Descarbonizar la electricidad es una pieza clave para frenar el cambio climático, ya que el sector eléctrico concentra aproximadamente un tercio de las…
Descarbonizar la electricidad es una pieza clave para frenar el cambio climático, ya que el sector eléctrico concentra aproximadamente un tercio de las emisiones globales de dióxido de carbono. Un mapa mundial permite identificar cuál es la fuente principal de generación en cada país y, a partir de ahí, dimensionar qué cambios hacen falta para avanzar en la transición energética.
Cómo se lee el mapa
La visualización de Our World in Data, elaborada con información del Global Electricity Review de Ember, presenta la fuente dominante de electricidad en cada país para el periodo 2024/25. La base de datos incluye 215 países, aunque para este mapa se toman 91 estados que representan el 93% de la demanda eléctrica mundial.
La lectura es directa: cada tecnología aparece con un color distinto. El gas se muestra en naranja, el carbón en gris, la hidroelectricidad en azul, la nuclear en morado y la solar en amarillo. Además del color, el mapa indica el porcentaje que aporta esa fuente dominante sobre el total de cada país. Eso significa que un territorio puede aparecer en naranja aunque el gas no supere la mitad de su generación, siempre que sea su tecnología principal.
El mapa, en todo caso, ofrece una fotografía del presente y no de la evolución futura ni de los objetivos de cada sistema eléctrico.
El carbón sigue liderando la generación mundial
La principal conclusión es que el carbón continúa siendo la mayor fuente individual de generación eléctrica en el mundo. En esta representación alcanza el 35% de la producción global, el porcentaje más bajo desde la creación de la IEA en 1974. Aun así, su peso sigue siendo una de las razones por las que el sector eléctrico mantiene una presencia tan elevada en las emisiones.
El gas también explica buena parte de ese impacto. En 2024, los combustibles fósiles todavía generaron casi el 60% de la electricidad mundial.
Las tendencias por regiones
A grandes rasgos, el mapa refleja que el gas domina en países ricos del hemisferio norte, mientras que el carbón se impone en Asia. En América del Sur y en amplias zonas de África, la hidroelectricidad ha sido históricamente la fuente que marca la diferencia. Europa, en cambio, aparece como un mosaico diverso, resultado de décadas de decisiones políticas e inversiones energéticas.
Las renovables ganan terreno
El avance más relevante para la descarbonización llega de las energías renovables. En 2025, la solar, la eólica, la hidroeléctrica y otras fuentes limpias superaron al carbón por primera vez en la historia y en conjunto produjeron más de un tercio de la electricidad mundial.
Otra señal positiva es que casi todo el incremento de la demanda eléctrica registrado en 2024 fue cubierto por fuentes limpias. Dentro de ese grupo, la energía solar destacó con fuerza: en 2024 superó a la eólica por primera vez a escala global.
Entre los países con mayor protagonismo de la solar destacan España, con un 22%, y Chile, con un 25%.
Lo que el mapa no muestra
Pese al avance de las renovables, el mapa también deja ver una realidad menos favorable: el carbón y el gas no solo mantienen presencia, sino que también han crecido. En 2024, los países asiáticos en desarrollo consumieron el 80% de todo el carbón utilizado para generar electricidad en el mundo, cuando en 2000 esa proporción era del 40%.
Además, la visualización no incorpora un problema central: cientos de millones de personas siguen sin acceso a la electricidad. En 2024 eran 730 millones, y el 80% de ellos se concentraba en África. Para esos países, la construcción de redes eléctricas partiría prácticamente desde cero, con la duda de si podrán financiar ese despliegue con renovables o si recurrirán a los combustibles fósiles, más baratos y de disponibilidad inmediata.
Otro aspecto que queda fuera del mapa es el origen del combustible. Un país puede depender de otro para abastecerse de gas o carbón, incluso si esa relación es vulnerable. En 2021, el 45% del gas importado por la Unión Europea procedía de Rusia. Tras el inicio de la guerra entre Ucrania y Rusia, esa dependencia encareció la electricidad de forma inmediata. Europa respondió, aunque con un costo mayor, porque el gas natural licuado importado resultó más caro.
El sudeste asiático también enfrenta una fuerte dependencia energética del carbón importado.