Brasilia evalúa que un eventual gesto de rechazo de Milei podría agravar la relación bilateral si Lula gana el balotaje. El choque ya escaló por acusaciones cruzadas y respuestas diplomáticas.
BRASILIA.- En la antesala del balotaje en Brasil, el Palacio del Planalto trabaja con la hipótesis de que el gobierno de Javier Milei podría no reconocer una eventual victoria de Luiz Inácio Lula da Silva. La lectura se fortaleció después de que el presidente argentino insinuara esta semana que el Partido de los Trabajadores podría “robarse la elección”.
Una relación ya deteriorada por el cruce político
“Milei está dando la impresión de que es un presidente que no va a reconocer la elección si no gana el que él quiere”, aseguró una fuente del Palacio del Planalto con acceso al despacho presidencial. En el gobierno brasileño calculan, además, que el daño en la relación bilateral será difícil de reparar rápidamente si Lula es reelegido.
El vínculo entre la Argentina y Brasil ya venía debilitado, pero esta semana volvió a tensarse. El martes, Milei compartió en X un fragmento de una entrevista en la que Lula hablaba sobre el rol de las mujeres en casa para defender la reducción de la jornada laboral. Luego lo acusó de ser un “progre machirulo” y agregó: “Espero que su último truco de campaña sucia no incluya robarse la elección… zurdo ladrón”.
La Cancillería brasileña, que conduce Mauro Vieira, respondió ese mismo día que las ofensas, dirigidas “esta vez al Poder Judicial y al sistema de voto electrónico”, eran “un nuevo e inaceptable intento de injerencia externa en el proceso democrático brasileño”. También acusó al mandatario argentino de reiterar “mentiras difundidas por quienes perdieron las elecciones y protagonizaron el fallido golpe militar de hace cuatro años”.
La tensión diplomática sube en la recta final
No es la primera vez que Milei apunta a la justicia brasileña. En julio, en la convención del Partido Liberal que proclamó a Flávio Bolsonaro, llamó “basura calva” al juez Alexandre de Moraes, relator de la causa que condenó a Jair Bolsonaro a 27 años y tres meses de prisión por intento de golpe, después de que el magistrado le impidiera visitar a su “amigo”. Ese discurso, seguido por reiterados insultos en los días posteriores, derivó en la rebaja de la relación: Brasilia llamó a consultas a su embajador y, desde agosto, ninguno de los dos países tiene embajador en la capital del otro.
En el entorno de Lula, sin embargo, le restan importancia a lo que pueda decir o hacer Milei, a quien consideran una figura de posiciones “poco equilibradas” y con “poca credibilidad” en Brasil. Hasta el momento, aseguran que sus declaraciones no modifican las preocupaciones del gobierno de cara al domingo ni el curso institucional posterior a la elección.
La nota de Itamaraty, explican fuentes oficiales, casi no requirió discusión interna, ya que el ataque no apuntaba solo a Lula, sino a la integridad del proceso electoral.
“Quien decidió romper el mínimo de protocolo diplomático fue él [Milei]. Vino al país a atacar a las instituciones y después dice que, si Lula gana, será un robo”, explicaron en el Planalto. “La normalización de la relación dependerá esencialmente del Ejecutivo argentino. Pero si sigue comportándose como un nene, no habrá forma de fingir que está todo bien”.
La campaña de Flávio Bolsonaro también quedó atravesada por esa tensión. Tras reunirse con Milei en Buenos Aires este año, prometió que “si en la Argentina hubo motosierra, en Brasil va a haber un tijeretazo en los impuestos, en la burocracia y en la corrupción”. A mediados de septiembre, en un foro empresarial en San Pablo, la coordinadora económica de su campaña, Daniella Marques, dijo que el programa se inspiraría “en lo que hizo el gobierno de Milei” y lo definió como “un óptimo ejemplo” en la recuperación de la capacidad de inversión y la reducción de burocracia e impuestos.
En la estrategia electoral, el PT encontró en Milei a un aliado involuntario. Para el oficialismo, presentar a la Argentina como horizonte para Brasil terminó jugando en contra de Flávio Bolsonaro, porque la recesión y los índices de pobreza argentinos pesan en la campaña. Un asesor palaciano lo resumió con ironía: “Cuanto más el compañero Milei quiera decir pavadas, más nos ayuda a librarnos de esa gente”.
En el debate del domingo pasado, Lula le reprochó a Flávio el costo social del ajuste argentino y le preguntó si su modelo seguía siendo el de Milei. Este viernes, además, publicó en X un video grabado frente al Congreso argentino en el que Paulo Pimenta entrevista a Santiago Tangir, asesor del gobierno de la provincia de Buenos Aires. En ese material, Tangir sostiene que el 65% del recorte de Milei recayó sobre jubilaciones y gasto social.
“Ya sabemos el caos que ha sido la Argentina con la pobreza, el hambre y el aumento de la desigualdad”, dijo esta semana el senador Camilo Santana, portavoz de la campaña de Lula para el balotaje, que señaló a Milei como “el gran aliado” de Bolsonaro. “Y nosotros no vamos a permitir que Brasil se transforme en una Argentina”.
Contenido redactado con asistencia de un LLM.