Luiz Inácio Lula da Silva ganó la segunda vuelta presidencial de Brasil el 26 de octubre de 2026, en una elección marcada por el recuerdo del intento de golpe de Estado de 2022 y la preocupación por el orden democrático. Analistas consultados atribuyeron el resultado a medidas previas al balotaje, la movilización ciudadana y una menor abstención; el próximo desafío será negociar con sectores del Congreso ajenos a su alianza.
Medidas y campaña digital ampliaron el respaldo
La analista brasileña Carolina Pedroso sostuvo que los anuncios oficiales antes de la votación ayudaron a movilizar a trabajadores y a electores que no habían respaldado al Partido de los Trabajadores (PT) en la primera vuelta. El periodista brasileño Márcio Resende mencionó aumentos del Bolsa Família, beneficios para microempresarios y cambios en las normas laborales, entre ellos un descanso mínimo de dos días sin reducción salarial.
Resende también señaló que el PT y sectores de izquierda recuperaron terreno en las redes sociales después de la primera vuelta. Como ejemplo, mencionó el canal Exército de Lula, impulsado por el diputado André Janones, al que atribuyó un alcance de diez millones de personas. Según el periodista, la circulación de contenidos fue una reacción espontánea y no una campaña paga.
La abstención cayó y la participación tuvo impulso ciudadano
Resende describió actividades de estudiantes, universitarios y otros ciudadanos para alentar la asistencia a los centros electorales y facilitar traslados, al margen de las estructuras partidarias. La abstención pasó de 21,08% en la primera vuelta a 19,22% en el balotaje. Lula sumó seis millones de votos; Resende había calculado que necesitaba entre dos millones y medio y tres millones adicionales para imponerse.





