# Prioridad, lo económico

> No obstante la dramática pesadilla e irresistible del fenómeno de  la hiperinflación, que mantiene la vida en un hilo, el liderazgo político sigue enfocado en los intereses particulares de sus organizaciones partidistas. La lucha es por la supremacía de un polo u otro. Por la captación de adeptos y para imponer las bondades de sus

Por Félix Cordero Peraza  Analista · 28 de julio de 2018 · Opinión

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No obstante la dramática pesadilla e irresistible del fenómeno de  la hiperinflación, que mantiene la vida en un hilo, el liderazgo político sigue enfocado en los intereses particulares de sus organizaciones partidistas. La lucha es por la supremacía de un polo u otro. Por la captación de adeptos y para imponer las bondades de sus estrategias y proclamas. Aunque en este campo, la suerte está echada – alrededor del 70% oposición 30% gobierno – la guerra continúa por la mantenencia de estos porcentajes. La política es la guerra por medios pacíficos. La comunicación modifica el comportamiento de otros individuos; la política es el arte de gobernar o el modo de conducir un asunto y la comunicación política es toda aquella que  afecta la distribución de poder dentro de la sociedad. Los partidos políticos son los instrumentos de participación fundamental en los sistemas democráticos. Son los medios para luchar por el poder civil en las naciones de régimen de libertad, legalidad e institucionalidad.     Entendemos que organizaciones fuertes son sinónimos de democracias fuertes. De contra vía, débiles partidos generan sistemas políticos raquíticos y democracias endebles. Propensas a la implantación de dictaduras y regímenes totalitarios. Sin embargo, los partidos deberán estar en sintonía y ser expresión de las demandas y calamidades de la población.  Vinculados a sus necesidades más caras y a sus tragedias más sentidas. Son, en otras palabras, la prioridad y causa primordial del comportamiento y actividad del partido. La democracia es el poder del pueblo y para el pueblo. Su razón de ser o su objetivo de existencia. Los partidos tienen que vibrar al compás de las penurias y privaciones de la gente. Pero lo que observamos son esfuerzos y energías dedicadas a lo interno de las organizaciones. Mientras, la población sigue encerrada en la crisis económica.     El gobierno, principal culpable de esta situación, no tiene capacidad para resolver el problema. Embarcado y hundido en una seguidilla de propuestas y ofrecimientos incumplidos y ahogado en una trama de ataques muchos de los cuales salen de los mismos grupos oficialistas. Críticas contundentes de culpabilidad se han generalizado y con ellas surge la confusión y la duda en las mismas filas gubernamentales. Vivimos tiempos de incertidumbre e irresolución, que cargan acuesta hondos problemas de alimentación, vida y bienestar.  Como si esto fuera poco, el  FMI  predice una inflación al final de año, de hasta un 1.000.000% y una contracción del PIB del 18%. La imagen que da el gobierno a sus conciudadanos es de insolvencia en la carrera de resolver los problemas. Pura ideología y promesas no cumplidas. Le quedaron grandes las necesidades de la gente. (…)       Los partidos poseen poca credibilidad y la desconfianza en ellos ha incrementado exponencialmente. Hoy es crítica la conexión entre el partido y la masa popular. Desprestigiados, como en las décadas del 80 y 90 se refugian entre sus paredes y a lo interno gastas sus mejores recursos. Se pudiera afirmar con conocimiento de causa que la mayoría de ellos están en crisis. La gente no les ve ni sienten que les acompañan en sus calamidades. Lejos de capitalizar sus luchas reivindicativas y escoltar sus penurias y carencias se conforman con saludos a la bandera proclamando su respaldo y apoyo mediático.

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**Fuente:** https://panorama.onl/opinion/prioridad-lo-economico-20180727-0072.html
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