La vida cotidiana en la Ciudad de México está marcada por un fondo sonoro intenso que se cuela en los oídos de sus habitantes, ya sea que lo deseen o no. Ese ambiente auditivo no es simplemente un ruido cualquiera; posee una identidad propia que distingue a la urbe de otras metrópolis.
Tráfico y uso del claxon
Los principales contribuyentes al sonido ambiente son los ríos de vehículos que circulan por sus avenidas, acompañados de la frecuente y a veces compulsiva utilización del claxon por parte de los conductores. Este comportamiento, descrito como una desconcertante compulsión, aumenta la percepción de caos en las vías principales y genera un nivel constante de presión sonora que acompaña a peatones y conductores durante todo el día.
Obras de infraestructura
Además del flujo vehicular, las obras de mantenimiento y construcción urbana añaden picos de ruido que se superponen al ruido de fondo. Las actividades de reparación de calles, instalación de servicios y desarrollo de nuevos proyectos contribuyen a elevar los decibelios en distintos puntos de la ciudad, especialmente en zonas donde se concentran múltiples frentes de trabajo simultáneos.
Posición en el ranking mundial
Según un informe publicado por Crónica, la Ciudad de México ocupa la octava posición entre las urbes con mayor contaminación acústica del planeta. Este ranking se basa en la combinación de tráfico denso, el hábito de tocar el claxon y la actividad constructiva que caracteriza a la zona metropolitana, factores que la sitúan dentro del grupo de las diez ciudades más ruidosas a nivel global.
