# OPINIÓN// Herbert Silva: El dueño del balón…

> El dueño del balón, siempre fue un problema en nuestra niñez. Quién no jugó voleibol, fútbol o baloncesto y a mitad del juego, el dueño del balón —que por supuesto estaba perdiendo— decide llevárselo a su casa. Es una actitud propia de un niño malcriado, pero sobre todo, egoísta. Y permítanme una joda, amigos lectores,

Por Panorama · 3 de diciembre de 2015 · Opinión

El dueño del balón, siempre fue un problema en nuestra niñez. Quién no jugó voleibol, fútbol o baloncesto y a mitad del juego, el dueño del balón —que por supuesto estaba perdiendo— decide llevárselo a su casa.

Es una actitud propia de un niño malcriado, pero sobre todo, egoísta. Y permítanme una joda, amigos lectores, pero: ¿será que acaso nuestros políticos eran dueños del balón cuando chiquitos? ¿O es un exceso mío asumir que todos son como muchachitos malcriados y egoístas? 

Para intentar salir de estas dudas razonables, les propongo entonces un ejercicio premonitorio, y nos visualicemos al amanecer del lunes 7 de diciembre en una cancha de fútbol. En una mitad, estará el ganador de la mayoría de la asamblea nacional, con el balón debajo del brazo y, en la otra, estará el país entero expectante —incluyendo al bando perdedor—. 

En ese momento, por supuesto, habrá un cansancio extremo luego de meses intensos de pre y campaña electoral. Los resultados seguramente serán apretados y asistirá la rabia, la resignación y la desesperanza en la mitad de la cancha perdedora. Pero el juego debe continuar y lo haremos preguntándole a los ganadores: ¿Qué les dirán a sus seguidores con respecto a sus primeras decisiones?, pero con mayor prontitud: ¿qué le propondrán a los que fueron sus acérrimos opositores y que están del otro lado cabizbajos? ¿Los atraerán o repelerán con iracundia y revancha?

Y es aquí donde nosotros los ciudadanos debemos cuidar celosamente con nuestra actitud colectiva que el discurso y la acción no se divorcien. Porque “retener” o “retomar” el poder —según sea el caso—, puede ser caldo de cultivo para que se despierten los demonios, se pierdan los nortes y la brújula comience a dar vueltas hacia terrenos movedizos, de los cuales luego no será fácil salir. 

Volviendo al 7 de diciembre con las dos medias canchas llenas de gente y, sobre todo atiborradas de esperanzas por un país menos enrarecido, distorsionado y más asequible y decente para todos, es necesario exigir un acto de fe a los ganadores para que los perdedores sean incluidos en el discurso y en sus primeros movimientos tácticos como mayoría parlamentaria.

Sin ánimos de ser pájaro agorero, corremos el altísimo riesgo de convertirnos en un país ingobernable si eso no ocurre. La polarización extrema que padecemos debe ser atacada desde ese mismo día. Ya está bueno de blancos y negros. De modelos irreconciliables. ¿Dónde queda el país?… El daño está hecho y debemos salirle al paso a ese terrible error. Ese daño ha sido inmenso y no hay alternativas de recuperación si no es en el marco del entendimiento o, para ser más precisos, en el marco de “acuerdos basados en la negociación”… 

Es sencillo: No hay espacios para muchachitos llevándose el balón. Llegó la hora de los políticos de verdad y de la buena política. Aquella que se maneja sin resquicios para las huídas. Aquella que hurga en el contexto que nos agobia y lo deshoja para sacudirlo y moverlo hacia un mejor escenario, pero metiéndosele adentro al propio monstruo. Es la política sensata que deberá sentar en una misma mesa al gobierno, oposición, sector privado y público para “negociar” en todo aquello que permita destrancar el juego. Sin show televisado. Sólo con hombres y mujeres subiéndose las mangas, no para pelear, sino para trabajar. 

Y no debemos tenerle miedo a esa palabra. “Negociar” no significa dejarte doblar ni doblarle las rodillas a nadie. Negociar significa llegar a acuerdos sin violar principios, inclusive en elementos sensibles como el económico en el marco de ambos modelos en pugna; se nos va la vida y el futuro inmediato en ello…

Se me ocurren algunas ideas de “negociación” que, desde el mismo lunes 7 de diciembre, se pudiesen comenzar a acordar para allanar el camino a la conformación de la directiva y de las principales comisiones permanentes en enero de 2016: (1) La presidencia y la primera vicepresidencia de la AN queda en manos del ganador.

La segunda vicepresidencia, al perdedor. (2) La presidencia de la comisión permanente de finanzas, al ganador y la vicepresidencia, al perdedor. Las doce subcomisiones repartidas proporcionalmente según su importancia e incluyendo a las fuerzas independientes. (3) La comisión de contraloría debe regresar a la oposición. El gobierno no puede seguirse pagando y dando el vuelto; es lo natural. (4) La presidencia de la comisión permanente de defensa y seguridad, debe estar en manos del gobierno; también es lo natural. 

No es casual que proponga está conformación inicial. Es necesario que esas mesas de trabajo queden pluralmente constituidas. Y es que desde hace unos 15 días decidí no seguir con rigurosidad el rumbo de las encuestas, porque estoy convencido que nuestro electorado es más emocional que pragmático.

En tal sentido, no quiero jugar posición adelantada con respecto al posible ganador, sin embargo, en mi opinión creo que será una elección cerrada, con una abstención de al menos 35% y con una diferencia no mayor del 8% en el voto lista (mal llamado voto popular) y de un 5% en diputados totales. Como verán, en ese escenario, y sin importar quien gane, no queda más alternativa que retomar la buena política con un sentido nacional y de país, sin egoísmos y sin posibilidad de que el dueño del balón, decida llevárselo a su casa cuando le dé la gana…

 

 

**Herbert Silva Escritor y analista político @herbertsilvam Herbert.silvam@gmail.com**

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**Fuente:** https://panorama.onl/opinion/opinion-herbert-silva-el-dueno-del-balon-20151203-0042.html
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