# Caracas, escenario de juegos de guerra

> Cae la tarde, ya hay consciencia que la marcha no llegará a su destino. En la autopista Francisco Fajardo no hay cabezas visibles de la oposición, en este punto de Caracas solo se desarrolla un juego de fuerza entre dos grupos, funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana y seguidores de la oposición, cuya única

Por Sabrina Machado/samachado@panodi.com · 5 de abril de 2017 · Política y Economía

![Caracas, escenario de juegos de guerra](https://panorama.onl/app/uploads/b79708aa7cd24b59.jpg)

Cae la tarde, ya hay consciencia que la marcha no llegará a su destino. En la autopista Francisco Fajardo no hay cabezas visibles de la oposición, en este punto de Caracas solo se desarrolla un juego de fuerza entre dos grupos, funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana y seguidores de la oposición, cuya única intención es hacer retroceder el piquete y anotarse un punto ganador, sin importar que el marcador —hasta ahora— plasma una notable paliza. 

La dinámica se desarrolla entre miles de personas que llegan a través de la larga vía, testigos de un video juego de guerra que estará dispuesto a sumar varias víctimas más, en este nuevo llamado a manifestar en contra del presidente Nicolás Maduro. El escenario se reparte en tres secciones claramente diferenciadas: los uniformados, los jóvenes de rostros cubiertos y los chismosos, que guardan una distancia prudencial. 

A medida que se avanza por la vía expresa se ve, sobretodo, a jóvenes, con franelas que le cubren sus rostros, algunos usan máscaras antigás, otros llevan bates. Destaca un grupo de 15 personas, entre hombres y mujeres, que marcha en estricto orden. Una de las integrantes tiene la tarea de que ninguno se aparte, revisa laterales y retaguardia. 

Avanza por la autopista gritando consignas, van vestidos de amarillo y negro, parecen venir todos de una misma universidad, no se distingue cuál. A medida que se acercan hacia la frontera entre los que actúan y los que ven, los gritos de “¿Quiénes somos? Estudiantes. ¿Qué queremos? ¡Libertad!”, se apaciguan. 

La misma joven que antes chequeaba el orden comienza a rociar con malox caras, franelas y bandanas, hasta ese momento llevan la cara descubierta. Van al frente, con los que tienen ya rato devolviendo las bombas lacrimógenas, batiéndose en esta guerra desigual, con funcionarios que portan máscaras, escudos antimotines, tanquetas, rinocerontes y ballenas y que, desde hace horas, obligan el retroceso. 

 

Miles de bombas lacrimógenas han sido disparadas en la autopista.

![Caracas, escenario de juegos de guerra](https://panorama.com.ve/app/uploads/f5b08627566d1663.jpg)

 

Ya el punto de encuentro no está a la altura de Sabana Grande, de Bello Monte, ya la retirada obligada coloca el escenario en Chacao. Los marchistas ya han perdido varias cuadras en un par de horas. La jornada terminará en el distribuidor Altamira con el descenso del sol. 

En ocasiones los manifestantes se pasean entre el medio de la concentración, al grito de valientes. De inmediato se abre un pasillo para permitirles un rápido acceso al frente. Son recibidos como héroes, son los que son capaces de hacer lo que muchos no se atreven. En esta ocasión este pasillo no hace falta, la refriega ya lleva una par de horas y los espacios ya están diferenciados. Al frente solo están ellos. 

Mientras se mantienen al tanto de las decenas de bombas lacrimógenas lanzadas, sin distingo alguno, del avance de los funcionarios y de la artillería, las personas que permanecen en el segundo cordón se dedican a la logística y al auxilio del primero. En este punto entran las piedras y cualquier objeto que pueda infringir daño al oponente.

Hombres y mujeres sacan piedras de donde quiera (adoquines, aceras, de las sectores verdes), cualquiera es buena para los propósitos de ganar la guerra. Muchas son dispuestas en gaveras de plástico que están atadas a motocicletas y luego son trasladas al primer frente. La caballería urbana tiene su papel bien delimitado en este juego de poderes. 

A la distancia se observan las bombas molotov cayendo en el sector contrario, así como una lluvia constante de gases lacrimógenas, que son ahogadas por los manifestantes al lanzarlas al río Guaire, ese mismo que recoge las aguas servidas de la ciudad capital y que ya ha sido trinchera de manifestantes en dos oportunidades en el mes que acaba de pasar, ante la asfixia inminente por los gases. 

 

Decenas de funcionarios son desplegados en cada jornada de protesta.

