Los comerciantes de Maturín seguirán usando sus máquinas fiscales actuales como medida de prevención y protocolo, pese a la reciente suspensión de su obligatoriedad por parte del Servicio Nacional Integrado de Administración Aduanera y Tributaria (Seniat).
Reclamo por la inversión hecha
El cambio de criterio generó desconcierto en el comercio local, donde varios establecimientos habían invertido sumas importantes para adquirir los sistemas homologados. Dariannis Páez, comerciante de la ciudad, señaló que el costo de cumplir con la exigencia fue elevado.
«Hablamos de más de $1.000 que se tienen que invertir en una máquina fiscal para estar al día con el Seniat, para que a los dos días digan que ya no es necesario. Siento que esto se tuvo que haber manejado con mucha más anticipación», dijo Páez, al explicar que seguirán usándolas para amortiguar el golpe financiero.
Los comerciantes que ya compraron estos equipos piden incentivos o beneficios fiscales para recuperar parte de la inversión. Aunque reconocen que la medida alivia los costos de los nuevos emprendedores, quienes cumplieron con la normativa reclaman compensaciones por haber adquirido los sistemas antes del cambio.





