# La princesa y la sal

> Érase una vez una vez un rey orgulloso que vivía con sus tres hermosas hijas. Un día les preguntó cuánto lo amaban. La hija mayor respondió:   —Te amo más que el oro y la plata.   La segunda hija respondió:   —Te amo más que a los diamantes, rubíes y perlas.   La

Por Diario Panorama · 3 de febrero de 2019 · Pitoquito

![La princesa y la sal](https://panorama.onl/app/uploads/9b0213215730b29e-1.jpg)

Érase una vez una vez un rey orgulloso que vivía con sus tres hermosas hijas. Un día les preguntó cuánto lo amaban. La hija mayor respondió:

 

—Te amo más que el oro y la plata.

 

La segunda hija respondió:

 

—Te amo más que a los diamantes, rubíes y perlas.

 

La hija menor respondió:

 

—Te amo más que a la sal.

 

El rey se enojó con su hija menor por comparar su amor con una especia común, y la desterró.

 

Una anciana cocinera de la corte, lo había escuchado todo y acogió a la princesa, enseñándole a cocinar y cuidar de su humilde cabaña. La joven era una buena trabajadora y nunca se quejó. Aun así, cada vez que pensaba en su padre, le dolía el corazón por haber malinterpretado su amor.

 

Muchos años después, el rey convocó a los más nobles y ricos a un banquete en celebración de su cumpleaños. Cuando la hija menor del rey se enteró de la noticia, le pidió a la anciana cocinera que le permitiera cocinar para el rey y los invitados.

 

El día de la majestuosa fiesta, se sirvió un exquisito plato tras el otro hasta que no quedó espacio en la mesa. Todo estaba preparado a la perfección, y todos los asistentes elogiaron a la cocinera. El rey esperaba ansioso su plato favorito el cual lucía delicioso, pero al probarlo se llenó de ira:

 

—Este plato no tiene sal — dijo—, tráiganme a la cocinera.

 

Entonces la hija menor se presentó ante su padre quien sin reconocerla le preguntó:

 

—¿Cómo puedes olvidar ponerle sal a mi platillo favorito?

 

La joven princesa le respondió serenamente:

 

—Un día desterraste a tu hija menor por comparar el amor con la sal. Sin embargo, tu cariño le daba sabor a su vida, así como la sal le da sabor a tu plato. Al escuchar estas palabras, el rey reconoció a su hija.

 

Avergonzado, le suplicó que lo perdonara y aceptara regresar al palacio. Nunca más volvió a dudar del amor de su hija.

 

Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.

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**Fuente:** https://panorama.onl/pitoquito/la-princesa-y-la-sal-20190203-0800.html
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