# Mirar a Ecuador

> Santiago Mayor  Articulista  @SantiMayor  El próximo domingo 19 de febrero se realizarán elecciones presidenciales en Ecuador. Además de los destinos del país sudamericano, se pone en juego allí gran parte del futuro de la región. Durante el último año y medio, en términos políticos y electorales, los sectores progresistas y de izquierda de América Latina

Por Panorama · 17 de febrero de 2017 · Opinión

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**Santiago Mayor  Articulista  @SantiMayor**

 El próximo domingo 19 de febrero se realizarán elecciones presidenciales en Ecuador. Además de los destinos del país sudamericano, se pone en juego allí gran parte del futuro de la región. Durante el último año y medio, en términos políticos y electorales, los sectores progresistas y de izquierda de América Latina han sufrido golpes que tuvieron su punto más alto con la victoria de Mauricio Macri en Argentina en noviembre de 2015. A esto se sumaron los reveses de las legislativa venezolanas en diciembre de ese mismo año y el triunfo del “No” en el referéndum por la reforma de la Constitución Boliviana en febrero de 2016.

Como corolario de estos acontecimientos, el golpe de Estado parlamentario en Brasil terminó de completar un panorama que llevó a algunos analistas a anunciar un fin de ciclo en América Latina. Es decir el cierre de un período de gobiernos populares para abrir paso a una etapa donde sectores conservadores, ligados al establishment y con buenas relaciones con EE UU retoman el control de los gobiernos.

En ese contexto se enmarca la elección ecuatoriana donde el candidato oficialista, Lenin Moreno, busca revalidar el apoyo a la Revolución Ciudadana encabezada hasta ahora por Rafael Correa. En la vereda de enfrente aparece el banquero y empresario Guillermo Lasso, representante de los sectores tradicionales y conservadores del país. 

Desde el comienzo de la campaña electoral las encuestadoras poco han variado en sus pronósticos. Todas ubican en primer lugar a Lenin Moreno, seguido de Lasso y en tercer lugar Viteri. Sin embargo —y teniendo en cuenta que las consultoras se han equivocado y mucho el último tiempo— esto no implica que la elección esté resuelta.

Para obtener la victoria en las presidenciales ecuatorianas se debe superar el 50% de los votos o sacar más del 40% y 10 puntos de diferencia con la segunda fuerza política. Siempre según las encuestas, Moreno no alcanzaría ese porcentaje por lo que sería necesario un ballotage el 2 de abril. En ese caso los sondeos arrojan que la suma de lo votos opositores darían el triunfo al candidato de la derecha.

En este sentido es clave el rol que jueguen los “indecisos” que superan el 10% del electorado pudiendo torcer así el resultado de los comicios.

El panorama es similar al vivido en Argentina. Como señaló el analista Alfredo Serrano Mancilla “se pone en tela de juicio la cuestión de la sucesión después de fuertes liderazgos”. Y recordó que “la apuesta [de Daniel] Scioli no salió bien”. Y ahora en Ecuador, “la Revolución Ciudadana tiene el desafío de ganar sin Correa como candidato”.

La votación presidencial ecuatoriana inaugura una serie de elecciones que se realizarán en la región que pueden terminar de configurar el nuevo escenario. Tanto la idea de fin de ciclo -hoy cuestionable debido a la persistencia de gobiernos como el de Evo Morales en Bolivia y Nicolás Maduro en Venezuela- como la de un resurgimiento progresista.

Luego de Ecuador habrá elecciones presidenciales y legislativas en Chile (19 de noviembre) al igual que en Honduras (26 de noviembre). Previamente, en octubre, Argentina también realizará legislativas.  Lo que suceda en los distintos procesos electorales, sin duda tendrá repercusión en el resto del continente. Particularmente en aquellos donde se elija presidente ya que, como se puede apreciar, una derrota legislativa como la que se dio en Venezuela no necesariamente modifica sustancialmente el escenario.

Es así que no será lo mismo si Lenin Moreno gana en Ecuador, la Nueva Mayoría de Michelle Bachelet revalida en Chile y el frente opositor liderado por el ex presidente Manuel Zelaya hace lo propio en Honduras. Resultados adversos implicarían la caída de un proceso de cambio como el ecuatoriano, el regreso de la derecha pinochetista chilena y la ratificación definitiva de los golpistas hondureños.

Por otra parte si en 2018 el Partido de los Trabajadores recupera el gobierno en Brasil, Andrés Manuel López Obrador hace una buena elección en México y Nicolás Maduro continúa al frente de Venezuela la región habrá dado por tierra con las teorías del fin de ciclo. Las posibilidades están planteadas. No hay un destino prescrito.

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**Fuente:** https://panorama.onl/opinion/mirar-a-ecuador-20170217-0017.html
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