Hoy más de seis millones de venezolanos festejan este domingo en familia el título más hermoso de la vida: ser padre, por eso hoy le queremos rendir tributo a esos miles de héroes que dedican su vida y tiempo a formar ciudadanos ejemplares, en especial a los que, por designios de Dios, han tenido que caminar sin la compañía de sus parejas en el sendero de la paternidad.
Como el guerrero zuliano Edwin Nava, quien hace ocho años asumió solo las riendas de su hogar. Su única novia, esposa y mujer murió repentinamente tras padecer una cruel enfermedad. Arelis González de Nava y Edwin compartieron por 32 años un envidiable matrimonio.
“Enviudé a los 56 años, ella tenía 54. Fue repentino. Mi esposa padecía el síndrome de Arnold Chiaris (una malformación cerebral que afecta el cerebelo) y decidimos operarla para que no sufriera más. Todo salió bien, pero el día 10 después de la cirugía todo se complicó. Ella comenzó a sentirse mal, botó líquido encefaloraquideo , la llevamos al médico y regresamos a casa. Arelis le dijo a mi hijo mayor que se dormiría porque le dolía cabeza. Sueño profundo del que jamás despertó. Fue desgarrador. Entre la desesperación y el dolor corrimos al hospital. La recluyeron en la UCI porque cayó en coma. Mi cuñada fue la última que entró a verla y supe que todo mi mundo se acabó cuando leí los labios de mi cuñada: ‘Ya se fue. Murió’.
Arelis González de Nava, madre ejemplar y el amor eterno de Edwin
Abracé a mis hijos y lloramos. Me fui a casa a vivir mi desesperación. Me quedé solo en la vida con mis cuatro hijos que tenían 28, 24, 23 y 17 años. Aunque ya estaban grandes tenía que velar por ellos. Todo proceso de duelo es difícil. Tuvimos que aceptarlo. Yo lo hice desde aquel “Ya se fue. Murió”. Sabía que mi gran amor se había ido para siempre. El mayor reto fue aprender a vivir sin ella. Me encargué de la limpieza y la comida y comencé a preguntarme cómo le daba tiempo a Arelis hace todo en mi casa. Otras veces sentía que me sobraba el tiempo porque ya no tenía que buscarla todos los días. Luego vinieron los momentos difíciles, de dispersión en la familia a raíz del mismo dolor, pero debía mantener a mis hijos unidos.
Recibimos mucha ayuda. Gracias a Dios ellos jamás desviaron su camino, porque en ellos siempre estuvo vivo el gran amor, la educación y los buenos ejemplos que su mamá y yo le dimos juntos. Ser papá y mamá es una tarea gigantesca, pero Dios y Arelis siempre me dieron la fortaleza y la paz que necesitaba para hacerlo.
Edwin José es ingeniero electricista.
Francisco Javier Nava es biólogo.
Héctor Ely es Diseñador gráfico y también el payaso “Watton”
Hoy me siento satisfecho, saqué adelante a mis hijos: Edwin José, mi hijo mayor, es ingeniero electricista y trabaja para una petrolera; Francisco Javier, el segundo, está en el Ivic como biólogo; Héctor Ely se graduó de diseñador gráfico y lleva sonrisas como el payaso Watton; y mi niña María Betania, es la menor y es ingeniera químico. Trabaja para Schlumberger. ¡Qué más puedo pedirle a la vida! Mis hijos son profesionales y son bien amados. Ahora, son ellos los que me brindan su apoyo para que yo continúe con mi pequeña empresa, mientras yo sigo cantando y escribiéndoles cartas de amor a mi esposa cada año que conmemoro su muerte”.
Edwin es el vivo reflejo del 2,1% de padres viudos que levantan a su familia en Venezuela. No solo madre es una, pues en el país un 5,2% de los papás son solteros; 1,1% son divorciados y el 3,9% se dedica a los quehaceres del hogar, según el último censo hecho en 2011 por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE). Es por esto que cada día debemos valorar más a esos hombres que apartan los prejuicios de la sociedad para criar a sus hijos.
¡Feliz Día del Padre!