zuliano le fue diagnosticada una miocardiopatía dilatada a los tres meses de vida, afección en la que el corazón resulta debilitado y las cámaras se agrandan razón por la que no puede bombear suficiente sangre a su cuerpo.

Desde bien temprano en la mañana el pequeño, de dos años, se levanta enérgico a jugar con su hermano. “Las arepas y el queso son su delirio”, cuenta su madre, Frances Álvarez, vía telefónica a PANORAMA. 

“Ha evolucionado sin complicaciones mayores, como lo esperaban los especialistas. Ha presentado problemas como gripe, infección de los oídos, pero que en su condición hay que atenderlo”, explica.

“Aquí lo han asistido muy bien,  por gente muy preparada quienes además le han brindado su cariño”.

En medio de la algarabía de los dos niños, Álvarez agradeció las muestras de solidaridad de la gente desde el momento en que llegaron.

“La campaña que se hizo a través de las redes sociales funcionó y cuando llegamos a Houston, ya los venezolanos que viven acá conocían del caso. Hasta el sol de hoy han estado apoyándonos de distintas maneras. Hemos hecho muchos amigos con quienes daremos gracias este domingo por el milagro”. 

El cuerpo médico aún tiene al niño en observación, por ser un niño inmunosuprimido, necesita chequearlo cada cierto tiempo, aunque el riesgo del primer año ya lo superó. La próxima semana le toca el cateterismo.

“Hoy lo veo con mucha alegría, pero no pude evitar, mientras actualizaba la cuenta Un corazón para Kike, llorar y pensar cómo mi hijo tan pequeño pasó por todo eso. Recordé las veces que me ahogaba en llanto, los días que pasé sin comer ni dormir pensando en la salud de mi bebé, pero la fe en Dios me dio la fortaleza que necesitaba”.

“Agradezco a Dios y a toda la gente que estuvo con nosotros en esta lucha”.

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