La fe brotó de nuevo en los corazones de los feligreses en la edición 21 de la caminata en honor a la Divina Misericordia de Jesús. Lágrimas de agradecimiento y miradas del más puro amor dedicaron más de 200 mil asistentes a Él, a pesar d
La fe brotó de nuevo en los corazones de los feligreses en la edición 21 de la caminata en honor a la Divina Misericordia de Jesús. Lágrimas de agradecimiento y miradas del más puro amor dedicaron más de 200 mil asistentes a Él, a pesar del intenso sol que no dio tregua ni por un instante.
Bordeada por un río de fieles, la imagen sagrada de Jesús de la Misericordia se abrió paso desde la iglesia de La Consolación, en Bella Vista, en hombros de los Caballeros de la Misericordia, donde fue recibida entre pétalos de rosas rojas y amarillas y la mayor de la admiración de sus amados hijos.
El llanto de una mujer no cesaba entre la muchedumbre. Con humildad se aferraba al rosario que mojaba con sus lágrimas desde el momento en que salió la sagrada imagen. “Le pido por mi hijo, que me lo sane. Encomiendo a Él su salud”, pudo apenas pronunciar la mujer, madre de un joven que padece una enfermedad psiquiátrica.
El agradecimiento por los milagros concedidos se respiraba en la caminata. En silla de ruedas, vestido igual que Jesús Misericordioso, Edwin Loaiza agradecía a Jesús, junto a su esposa y su pequeña hija Ashley Elena, el milagro de mantenerlo con vida tras pasar 5 días en Unidad de Cuidados Intensivos tras haber sufrido un accidente de tránsito. Loaiza sufre de artritis juvenil y por su condición, el diagnóstico era delicado.
Su familia oró por la recuperación del hombre de 26 años, encomendándole a la Divina Misericordia la vida de Loaiza, con la promesa de vestirlo como Él si sobrevivía y desafiaba al pronóstico.
El agradecimiento también movió a Carlos López, quien llevó en manos título de licenciado en comunicación social, vestido con toga y birrete para agradecer a la Divina Misericordia de Jesús por culminar sus estudios.
Las peticiones este año se desbordaron por Venezuela. Los fieles pedían fortaleza para afrontar los nuevos retos y hacer frente a la crisis que vive el país.
Pero en especial, la oración encarnó los corazones de los presentes en la Hora Santa, con peticiones que acortaron kilómetros de distancia y llegaron a Argentina, Chile, Colombia, Ecuador, España, México, Perú y otros países que se han convertido en nuevos hogares para millones de venezolanos.
Con pancartas, los familiares expresaban que sus parientes se encontraban presentes a pesar de la distancia. La caminata fue transmitida totalmente en vivo en el canal de YouTube de la Fundación María Camino a Jesús, con la finalidad de integrar a los venezolanos en el exterior y así pudieran participar en la multitudinaria procesión.
Por primera vez en 21 años de tradición, los asistentes contaron con cinco “Oasis de Misericordia”, en los que la musicalización en vivo dio vida a las incesantes alabanzas.
A las 5:30 pm, el padre Juan Navarro ofició la Santa Misa en la Ciudad Universitaria de la Universidad del Zulia, a petición de monseñor Ubaldo Santana, arzobispo de Maracaibo.
Durante la homilía, Navarro apuntó que en “en el contexto de la Venezuela actual en que vivimos, hemos olvidado toda la solidaridad y el amor que debe existir entre nosotros como hermanos, pueblo de Dios, al vender medicamentos en sus precios en efectivo y transferencia, sabiendo que este último el precio es muy costoso y en efectivo más económico en un 100 o 200% menos y con la escasez de efectivo no somos capaces de ser solidarios con quienes necesitan sus medicamentos de por vida, entonces… ¿Dónde está el amor de Dios?”, reflexionó el sacerdote, para invitar a demostrar el amor a Jesús siendo solidarios con los demás.











