# Para dominar no se improvisa

> Oscar Morales / Articulista / omoralesrodriguez@gmail.com Una de las formas más comunes de evaluar la ejecución de los planes, programas y proyectos, es determinando si se procedió conforme al propósito original que se persigue. Es decir, sin importar los medios -y ni siquiera valorar si la intención de sus objetivos es moral o perversa- se

Por Oscar Morales / Articulista / omoralesrodriguez@gmail.com · 7 de junio de 2017 · Opinión

**Oscar Morales / Articulista / omoralesrodriguez@gmail.com**

Una de las formas más comunes de evaluar la ejecución de los planes, programas y proyectos, es determinando si se procedió conforme al propósito original que se persigue. Es decir, sin importar los medios -y ni siquiera valorar si la intención de sus objetivos es moral o perversa- se estima la efectividad, evaluando si los objetivos propuestos se van consiguiendo. Por ejemplo, una vez consumados los hechos de un proyecto político cualquiera, que se empeñó en perfilar un orden económico profundizador de la dependencia estatal de sus ciudadanos, no es adecuado analizarlo a través de consideraciones valóricas personales sobre si es provechoso o perjudicial para esa sociedad esas intenciones, sino al contrario, lo correcto sería preguntarse si finalmente ha logrado supeditar a esa población a los designios del Estado o se frustró la idea original.

En concreto, si realizamos un diagnóstico del plan gubernamental actual bajo la lógica de este razonamiento, podríamos deducir que han sido altamente efectivos en la consecución de sus aspiraciones y/o propósitos fundamentales. Pues, su modelo económico socialista –siempre proclamado sin cortapisas- se ha estado construyendo bajo las premisas que han pretendido: centralización, opresivos controles en todos los ámbitos, altas cargas genéticas de colectivismo prehistórico, omnipresencia del Estado que ‘hiperregula’ todas las relaciones de la vida nacional, y en definitiva la imposición de una visión de la sociedad que implica la subordinación del individuo  a los órganos estatales paulatinamente sin detenerse en componentes morales. 

Sus deseos están bien definidos. El método de organización sociopolítica que intentan incrustarnos hasta el último tejido social no es improvisado. El sistema económico que pretenden enquistarnos no son desatinos ingenuos, aún más, decir que es un disparate sus proposiciones no sirve de nada o declarar que sus decisiones son actos alucinados mucho menos, puesto que su propuesta programática la están alcanzado –con locura o sin ella-, y están poniendo en marcha uno a uno los objetivos concebidos con sus respectivos cálculos de las consecuencias. 

El sostenimiento de esta  trama es ejecutada premeditadamente, de tal manera que propician, mantienen y defienden las condiciones para desaparecer el Estado de Derecho. No se plantea nada que huela a economía moderna o competitiva porque su idea esencial es el primitivismo económico. No está en su hoja de ruta despertar un flujo de conciencia moral y ética porque –aunque se lea absurdo hoy- a donde apuntan es hacia la anulación del libre albedrío y/o la pérdida del valor moral de la libertad para aterrizarnos en el “caserío” de la simple sumisión ciudadana obediente y controlada. A la luz de los hechos, ni los intentos de predicciones provocan reflexión de los efectos mediatos e inmediatos, porque el menú para la preservación del poder ya está firmado y sellado. Aunque se adviertan barbaridades en sus decisiones, ese accionar guarda su precisión. Créanlo, no hay improvisación cuando se quiere dominar.

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**Fuente:** https://panorama.onl/opinion/para-dominar-no-se-improvisa-20170706-0027.html
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