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Recordamos a la generala Manuela Sáenz quien murió hace 160 años de difteria

El presidente de Ecuador, Rafael Correa, ascendió el 24 de mayo de 2007 a generala a la heroína quiteña Manuela Sáenz, conocida como “la libertadora del libertador” Simón Bolívar.

Sáenz, quien murió el 23 de noviembre de 1856 en la población peruana de Paita, fue ascendida mediante un decreto de Correa con ocasión de una ceremonia militar por los 185 años de la batalla de Pichincha, que marcó la independencia de Quito y el día de las Fuerzas Armadas.

Manuelita nació en Quito, Ecuador, el 19 de diciembre de 1797, hija adulterina del español Simón Sáenz de Vergara y la quiteña María Joaquina de Aispuru. “Es una hija del pecado”, sentenció el sacerdote, cuando la llevaron a bautizar, relata Edmundo Aray en su libro Manuela Sáenz, ésa soy yo.

La heroína había sido proclamada coronel por el libertador venezolano Antonio José de Sucre, quien lideró el Ejército que venció a las fuerzas realistas de España en Pichincha.

“Para muchos, no cabía ensalzar la figura de quien les parecía más concubina y adúltera que la expresión más pura de la revolución, el coraje, la independencia y el amor”, declaró Correa, en el acto castrense el destacar el papel de Sáenz en el proceso independentista. El mandatario Correa reiteró que “su Gobierno será bolivariano y alfarista”, en referencia al libertador y al general Eloy Alfaro, líder de la revolución liberal en Ecuador.

Los restos simbólicos de la heroína independentista fueron traídos a Venezuela en junio de 2010 por el estado Táchira, proveniente de Colombia, emulando la ruta de la Campaña Admirable que realizó Bolívar desde San José de Cúcuta el 14 de mayo de 1813, con el objetivo de liberar a Venezuela del poder español, luego de la pérdida de la Primera República. Desde el 5 de julio de 2010 reposan en el Panteón Nacional.

El Libertador, quien la llamaba “Mi amable loca”, llegó a confesarle: “Señora: si mis soldados tuvieran su puntería, ya habríamos ganado la guerra a España”. Ella no vacilaba en describir lo que sintió por él: “Yo fui amante del Libertador Simón Bolívar, no fui la única, ni puedo asegurar que fui la que él más quiso, pero ninguna otra lo amó a mi manera. Adoré al hombre y veneré al genio, quise al filósofo como al general, seguí sus pasos en el baile y en la guerra, admiré tanto al héroe como al estadista, oí atenta todas sus palabras; las de la batalla, las de la paz, las del amor”.

Bolívar murió en 1830 y ella, 26 años después, exiliada en Paita, Perú, durante una epidemia de difteria que azotó a la región, el 23 de noviembre de 1856. La sepultaron en una fosa común del cementerio local y todas sus posesiones fueron incineradas, incluidas cartas de amor de Bolívar y documentos de la Gran Colombia.

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