Camillas, lámparas cialíticas, incubadoras neonatales, camas pediátricas, sillones odontológicos, unidades de cuidados intensivos, balanzas, computadoras, mesas, sillas, escritorios, archivadores y un extenso etcétera se alza en las montañas de ‘chatarra’ que se multiplican en los centros de salud públicos del Zulia.
Opacadas por el polvo. Tostadas por el sol. Olvidadas. Así permanecen muchas de las herramientas que alguna vez fueron útiles y sirvieron para brindar salud a los pacientes, incluso para salvar vidas.
En el Hospital Universitario de Maracaibo (HUM), uno de los pasillos del primer piso –en dirección a la morgue– acumula, de principio a fin, decenas de estos equipos, buena parte notoriamente inservible, sin embargo, otra podría ser rescatable.
“Hay cosas viejas que ya no tienen reparo y también hay muchas que no deberían tirarlas porque presentan desperfectos que se pueden corregir. Existen camillas arrumadas simplemente por una rueda dañada. Eso no es posible”, dijo una doctora que prefirió mantenerse en el anonimato.
Áreas externas de este centro de salud sirven como depositario, al igual que algunas habitaciones de hospitalización que están inactivas. Esto sucede, por ejemplo, en el piso de traumatología y ortopedia.
Arropado por la maleza y bordeado de desechos hospitalarios está el ‘cementerio’ en el Hospital General del Sur. “Esto tiene aquí como cuatro años. A veces las repotencian o las reciclan, eso dicen. Pero la verdad es que nadie se acuerda de esto”, manifestó un trabajador de mantenimiento.
Para el presidente de la Sociedad Venezolana de Cirugía y también jefe de este servicio en el Hospital Noriega Trigo, Alfonso Socorro, dos factores influyen significativamente en la proliferación de estos ‘centros de acopio’: la falta de presupuesto y de personal calificado para mantenimiento.
“Estos trabajadores tienen un gran corazón y mucha disposición para hacer las cosas, pero carecen del conocimiento necesario. Las máquinas de anestesia, las lámparas cialíticas y las unidades de neonatología requieren a una persona especializada para la revisión y reparación. Ha pasado que algo se daña por un detalle mínimo y no hay otra opción más que esperar que el técnico venga de Caracas”, explicó.
A la vez, criticó que “no se hace un mantenimiento a los equipos y camillas”, cuando lo ideal es realizarlo semanalmente, como sucede en hospitales de países vecinos como Ecuador. “Mucho se daña por desconocimiento”.
En cuanto a la asignación de recursos por parte del Estado, Socorro refirió que es insuficiente, pues “no hay con qué comprar una lija o pintura antioxidante para las camillas (…) Entonces, en lugar de pintar o lijar, deciden descartarlas”.
“El 60% de lo arrumado, si tiene mantenimiento, es recuperable”, en esta institución que almacena estos objetos en un depósito cerrado y, además, al lado del área de mantenimiento.
El escenario se replica en los centros asistenciales más importantes de la región. Otra muestra está en el área de UCI del ‘Adolfo Pons’, adscrito al Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (Ivss). Más de una decena de equipos de aspiración y monitoreo se encuentra amontonada en una de las salas. Aunque la puerta permanece clausurada, este diario pudo evidenciar que se trata de maquinaria nueva y de alta tecnología.
Una enfermera reveló que “les faltan piezas y no hay señales de que las compren porque, al reportarlo, responden que no hay suficiente dinero”.
Por su parte, uno de los residentes denunció: “En hospitalización pediátrica hay camas sin barandas que no se pueden utilizar porque representan un peligro para los niños”.
Encima, en emergencia solo cuentan con tres camillas, “si vienen más enfermos, lamentablemente, son atendidos en el piso”. Esta realidad contrasta con la que se observa en las zonas exteriores del hospital, donde sí abundan.
Lo mismo sucede en Observación 1, que permanece cerrada desde hace unos meses producto de un cortocircuito. Allí, las camas están en óptimas condiciones, pero no disponen de ellas.
En el caso de los entes dependientes del Ivss, entre tres y cinco años pueden pasar para que Bienes Nacionales haga el control y acuda un camión a recoger lo que no funciona.
Peor aún, el fácil acceso a estos almacenes y la soledad que, en su mayoría, prevalece, dan pie a que “roben y lo vendan como chatarra”, denunció Alfonso Socorro.
En reiteradas oportunidades, este medio se intentó comunicar con las autoridades sanitarias de la entidad y los directores de los hospitales, pero resultó imposible.


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