Petróleo

El cierre de Ormuz sostiene la tensión energética, pero la presión ahora se traslada al calor en China

Más de cien días después del cierre del estrecho de Ormuz, las economías occidentales no han sufrido el colapso energético que muchos pronosticaban. El…

Más de cien días después del cierre del estrecho de Ormuz, las economías occidentales no han sufrido el colapso energético que muchos pronosticaban. El precio del crudo se ha mantenido por debajo de los 100 dólares por barril y el sistema global ha resistido gracias a una combinación de inventarios previos, reservas de emergencia, cambios en los flujos comerciales y desvíos logísticos. Sin embargo, el riesgo no ha desaparecido: la próxima sacudida puede venir de Asia y, en particular, de una ola de calor en China.

Un mercado que absorbió el golpe

El cierre de Ormuz suponía bloquear una de las principales vías de salida del petróleo mundial y, en teoría, retirar de forma abrupta alrededor del 20% del crudo que circula por el planeta. Aun así, la producción y el suministro se han reajustado con rapidez. Los países de la OPEP han visto caer su producción en mayo hasta 16,13 millones de barriles diarios, su nivel más bajo desde 2000, como consecuencia directa del cerco a Irán.

En paralelo, el mercado se ha reordenado a gran velocidad. China ha reducido sus importaciones de petróleo por barco a mínimos de la última década, con una caída cercana al 40% respecto al promedio del año pasado. Esa contracción de la demanda asiática ha funcionado como una válvula de escape para el sistema internacional y ha evitado una escalada más brusca de la inflación energética.

Estados Unidos gana peso como exportador

Otro de los efectos del reacomodo ha sido el ascenso de Estados Unidos como principal exportador de petróleo del mundo. En mayo, despachó cerca de 10,5 millones de barriles diarios, por encima de Rusia y Arabia Saudí. El movimiento ha reforzado su papel en el mercado global en medio de la inestabilidad provocada por el conflicto en el Golfo.

Al mismo tiempo, los productores del Golfo han buscado rutas alternativas para evitar el cuello de botella de Ormuz. A través de oleoductos en Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, se mantienen en circulación unos cinco millones de barriles diarios, además de conservar activas las infraestructuras de extracción para una eventual reanudación rápida de la producción.

La factura ya golpea a Europa

La ausencia de desabastecimiento visible en las gasolineras no significa que el impacto haya desaparecido. El efecto del conflicto se está trasladando al sistema financiero y a los precios. En la eurozona, la inflación repuntó al 3,2% en mayo, lo que llevó al Banco Central Europeo a retomar en junio las subidas de los tipos de interés, que quedaron en el 2,25%.

El encarecimiento sostenido de los combustibles ya se refleja en hipotecas más caras y en condiciones de crédito más restrictivas para hogares y empresas. La tensión sigue elevada, con el Brent por encima de los 95 dólares y fuerte volatilidad tras los últimos ataques cruzados entre Estados Unidos e Irán.

España mira al termómetro asiático

Para España, el próximo foco de riesgo no estaría en el estrecho de Ormuz, sino en el clima de Asia. Las previsiones de Tempos Energía apuntan a que el precio de la electricidad durante el verano dependerá menos de lo que ocurra en el Golfo y más de las temperaturas en China.

Hasta ahora, Europa ha contado con un suministro abundante de gas natural licuado estadounidense porque China no estaba compitiendo con fuerza por esos cargamentos. Esa situación puede cambiar pronto. El director general de Tempos Energía, Antonio Aceituno, advierte de que, cuando aumente el calor en Shanghái, los barcos de GNL de Estados Unidos tendrán que repartirse entre la demanda de Asia y la europea.

Si el mercado asiático absorbe buena parte del gas para cubrir el consumo de aire acondicionado, Europa quedará con menos opciones baratas para atender sus picos de demanda en verano y con los depósitos por debajo de la mitad de su capacidad. En ese escenario, la factura eléctrica en España podría situarse entre 88 y 95 euros por megavatio hora en julio y agosto, con subidas de hasta el 40%, una cifra que equivaldría a pagar el doble de lo que se abonó en 2019.

Una tregua que sigue siendo frágil

La resistencia del sistema energético mundial se explica por la existencia de inventarios acumulados antes de la guerra, por el despliegue de reservas de emergencia y por la reorganización forzada del comercio internacional. Si la diplomacia logra imponerse, la infraestructura intacta del Golfo permitiría recuperar hasta el 50% de la producción en pocos días.

Pero la estabilidad sigue dependiendo de factores limitados y temporales. Las reservas de emergencia no son ilimitadas y la capacidad de absorber nuevas perturbaciones tiene un techo. El cierre de Ormuz no ha provocado aún el escenario de colapso que se temía, pero la combinación de demanda estacional, tensiones geopolíticas y presión sobre los precios mantiene abierta la posibilidad de que la factura energética llegue más adelante en forma de recibos más altos, inflación persistente y menor actividad económica.

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