# Finca “La Cuchara” quedó marcada por el siniestro del MD-82 en Machiques

> “¿Hay alguien con vida?, ¿Alguien me escucha?, ¡Por favor, hagan ruido!”, gritó, una y otra vez, el coronel Evelio Fuenmayor. La madrugada del martes 16 de agosto de 2005, el plenilunio alumbró aquel barzal que se hundía debajo de un torrencial aguacero. Fueron nueve horas de lluvia que cayeron en Machiques, como si el mismo

Por Jescenia Emperatriz Dovale · 15 de agosto de 2015 · Sucesos

![Finca “La Cuchara” quedó marcada por el siniestro del MD-82 en Machiques](https://panorama.onl/app/uploads/f1580cb2d78a39bb-1.jpg)

“¿Hay alguien con vida?, ¿Alguien me escucha?, ¡Por favor, hagan ruido!”, gritó, una y otra vez, el coronel Evelio Fuenmayor. La madrugada del martes 16 de agosto de 2005, el plenilunio alumbró aquel barzal que se hundía debajo de un torrencial aguacero. Fueron nueve horas de lluvia que cayeron en Machiques, como si el mismo cielo se desgarrara en llanto. 

Mientras solicitaba señales de vida, el comandante del Cuerpo de Bomberos  y otros 15 funcionarios intentaban dar pasos entre el fango que le alcanzaba la cintura y en el que descansaban los cadáveres de los 160 ocupantes del vuelo 708 del MD-82 de la aerolínea colombiana West Caribbean. 

A las 5:00 am. ya estaban las comisiones de la Guardia Nacional Bolivariana y del Ejército acordonando las inmediaciones de la finca La Cuchara. 

El grupo desafió los caminos intrincados y de difícil accesos que conducían a una zona boscosa que, aunque aislada, esa mañana mostró el peor rostro de sus ruinas. Se adentraron 450 metros hacia las tierras de “Filucho”, en un campo productor que, en cuestión de segundos, se convirtió en un camposanto, donde se confundían   estructuras metálicas chamuscadas y cuerpos desmembrados entre un humo celeste producto de un  fuego  aplacado por  el agua que caía del cielo. 

Un Padre Nuestro. Muchas lágrimas e impotencia. Los funcionarios formaron un  círculo humano que enganchaban con sus manos  y elevaron una oración por el descanso de las almas.

“A las 3:25 de la mañana, el comando recibió una llamada desde Maiquetía pidiendo información de un accidente aéreo en Machiques. Me llamaron y activamos una comisión para ir al sitio. Cuando llegamos, realizamos las diversas evaluaciones con equipos de medición digital, descartamos situaciones de terrorismo y la presencia de algún  químico”, recordó, Evelio Fuenmayor, quien fungía para entonces como jefe de los bomberos de la localidad.

Las escenas que vio el comandante durante el siniestro lo paralizaron como nunca antes le había ocurrido durante los 37 años de carrera que tuvo atendiendo emergencias.

“Encendí una filmadora  y me di cuenta que estaba parado sobre un cadáver. Aún lo recuerdo y lloro tanto como ese día. No hubo un funcionario que no soltara sus lágrimas por aquellos hermanos extranjeros que ocupaban el avión siniestrado”, resume. 

Fuenmayor continúa: “Creo que el único cuerpo que conseguimos completo fue el de  la aeromoza Ángela Peña, incluso, entre sus partes íntimas había guardado un reloj. Es una forma de facilitar la identificación del cadáver cuando temen  que van a morir”.

Las labores de rescate se iniciaron por órdenes de Protección Civil, al mando del general Rivero.  Al amanecer, en La Cachamana ya estaban unos 360 hombres de diferentes cuadrillas de los cuerpos de seguridad del estado.  “Entre las cosas que encontramos nos llamó la atención una cantidad suficiente de biblias, libros de oraciones, escapularios y otras cosas de tipo religioso. Presumimos que los turistas ya habían sido alertados de que el avión estaba averiado  y se aferraron a un milagro de Dios”, dice.

Para dos aeromozas  que no abordaron el avión en Panamá más que un milagro, estar con vida fue como “volver a nacer”. La experiencia la recogió el investigador Manuel Puerta, entre las entrevistas realizadas. 

“Ellas viajaron con  sus compañeros desde Colombia.  Cuando llegaron a Panamá, el capitán se percató de que habían dos pasajeros más y pidió que estas muchachas se quedaran en Panamá. Las jóvenes se fueron al hotel y el convenio era verse a las 6:00 am del martes 17 de agosto en el aeropuerto, donde el capitán las pasaría buscando para regresar al vecino país”, contó Puerta.

Las dos aeromozas al día siguiente llegaron al aeropuerto y se sentaron a esperar. “Les llamó la atención que una señora, dedicada al área  de mantenimiento de las oficinas de la aerolínea, estaba llorando. Ellas pensaron que tenía un problema y decidieron apartarse. Cuando la señora las ve, les dice: 

—Mis niñas ¿ustedes se han comunicado con sus familiares en Colombia?

