# Subsidios monstruosos

> Como ciudadanos pocas veces nos preguntamos de dónde provienen los recursos para que recibamos algunos bienes y/o servicios a precios de regalo o cuánto gasta el Estado para suministrar un litro de gasolina por pocos centavos de bolívares. No quisiera ahondar sobre las características sociológicas que hacen posible esta conducta arraigada en el venezolano, pero

Por Óscar Morales (Economista)  [email protected] · 11 de julio de 2015 · Opinión

Como ciudadanos pocas veces nos preguntamos de dónde provienen los recursos para que recibamos algunos bienes y/o servicios a precios de regalo o cuánto gasta el Estado para suministrar un litro de gasolina por pocos centavos de bolívares. No quisiera ahondar sobre las características sociológicas que hacen posible esta conducta arraigada en el venezolano, pero sí quisiera acercar algunos números que ilustren las dimensiones exorbitantes por concepto de subsidios que realiza el Estado anualmente. 

En una investigación de este mismo diario (“Subsidios en Venezuela pasan de los 50 millardos de dólares al año”)  da cuenta de algunas cifras que en cualquier país del mundo alertaría sobre sus amenazas, se debatiría sobre su sostenibilidad y se discutiría sobre su racionalidad.

La mencionada investigación revela que para el año 2014 los subsidios alcanzaron la cifra de  50.000 millones de dólares. Leído de esta manera quizás no le genere al lector ninguna impresión, pero si se lee los números comparados con otros parámetros probablemente sí cause asombro. Por ejemplo, hace pocos días, Pdvsa publicó que sus ingresos generales a mitad del presente año fueron 59.180 millones de dólares. Y al 29/10/2015 nuestras reservas internacionales eran de 15.123 millones de dólares. De esta forma se evidencian dos conclusiones: Para cumplir con el pago de subvenciones totales, Pdvsa utilizaría casi todos los ingresos del primer semestre o se necesitarían un poco más de tres veces la cantidad de nuestras reservas internacionales.

Ciertamente, es necesario los auxilios a la población más vulnerable, es fundamental la ayuda directa a los estratos de la población de ingresos bajos, sobre todo en la coyuntura actual esto no es condenable en ningún sentido. Lo que se critica con insistencia es mantener unos subsidios regresivos, ineficientes y distorsionantes, como por ejemplo destinar aproximadamente 15.000 millones de dólares anuales para el subsidio en la gasolina, 7.000 millones de dólares en energía eléctrica o más de 3.000 millones en el otorgamiento de dólares viajeros preferenciales.

Es evidente que estos desembolsos no están dirigidos al segmento de los más pobres. Reitero, el subsidio no es perjudicial por sí mismo, la perversidad está hacia dónde y a quiénes se le asigna. Estudios conservadores advierten que de continuar este ritmo de subvenciones, fácilmente al cierre de año la República tendrá un déficit de divisas cercanas a los 23.000 millones de dólares, y esto sería un gran “boquete deficitario” que difícilmente podrá ser sanado sin dolores ni costos económicos, políticos y sociales enormes a la población.

En el escenario actual conociendo las condiciones económicas adversas que seguramente van a impedir un mayor flujo de ingresos a las arcas del Estado que reduzca el déficit fiscal y que contribuya a atenuar las pesadas cargas financieras que se tienen adquiridas, es necesario sincerar el uso de los recursos fiscales, es imprescindible convocar a un tratamiento disciplinado de nuestras finanzas, debe primar la responsabilidad en la administración de la hacienda pública porque si no se agravará la crisis económica que vivimos y seguirán pagando caro los de siempre: los más desposeídos.

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**Fuente:** https://panorama.onl/opinion/subsidios-monstruosos-20151106-0113.html
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