Llegó de Colombia, atravesando las agrestes tierras guajiras para asentarse, a vivir plácido, en la calidez tropical de la costa del Lago de Maracaibo. El bambuco, el despecho alegre, está basado “en una armadura de compás de 6×8, aunque se puede interpretar también en 3/4”. Así lo han definido investigadores colombianos como José María Vergara y Vergara o Rafael Pombo.
Aquí encontró, en la garganta de varios zulianos, cobijo y hábitat para pasearse, con su andar rápido, por el gusto popular del zuliano. En esta región fue investido de algunas modificaciones en los compases y en su estructura, diferenciándose del andino que es más lento y tranquilo.
Pierino Priolo, músico zuliano, considera que “está dedicada al quehacer cotidiano, la pesca y la agricultura. Es característico de los pueblos costeros y zonas pesqueras como isla de Toas y la Costa Oriental del Lago, en especial los Puertos de Altagracia, en el municipio Miranda. Se toca con cuatro, mandolina y guitarra”, explica.
Aunque Armando Molero lo cultivó, han sido Víctor Alvarado y Ricardo Ferrer los más populares cantantes de este género. “Grupos de varias veleras/ adornan la rada de mi Toas/ chalanas, piraguas y canoas/ y los verdes cocoteros su ribera”, compuso Leví Parra para uno de los sitios donde el bambuco anidó con fuerza: las islas de Toas y San Carlos, y Los Puertos de Altagracia.