— No, le respondieron.

—Tienen que llamarlos porque el avión con sus compañeros se perdió”. 

“Cuando ellas contactaron a sus parientes las estaban llorando porque las creían muertas. El avión se había estrellado en Machiques”, sostuvo. 

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El gentío que se concentró en la zona de impacto, ubicada entre las 450 hectáreas que conforman “La Cuchara”, permanece en la memoria de su dueño, Filadelfo Martínez Fernández, a quien en el caserío La Cachamana conocen como “Filucho”. Tiene 75 años y recientemente ha sido sometido a dos intervenciones quirúrgicas cardíacas.

En la actualidad, su finca se resume en terrenos enmontados en el que se pasea el ganado, arreado desde un caballo por alguno de sus trabajadores.

Martínez dice que los recuerdos que tiene de la tragedia son “negros y amargos”: “El encargado me comunicó lo que pasó, por radio, a las 7:00 de la mañana, me dijo ‘parece que por ahí cayó una avioneta y hay muertos. Hay mucha gente’. Me fui con mis dos hijos mayores y por el camino compré comida para colaborar. Pero mi sorpresa fue que los militares no me dejaron entrar a mis propias tierras. Al día siguiente recibí la visita del cónsul de Francia y se lo hice saber”, se quejó, a diez años del suceso. 

Filucho comentó que a las 3:00 de la madrugada cuando cayó la aeronave, uno de sus obreros recogía a los animales, a unos 20 metros del lugar. “No tuve pérdidas. A todo el ganado lo habían guardado. Siempre pienso en lo que ocurrió y creo que si tal vez el avión hubiese caído en otra zona de la finca, alguno de ‘los negritos’ se hubiese salvado. Pero, lamentablemente, cayó en un jagüey donde tenía muchas matas, que no había podido deforestar. Aunque después me dijeron que ellos ya venían muertos antes de estrellarse”, refiere el productor agropecuario.

El propietario aseguró que la hacienda que compró en 1979 fue escogida por Dios para darle descanso a 160 almas. “Lloré mucho hace 10 años y todavía me pega. El cuerpo más completo que pude ver fue el de una niña, pero sin embargo le faltaba un brazo. Antes estaba más fuerte, pero ya mi corazón, con estas dos operaciones, no aguantaría lo que se vivió ese 16 de agosto en mi finca”, reflexiona Martínez.

“En ese entonces, tuve muchas entrevistas con las autoridades extranjeras —continúa el ganadero— pero finalmente no me pagaron nada porque se determinó que el accidente se produjo por fallas humanas”.

Sin embargo, el viejo productor reconoce que su mayor pago lo recibe cada año con la visita de los martiniquenses. “Cada vez que ellos llegan a Machiques hacen una parada en mi casa para verme. Me traen obsequios de su país. A veces por las condiciones de las vías, los buses en los que vienen no pueden entrar hasta la finca y yo les habilito un camión que los meta. Ya deben estar por venir”, dice, lúcidamente, Filucho.

La voluntad de Dios se acepta sin cuestionamientos. Así reflexiona, desde su oficina, el alcalde de Machiques, Alfonso Márquez, pero aún trata de buscar respuestas. 

Analiza: “Dios me puso frente a una tarea titánica. Todavía no me explico por qué ocurrió una tragedia tan grande en una localidad que posee tan pocos recursos. Lo entregamos todo, mantuvimos una moral altísima para consolar a los parientes de las víctimas. Nos organizamos con todo el personal de la alcaldía. Médicos, secretarias, la gente de protocolo, todos conformamos equipos y ayudamos en la logística. Llegué a la hacienda, por la mañana, cuando revise el celular. El comandante de los bomberos me había dejado un mensaje. Dispuse las maquinarias  y colaboré a colectar evidencias”, recordó la autoridad local.

Con los guantes puestos, “Toto”, como llaman en Machiques al alcalde, recogió un peluche, entre las pertenencias de las víctimas. 

“Era de una de las niñas que murió en el suceso. Se llamaba Camila Jacquie, de ocho años. Lo supe porque cuatro días después viajé a Martinica, invitado por las autoridades de la isla.

Le entregué al fiscal general de ese país  varias fotos, videos, algunas pertenencias que ya habían sido analizadas por los forenses venezolanos y el peluche.  La familia de la niña lloró y me abrazó, sabían que era de ella. Todos me preguntaban por sus parientes, me mostraban fotografías para que los reconociera”, comentó Márquez, quien recibió las llaves de Saint-Spirit.

Pero Martinica también tiene las llaves de Machiques. A unos 200 metros del lugar donde cayó el avión, un monumento exhibe, en una placa de 1.20 metros de alto, los nombres de los 152  víctimas. En la parte inferior,  además, quedaron plasmadas las identidades de los ochos  tripulantes del   West Caribbean. El terreno fue declarado camposanto, al año siguiente de la catástrofe.

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**Fuente:** https://panorama.onl/sucesos/finca-la-cuchara-quedo-marcada-por-el-siniestro-del-md-82-en-machiques-20150815-0005.html
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