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Hay que partir de la gaita, de la cadencia zuliana, del repique percusivo de las tamboras, el furro y la charrasca. De ahí, viajar en el tiempo hacia 1972. Con “Esta gaita sí está en algo”, Los Guacos del Zulia abandonaron sus apellidos, y se quedaron solo con la marca que los llevaría por el mundo. Guaco pasó a experimentar, a armonizar de otra forma, a soltar —de a poco— el estilo tradicional.
En 1973, Bubu Guaco —un disco simultáneo a la producción gaitera de ese año— hizo comprender que la sonoridad de la banda iba por otros caminos, ansiaba buscar otros derroteros. “Ahí viene caminando el negrito / y las muchachas le dicen/ negro cara’e mono ven pa’ aca”, se oía en clave de calipso con salsa. Tendiendo un ‘puente’. Esa vía unía dos extremos: la gaita, la que no debía evolucionar, y la salsa, la música caribeña nacida en Nueva York.
Inicios. Conjunto Los guacos del Zulia. Conjunto estudiantil 1964.
Guaco: Cepillao.
Guaco. Castígala. (1998)
Déjate querer (2009).
De vuelta a tu corazón (2014)
Guaco: Baja (2015)
José Castillo fue fundador de ese conjunto inicial. “Nos dimos cuenta que para subir a ese tope donde estaban Cardenales y Rincón Morales debíamos hacer algo diferente. Con la segunda tambora, imitamos el sonido del furro. Nos criticaron, pero fue lo primero creativo que hicimos”, recuerda. La ventaja de la gaita es su autenticidad. Guaco lo comprendió, lo asimiló y marcó —no sin sumar resistencia y críticas— y luego trascendió. “Es un planteamiento original”, dice Gustavo Aguado, líder de la agrupación. “En Venezuela hay grupos que, cómo no, son excelentes. Pero el que más se acerca a la originalidad es Guaco”, afirma, orgulloso.
El origen, explica Aguado, fue “caminar hacia el chimbangle y la gaita de tambora, ambas expresiones del sur del Lago (…) La mayoría de nuestras manifestaciones venezolanas son en ritmo musical de 6 x 8. Nosotros fuimos bajando, a 4×4, 4×2”, agrega. La discografía de Guaco tiene varios “quiebres”. De ese disco de 1972 al de 1979, los ritmos latinos fueron explotados, fundidos a la percusión gaitera —que Guaco no ha abandonado—. Así, piezas como “La gaita tiene montuno” (1974) y “Una tumba y un bongó” (1978), en la voz de Argenis Carruyo, son dos ejemplos de esa aleación con la salsa. No se quedaron a medio camino. En 1981 incorporaron una batería a la dotación musical. “Escuchábamos mucha charanga, mucho de lo que se había hecho y adaptábamos cosas”, explica Aguado. Luego, sumaron flauta y cuerdas, pero no como instrumentos principales, sino como parte de la armonía.
“Esto es una escuela”, dice Aguado. “Los más acérrimos críticos que tuvimos aprendieron a aceptar el mensaje de Guaco, con toda su gama de colores. No fue fácil, digamos que yo soy un gran inconforme y me toco canalizar una gran gama de inconformidades”, dice Gustavo. Se refiere, claro, a los grandes nombres vinculados a la evolución musical de Guaco: Ricardo Portillo, Simón García, Ricardo Hernández, Rafael Greco, Fernando Valladares y “El Volcán de América”, Argenis Carruyo.
“Argenis me enseñó la parte percusiva caribeña, del bongó, de las congas. Eso ayudó mucho a seguir experimentando”, concede al amigo que, aunque tenía compromisos con otros grupos (Super Combo Los Tropicales y la Dimensión Latina), grabó piezas con Guaco en los discos de 1975 (la primera versión de “que nadie se mueva de su asiento / que nadie se mueva”), en 1978 Una tumba y un bongó y en 1979 el extraordinario bolero —en clave de gaita— Paroxismo. “Siempre han ido en vanguardia”, señala Hendrik J. Rodríguez, locutor y conductor de Guaquísimo, con más de 10 años siguiendo su andar. “De los productos musicales que ha dado el Zulia, Guaco es el más creativo. Por eso sale al mundo”, detalla. “Si hay algo que nos ha conectado a todas las audiencias es el tema Baja (del disco Presente Continuo, de 2015), dice Aguado sobre “Baja, baja, baja /que esto lo baila Piqué con Shakira/ lo baila Pitbull con Paulina”, el hit reciente. Mario Viloria, fundador del conjunto raíz dice sentirse “orgulloso y complacido” con lo logrado pro Guaco. Guaco, el puente que tendió la unión entre gaita y Caribe, decidió, luego de construida la vía, hacer tienda aparte, en la mitad. No es gaita, no es salsa, es simplemente Caribe. Un área en la que nació y ha crecido con autenticidad, sin robarle nada a nadie. Caribeña pero disímil. Como el propio Guaco.