Aniversario

El romántico bambuco en las raíces zulianas

Llegó de Colombia, atravesando las agrestes tierras guajiras para asentarse, a vivir plácido, en la calidez tropical de la costa del Lago de Maracaibo. El bambuco, el despecho alegre, está basado “en una armadura de compás de 6×8, aunque se

 Llegó de Colombia, atravesando las agrestes tierras guajiras para asentarse, a vivir plácido, en la calidez tropical de la costa del Lago de Maracaibo. El bambuco, el despecho alegre, está basado “en una armadura de compás de 6×8, aunque se puede interpretar también en 3/4”. Así lo han definido investigadores colombianos como José María Vergara y Vergara o Rafael Pombo. 

 Aquí encontró, en la garganta de varios zulianos, cobijo y hábitat para pasearse, con su andar rápido, por el gusto popular del zuliano.  En esta región fue investido de  algunas modificaciones en los compases y en su estructura, diferenciándose del andino que es más lento y tranquilo. 

Pierino Priolo, músico zuliano,  considera que “está dedicada al quehacer cotidiano, la pesca y la agricultura. Es característico de los pueblos costeros y zonas pesqueras como isla de Toas y la Costa Oriental del Lago, en especial los Puertos de Altagracia, en el municipio Miranda. Se toca con cuatro, mandolina y guitarra”, explica.

Aunque Armando Molero lo cultivó, han sido Víctor Alvarado y Ricardo Ferrer los más populares cantantes de este género.  “Grupos de varias veleras/ adornan la rada de mi Toas/ chalanas, piraguas y canoas/ y los verdes cocoteros su ribera”, compuso Leví Parra para uno de los sitios donde el bambuco anidó con fuerza: las islas de Toas y San Carlos, y Los Puertos de Altagracia. 

 “La luna en el azul oyendo está/ mi ardiente serenata/ y de la noche el tul rasgando va/ con su puñal de plata/ para bañarse en luz /cuando asomada a tu balcón florido/ escuches al osado, cantor enamorado/ que tu sueño turbó/ con su gemido”, es otro de los más insignes bambucos venezolanos, grabado por el Súper Combo Los Tropicales en 1974 en una versión irrepetible.

 

 

 El trovador de la isla de Toas  Quería ser médico, pero no lo logró. Su padre era cantero: picaba en la piedra caliza que ha sido el origen de la riqueza de Toas, la isla a la que Víctor Alvarado se mantuvo unido, en toda su vida, a  través de su canto, en los que homenajeó al Zulia con un estilo único con arpa, mandolina y cuatro. “Por eso quiero/ con mi canción decirte/ todo lo que has sido/ un padre bueno, noble/ siempre muy cumplido/ Dios te bendiga, viejo de mi corazón”, entregaba Padre mío, con letra de Ángel Quintero. Víctor murió en 2014.

 

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