Un grupo de investigadores que ha seguido jabalíes con GPS en distintas ciudades europeas y en varias comunidades de España ha confirmado que estos animales no solo se adaptan a los entornos humanizados, sino que logran moverse en ellos con discreción y modificar sus hábitos hasta pasar casi inadvertidos. En el caso español, los datos obtenidos en explotaciones porcinas de Aragón, Cataluña y Murcia muestran que su presencia en las inmediaciones de las granjas es más frecuente de lo que perciben quienes trabajan en ellas.

Un comportamiento que rompe ideas previas

El seguimiento con collares GPS se ha convertido en una herramienta clave para entender cómo viven, se desplazan y sobreviven los jabalíes en paisajes cada vez más transformados por la actividad humana. Cada nuevo rastreo ha aportado hallazgos que obligan a revisar lo que se daba por sentado sobre la especie: recorridos inesperados, presencia constante cerca de actividades humanas y estrategias de ocultación especialmente eficaces.

Lejos de refugiarse siempre en zonas densas y cerradas, algunos ejemplares recurren a una táctica más sutil. Permanecen inmóviles en lugares que, en teoría, resultan poco evidentes para esconderse y aprovechan su capacidad de confundirse con el entorno para volverse prácticamente invisibles.

El caso del jabalí francés Phiphi

Entre los ejemplos más llamativos figura Phiphi, un joven jabalí francés al que se le siguió durante casi dos años con un collar GPS. El rastreo mostró que utilizaba con frecuencia zonas abiertas para descansar, algo que contradice la imagen tradicional del jabalí oculto en la vegetación más densa.

En varias ocasiones se tumbaba junto a unos pocos helechos o bajo la protección mínima de un árbol aislado en medio de un claro. La estrategia parecía sencilla, pero eficaz: quedarse completamente quieto y confiar en el camuflaje natural para integrarse en el paisaje. Incluso cuando su collar desapareció durante semanas y más tarde fue hallado por cazadores, el dispositivo apareció de nuevo en una zona abierta, reforzando la idea de que su éxito estaba en ocultarse donde nadie esperaba encontrarlo.

Jabalíes cerca de explotaciones porcinas

La investigación realizada en España por especialistas del IREC colocó GPS a jabalíes en Aragón, Cataluña y Murcia para evaluar el riesgo de transmisión de la Peste Porcina Africana. Los resultados muestran que estos animales visitan con frecuencia los alrededores de explotaciones porcinas intensivas sin ser detectados por los ganaderos.

En cerca de la mitad de las granjas analizadas se encontraron indicios de actividad de jabalí, incluso en casos en los que los responsables aseguraban no haber visto ninguno. Los dispositivos permitieron comprobar que los animales se acercaban de forma discreta y constante a balsas de purines, zonas de alimentación y otros puntos sensibles.

Un riesgo sanitario más alto del que parecía

El hallazgo tiene implicaciones sanitarias relevantes. El principal peligro no está necesariamente en el contacto directo entre jabalíes y cerdos, algo relativamente poco frecuente en explotaciones intensivas, sino en las vías indirectas de transmisión. Vehículos, ropa, herramientas o materiales pueden actuar como puente entre el entorno utilizado por los jabalíes y las granjas.

La presencia silenciosa de estos animales en las inmediaciones aumenta las oportunidades de propagación de enfermedades como la Peste Porcina Africana, una amenaza especialmente sensible en un país que lidera la producción porcina europea.

Una nueva herramienta de bioseguridad

La información reunida a partir de estos seguimientos ha permitido desarrollar el primer protocolo científico específico de bioseguridad externa frente a la Peste Porcina Africana en explotaciones porcinas intensivas. A diferencia de los enfoques basados en recomendaciones generales, este sistema analiza cada granja por separado, estudia su entorno, identifica sus puntos vulnerables y propone medidas ajustadas al riesgo real.

El objetivo es pasar de una protección teórica a una prevención sustentada en datos concretos obtenidos sobre el terreno, incorporando por primera vez el comportamiento real de los jabalíes a la estrategia de defensa sanitaria.

Una especie que sigue dando sorpresas

La conclusión compartida por estos trabajos es que el jabalí sigue mostrando una notable capacidad de adaptación. Los GPS han evidenciado que puede ocultarse en lugares inesperados, moverse en torno a explotaciones ganaderas sin ser detectado y aprovechar pequeñas debilidades del paisaje humanizado.

Cada nuevo seguimiento aporta información que obliga a revisar lo que se creía conocido sobre la especie. Buena parte de su éxito parece radicar precisamente en su habilidad para permanecer muy cerca de las personas sin que apenas se note su presencia.