# OPINIÓN// «Justicia y paz: Venezuela y Colombia», por Beatriz Pérez Soto de Socorro

> Frecuentemente, hacemos uso de la palabra “crisis”, refiriendonos al deterioro orgánico y funcional de estructuras económicas, sociales o políticas. Tal concepción es válida también para analizar fenómenos que involucran cambios inexorables en el desarrollo de aspectos inherentes a procesos vitales, aceptando que toda crisis es oportunidad para logros perfectibles, permitiendo una visión optimizada tras manejo

Por Beatriz Pérez Soto de Socorro / Abogada y articulista / desocorro@cantv.net · 4 de septiembre de 2015 · Opinión

Frecuentemente, hacemos uso de la palabra “crisis”, refiriendonos al deterioro orgánico y funcional de estructuras económicas, sociales o políticas. Tal concepción es válida también para analizar fenómenos que involucran cambios inexorables en el desarrollo de aspectos inherentes a procesos vitales, aceptando que toda crisis es oportunidad para logros perfectibles, permitiendo una visión optimizada tras manejo inteligente de hechos, obviando elementos nocivos actuantes en configuración de crisis.

Hoy, con fe y esperanza, nuestro pueblo confía en solucionar problemas, encontrando caminos viables que se irán definiendo. El pueblo venezolano es paciente, mas no indiferente. 

Esas inquietudes surgidas en Venezuela han levantado una opinión publica que clama a gritos por la adopción de medidas que combatan corrupción, delincuencia, contrabando, paramilitarismo,  inseguridad, bachaqueo; peligros estos que acechan y destruyen día a día esta ruta de frontera,  y que exige seguridad, desarrollo e integración. El escenario para su aplicación es el ámbito del municipio fronterizo. Los poderes públicos, las instituciones, y la mayoría de la población venezolana, mantienen una deuda historica con quienes habitan en la frontera, por ende es preciso dotar a estas regiones y a sus pobladores de un marco legal sólido, seguro, como impulso para el desarrollo sustentable, para la seguridad y la integración de la frontera, elaborando una agenda de problemas comunes para soluciones puntuales en el desarrollo regional fronterizo, con temas que afecten o beneficien el proceso de integración entre Venezuela y Colombia, con seguridad para personas y bienes, y respeto de los derechos humanos. 

Como toda vecindad dinámica, la de Venezuela y Colombia oscila continuamente entre imperiosas necesidades de acercamiento y cooperación. Ademas,  cada día se torna más caliente, y esa temperatura la aumenta la acción incontrolable de la guerrilla narcodelictiva y el hampa común. La suma de esos factores crean estados emocionales que dificultan la búsqueda y hallazgo de estrategias globales orientadas al acercamiento transparente, sin reticencias, de las regiones fronterizas y de ambos países en totalidad.

En Zulia y Táchira,  zonas fronterizas, se involucra un acelerado intercambio comercial y humano, divisible en dos estratos: gente que ingresa al país a trabajar honestamente, y gente que ha hecho del delito su modus vivendi, generando problemas que Venezuela aspira controlar. En el proceso de acercamiento es fundamental para que sea exitoso, respeto a los acuerdos, tratados y convenios de ambos. Los problemas actuales de perturbación en Venezuela, han dado paso a que el Gobierno venezolano tome medidas energicas que implican un teatro de operaciones, con cierre de fronteras, y holgada dotación humana. El escenario montado tiene desenlaces imprevisibles.

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**Fuente:** https://panorama.onl/opinion/opinion-justicia-y-paz-venezuela-y-colombia-por-beatriz-perez-soto-de-socorro-20150904-0060.html
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