# Los sentimientos del futuro

> Los funcionarios responsables de la dirección política y económica del país viven en una  desconexión de la realidad. Por estos días, relatarle al ciudadano una  hilera de fantasías e historias de ensueño causa indigestión, pocos lo asimilan. Atrás quedó esa construcción del ‘hombre nuevo’ que no ha podido operacionalizarse –hasta ahora- en ningún lugar del

Por Óscar Morales Economista [email protected] · 21 de octubre de 2016 · Opinión

![Los sentimientos del futuro](https://panorama.onl/app/uploads/3c074784cd20226a.jpg)

Los funcionarios responsables de la dirección política y económica del país viven en una  desconexión de la realidad. Por estos días, relatarle al ciudadano una  hilera de fantasías e historias de ensueño causa indigestión, pocos lo asimilan. Atrás quedó esa construcción del ‘hombre nuevo’ que no ha podido operacionalizarse –hasta ahora- en ningún lugar del orbe. Mucho más atrás rezagado en el fondeadero flaquearon los argumentos morales y éticos encauzados a confeccionar instituciones transparentes y una sociedad abrigada de confianza por la gestión de sus representantes gubernamentales. Aunque se lea hiriente y mordaz, aparentemente el sentido moral también está muriendo y no por causa natural, si no por homicidio intencional. Sencillamente se expandió todo lo que se prometió reducir y se redujo todo lo que se comprometió expandir. Seguimos con nuestra carencia de visión atascada en el siglo pasado (o más atrás), sin una política industrial concordada, sin estrategia energética, sin proyecto país, en definitiva, sin una estrategia de desarrollo que nos conecte en el contexto global. Nos dejamos empujar por los eventos coyunturales que nos absorbe, seguimos muchas veces los impulsos de la opinión pública y sucumbimos a lo que se denomina la tiranía del corto plazo que ahoga en el presente y no permite que veamos con planificación estratégica el futuro e inexistente perspectiva de largo plazo.   Permanecemos subsistiendo con esa falta de imaginación en la ordenación de la política económica, vivimos en la negación de la inversión de los ingresos petroleros excedentarios reorientados en crear nuevas capacidades productivas que reduzcan paulatinamente la dependencia petrolera y prepararnos para que no sea una catástrofe cuando desaparezca. Tal como no hay una sola manera de interpretar el mismo objeto de estudio,  mucho menos existe una única manera de corregir los problemas. La mirada en común es más complicada de lo que los marcos de análisis habituales pueden ver. ¿Cómo calzamos la voluntad general con la individual, el interés general con el particular, los derechos colectivos y los personales? A veces, debe comprenderse que probablemente la culpa de nuestra incapacidad para convenir acuerdos generales no se debe a que   -como sociedad-  tengamos alergia a lo común, sino que es complejo concertar que las preferencias agregadas de todos los individuos sean racionales y satisfagan a todos, de hecho, en eso consiste el teorema de Arrow (Premio Nobel 1972), donde concluye que no es posible una regla de elección social que haga coincidir ordenadamente las preferencias individuales con las del conjunto de la sociedad, y que además cumplan ciertos juicios valorativos cubiertos de moral, ética y estética.   Adicionalmente, puede decirse que si se cometen arbitrariedades que minan la utilidad del voto (uno de los principales instrumentos de participación), si se le arrebata el sentido del sufragio y nos quedamos sin herramientas para dirimir las preferencias ciudadanas, entonces, ¿qué nos queda? Si nos dicen que ahora mismo estamos enterrados en la profundidad de un pantano y que esto será transitorio y superable próximamente ya pocas fuerzas quedan para creerlo, pues, esta espiral de tragedias parece interminable, es una avalancha de emociones negativas, es como una infección que se propaga, y todas las motivaciones personales son un empuje a la supervivencia, el dolor social se muestra inalterable, el sentimiento optimista del hastiado se acaba y la desesperanza es estremecimiento colectivo. Los sentimientos esperanzadores del futuro los ven  pocos. La juventud poco sueña. La tiranía del corto plazo nos domina.

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**Fuente:** https://panorama.onl/opinion/los-sentimientos-del-futuro-20161020-0084.html
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