Hondas e imborrables huellas había dejado el llamado “genio irrepetible” de Mozart en su paso por el mundo cuando, casi a un siglo después de su muerte (1791), floreció en Venezuela, en 1887, un árbol generoso llamado Vicente Emilio Sojo, del que brotaron las semillas de la música sinfónica, en el país de la vanguardia orquestal de todo el orbe.
“Antes de la existencia del maestro Sojo había en Venezuela intentos de música sinfónica, con la llegada de la música colonial, más la ópera y la zarzuela. José Ángel Montero, estrena en 1873 la ópera Virginia, considerada una de las primeras obras operísticas de Venezuela. Para ello se utilizaba mucho compañamiento de piano y cuartetos, pero la música sinfónica, en su sentido estricto de orquestalidad, nace en 1930, cuando el maestro Vicente Emilio Sojo funda y dirige la Orquesta Sinfónica de Venezuela (OSV), vigente hasta la fecha, por lo que fue declarada patrimonio nacional”.
Gustavo Dudamel dirige: Danzón. Gustavo Dudamel dirige: Batuque.
El tenor Jorge Quintero, quien tiene 47 años de trayectoria artística, establece así lo que marcó el inicio de la música sinfónica en el país. “Fue en los primeros días de enero de 1930 cuando empiezan a realizarse los primeros ensayos con 29 músicos —aproximadamente, según consta en los registros históricos—, muchos de ellos de la Banda Marcial de Caracas (la institución musical más antigua de Venezuela con 150 años de historia)”.
“El 15 de enero de 1930 esos 29 ejecutantes se reúnen en la Escuela de Música y Declamación de la Academia de Bellas Artes de Caracas, hoy Escuela Superior de Música José Ángel Lamas, convocados por el maestro Vicente Emilio Sojo, para establecer los que serían los cimientos de la OSV”, expresa Pedro González, actual presidente de la patrimonial orquesta, y añade: “Es la agrupación orquestal más firme en toda la historia orquestal de Venezuela hasta la fecha, la orquesta sinfónica más antigua y con mayor actividad ininterrumpida del continente latinoamericano”.
Jorge Quintero, quien siempre le huyó a la docencia, habla cual catedrático de la música, y cuenta como quien vivió la época: “En aquel momento, en el mundo musical decían Sojo y era decir Dios. Era una luz a seguir. No solo creó la OSV, sino una pléyade de compositores que hasta hoy nosotros conocemos: Juan Bautista Plaza, Moisés Moleiro, Antonio Estévez, Evencio y Pablo Castellanos, Inocente Carreño, José Ángel Montero, José Antonio Abreu y hasta Billo Frómeta estudió con Sojo. Todos músicos, compositores y semilleros de orquestas y coros”.
Uno de esos alumnos, Inocente Carreño, a sus casi 96 años todavía mantiene una prolífica producción de composiciones y sobre su maestro dice con orgullo: “A Sojo toda Venezuela le debe mucho. Es el creador de la Escuela Nacionalista en Música, donde surgieron músicas sinfónicas con temas nacionales, como la Cantata Criolla de Estévez, El Tirano Aguirre de Evencio y Gonzalo Castellano y la Margariteña mía. Entre tantas”.
“Por Sojo surgieron compositores bajo ese lema de hacer música sinfónica con temas nacionales. Fue un maestro, un guía, un padre. Nos regañaba cuando no íbamos a clase, no se conformaba con enseñar música, nos hablaba de poesía, literatura, de los grandes escritores nacionales y latinoamericanos y nos inculcaba ser gente honesta”.
Otro de los pupilos, sin ser su alumno, fue el concertino y compositor Luis Morales Bance: “Para mi época, el mismo maestro José Antonio Abreu le pidió a Sojo que me diera clases, pero el dijo: ‘Ya no tengo tiempo para estar en las aulas’. Nunca estudié con él pero sí con Evencio Castellano, que fue su alumno. Sojo venía y le daba un golpazo a la puerta y decía el tenor está en quinta paralela, cerraba y se iba. Como para dar a entender que él estaba vigilando todo lo que hacíamos en clases. Yo tocaba con él en las misas. Era el concertino.
Le gustaba tener a un muchacho al frente de los más viejos de la orquesta. Como decía un amigo mío de atril: ‘No hay un sitio donde se pueda enterrar a ese hombre. Es demasiado grande’. Bajo su enseñanza se formaron tres generaciones de compositores. Afortunadamente para él sí han existido reconocimientos a su acción, tanto por sus composiciones, como por lo que difunden sus alumnos”.
Uno de sus más brillantes discípulos, sin duda, es el maestro José Antonio Abreu, otro semillero de músicos, compositores, orquestas, grupos, coros y un sistema de estudios musicales para exportar.
“Este programa de educación musical venezolano se ha hecho merecedor de una gran cantidad de reconocimientos nacionales e internacionales, entre los que destaca el Premio Internacional de Música de la Unesco, que fue otorgado en honor a la constancia, a los logros y al modelo que representa para la juventud del mundo”, dice con orgullo Alfredo Rugeles, director artístico de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar, cargo homólogo al de Gustavo Dudamel .
“A mediados de la década de los años 70, Abreu invitó a un grupo de jóvenes músicos venezolanos a hacer realidad su sueño: formar la Orquesta Sinfónica Juvenil Simón Bolívar que permitiera a los estudiantes llevar a cabo prácticas en conjunto, transformar la educación musical en el país y crear un gran movimiento que se convirtiera en una fuente laboral y profesional”, reza la reseña histórica del portal oficial de El Sistema, que identifica a a cada uno de esos músicos pioneros, entre ellos Frank Di Polo, quien actualmente forma parte de la directiva actual del Sistema.
“Era muy difícil entrar en una orquesta profesional. Pensando en los jóvenes fue que José Antonio nos llamó a formar creer en su proyecto que no solo es educativo, sino de vida. Yo dejé un puesto en la Orquesta de Cleveland para impulsar ese barco con el noble horizonte de embarcar a todos los niños y jóvenes posibles en el mismo sueño de ser feliz a través de la música”.
Una inspiración y modelo para el mundo
El modelo pedagógico fundado en 1975 por el maestro José Antonio Abreu está fundamentado en la formación, a la más temprana edad, de individuos integrales para la sociedad, a través de la práctica individual y colectiva de la música. El Sistema ha inspirado a más de 40 países de Europa, Asia, África, Oceanía y en América está en: Argentina, Bolivia, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, EE UU, El Salvador, Haití, Perú, Uruguay, México, donde se sigue el modelo venezolano, demostrando que es una alternativa de educación y de paz.