# Petróleo, café  y cacao

> Revisando algunas cifras del flujo comercial mundial podemos encontrarnos que la mercancía más comercializada en el mundo es el petróleo, seguido del café, y el cacao también es uno de los  productos más consumidos en el mundo. ¿A qué viene el comentario? A nuestras oportunidades desaprovechadas y dolorosamente desperdiciadas. Brevemente y para no ser repetitivo,

Por Óscar Morales Economista  omoralesrodriguez@gmail.com · 18 de agosto de 2016 · Opinión

![Petróleo, café  y cacao](https://panorama.onl/app/uploads/e3869e8d700f7368.jpg)

Revisando algunas cifras del flujo comercial mundial podemos encontrarnos que la mercancía más comercializada en el mundo es el petróleo, seguido del café, y el cacao también es uno de los  productos más consumidos en el mundo. ¿A qué viene el comentario? A nuestras oportunidades desaprovechadas y dolorosamente desperdiciadas.

Brevemente y para no ser repetitivo, podemos decir que antes del nacimiento de la industria petrolera, la base de la economía nacional fue la producción agrícola, donde el café y el cacao eran protagonistas. Llegó el “oro negro” y cambió la historia. Fin. 

En estos tiempos, en los cuales se hace más notoria nuestra aguda dependencia del petróleo, donde es más fácil “ver las costuras” de nuestro modelo rentístico petrolero, y al mismo tiempo, la depresión económica nos ruega pensar cómo es posible sobreponernos a este trance sinfín, es cuando advertimos —con lamento— nuestras enormes potencialidades no germinadas, y finalmente llegamos a la interrogante que lo resume con simpleza y precisión: “siendo tan ricos, ¿por qué somos tan pobres?”.

Imaginemos por un momento que entre octubre y marzo nuestros suelos montañosos andinos estuvieran rebosantes de café; hagan el recreo mental de figurarse como salen de Biscucuy, Boconó, Humocaro, Sanare, Carache, Pampán y Santa Cruz de Mora miles de camiones cargados con toneladas de café para la distribución nacional y hacia los puertos marítimos para su exportación; hagamos el ejercicio de esbozar una industria cafetalera competitiva y que hablen en todo el mundo del aroma de nuestro moca. ¡Fascinante!

Ahora intenten fantasear dibujando a Curiepe, Ocumare de la Costa, Caucagua, Río Caribe, Irapa y Chuao contando con una mejor infraestructura, servicios básicos y toda la asistencia técnica agronómica  necesaria para expandir la industria cacaotera; entretengamos la mente dibujando imágenes de jabones, champú, cosméticos, licores y confiterías elaboradas con cacao venezolano que las consuma un japonés, un australiano o un canadiense. ¡Fantástico!     Una verdad de Perogrullo es que si hubiésemos mantenido la importancia y el valor de estos dos productos en nuestra producción nacional, el desarrollo socioeconómico sería bárbaro, sería otra Venezuela, qué duda cabe.  

Pareciera que somos más ricos en corrupción, cálculos políticos, debilidad institucional, intereses personales, improvisación, desacuerdos  en una estrategia integradora nacional, en aplicar la ley del menor esfuerzo y en mezquindades politiqueras. Y al contrario, aparentemente somos pobres en disciplina, productividad, innovación, valor agregado, estimación de la educación para superar la pobreza y en converger en una visión estratégica como país.

Algunos dicen que la esperanza es lo último que se pierde, otros están convencidos que es el orgullo. Sin embargo, yo prefiero creer que es la fe y no desprenderme nunca de ella, quizás sea más abstracta, pero es más poderosa, afirman otros. }

Tengo fe en los miles de agricultores, que pese a todo el contexto adverso, aún apuestan en el campo venezolano sin fatiga y con pasión admirable; tengo fe que pronto se elevará la relevancia de diversificar nuestra economía y nos consagraremos a ello; tengo fe en todas las iniciativas de emprendimiento que intenten dedicarse a las actividades cafetaleras, cacaoteras y todas aquellas no petroleras. 

Y por supuesto, también tengo fe en que algún día veremos mejores frutos de contar con una industria petrolera. Siento esa fe definida en el libro de Hebreos como “la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve”, pero al menos sembremos y apelemos a la racionalidad, lógica, trabajo, esfuerzo y sentido común.

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**Fuente:** https://panorama.onl/opinion/petroleo-cafe-y-cacao-20160817-0096.html
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