![Caracas, escenario de juegos de guerra](https://panorama.com.ve/app/uploads/b0cfda49801343a4.jpeg)

 

Ante el retroceso del piquete oficial se escuchan aplausos que recorren la autopista. En este punto no hay gritos, ni consignas, solo espectadores abstraídos en esta realidad que ha tomado a la importante vía cada tarde de concentración y marcha. Entre los presentes no hay miedo, a pesar que cada cierto tiempo se observa el retroceso —en brazos de amigo e incluso cargada— de alguna persona afectada por los gases o herida por algún objeto que ha surcado los cielos, en cualquier dirección. 

De vez en vez los gritos y las carreras toman por sorpresa a los más distraídos. Cuando los funcionarios del Estado logran el avance, los otros corren en busca de refugio y de colocar distancia ante los temibles gases y una detención. En este instante cobran mayor importancia las alcantarillas, árboles, vigas dispuestos en medio de la vía. Más de un marchista queda atrapado en su propia trampa, al momento de la huída. 

Del otro lado, del lado verde, también hay bajas, lesionados, como lo han reconocido a medios de publicación nacional los integrantes del grupo de paramédicos de la UCV, que asisten a los caídos en estas manifestaciones. El pasado 26 de abril el ministro de Interior, Justicia y Paz, Néstor Reverol, informó que dos funcionarios de la GNB resultaron heridos con arma de fuego en el Distribuidor Altamira, al finalizar la tarde. 

Mientras se desarrolla este tira y dame entre las dos partes en pugna, se escuchan los gritos de Aura Zambrano, ama de casa, que vive en el barrio Campitos, de Petare. Ella acudió a la marcha acompañada de sus hijos y vecinos, quienes están en el primer frente. “Pa’ lante, pa’ lante. No se queden atrás. Si todos vamos hacia adelante no podrán con nosotros, a juro se tienen que quitar”, aúpa la mujer de 53 años.

Reconoce estar harta de la carestía a la que la ha sometido este gobierno. Admite amar al presidente Hugo Chávez, pero no a su “hijo”. Por eso no teme estar presente en ese momento en la autopista, solo quisiera ver la retirada total de las tanquetas y el pase de los marchistas. Está cansada de no llegar al final de la movilización, no le importa “tragar bombas lacrimógenas”.

 

Grupos de manifestantes contemplan los enfrentamientos.

![Caracas, escenario de juegos de guerra](https://panorama.com.ve/app/uploads/ed4baeae4e59a5b9.jpg)

 

A su lado se encuentra María Contreras, sentada a muy pocos metros, en el mismo muro que sirve de banco. Con absoluta franqueza dice: “ya este cuerpo ha pasado por mucho miedo”. La mujer perdió a un hijo en un atraco y sufrió el secuestro de una hija, quien está a pocos días de irse del país. 

Desde el 2002 manifiesta en contra del proceso revolucionario y solo aspira a un mejor futuro para su nieta. La rabia que le tiene a los funcionarios es mayor que su miedo. Los sabe “capaces de todo”, por eso busca piedras entre escombros y la vegetación que bordea la autopista, “para ayudar a esos muchachos, por lo menos con eso”. 

“En la marcha del 19 de abril unos guardias me robaron y uno de ellos me dio una patada en el omoplato, me imagino que no me quiso hacer mucho daño, porque si no me parte la espalda”, afirma la mujer con indignación. Ese día perdió su dinero, teléfono y documentos. Después de eso tuvo que saltar un nivel de la autopista, luego que vio a un señor hacerlo. “Eso no se hace por valentía, sino por miedo”, afirma. 

Pocos después le toca bajarse del muro y emprender la retirada, los funcionarios han vuelto a ganar terreno y las bombas caen a metros de ella. A su lado también se va Aura, a través de un boquete abierto por los manifestantes, detrás de una valla publicitaria, una nueva ruta de escape que no existía los días anteriores. 

A su paso una funcionaria dice sonreída: “siempre se van rápido”, mientras Kimberly celebra la nueva ruta: “Esto es lo mejor que han hecho, así las motos no nos pueden perseguir”, dice.

Al finalizar el día el parte de guerra de Salud Chacao es claro: 45 heridos producto de una nueva jornada, según el alcalde Ramón Muchacho. En un mes son más de 300 personas las afectadas y un joven de 20 años fallecido, Juan Pablo Pernalete. 

Atrás quedó el remendado cerco de la base aérea La Carlota, ultrajado dos veces, y las denuncias de disparos a quemaropa contra los funcionarios de seguridad del Estado, ya los marchistas se reagruparán para un nuevo llamado.

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**Fuente:** https://panorama.onl/politicayeconomia/Caracas-escenario-de-juegos-de-guerra-20170503-0098.html
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