# Lea en Opinión: Una reina, un zoológico y unos saleros

> Kurt Nagel von Jess / Cronista de Maracaibo /  A los diez años, ya escribía poesía. Se llamaba  Elisabeth, nació en el castillo de Neuwied. Casada con Karl von Hohenzollern, elegido Rey de Rumania fue la reina a lo largo de 46 años. Con el pseudónimo de Carmen Sylva, inventado al escuchar el canto de

Por Kurt Nagel von Jess · 13 de junio de 2016 · Opinión

**Kurt Nagel von Jess / Cronista de Maracaibo /**

A los diez años, ya escribía poesía. Se llamaba  Elisabeth, nació en el castillo de Neuwied. Casada con Karl von Hohenzollern, elegido Rey de Rumania fue la reina a lo largo de 46 años. Con el pseudónimo de Carmen Sylva, inventado al escuchar el canto de los pájaros unido al latin “sylva” que significa bosque, se hizo famosísima por sus rimas que fueron traducidas a varios idiomas. Además de su lengua materna, llegó a dominar el inglés, el francés, el rumano y el ruso. Tocaba el piano, pintaba y contaban que tenía una hermosa voz, ideal para recitar sus poemas. Autora de obras de teatro, de relatos, de novelas y de un libro en francés, titulado Las reflexiones de una reina, Pierre Loti, Sully Prudhomme y el mismo Vincent van Gogh, que le habló a su hermano Théo en una carta, disertaron sobre la “profundidad de pensamiento” de la reina poetisa.

Amante de la naturaleza desde pequeña, al llegar a Bucarest decidió fundar un jardín zoológico y uno botánico. Se comunicó con los representantes diplomáticos europeos en todas partes del mundo, solicitando le suministraran especímenes de sus regiones. A Maracaibo llegaron sus peticiones. Y desde aquí,  se le enviaban ejemplares de nuestra fauna y flora y allá quedó ese legado.

Uno de aquellos funcionarios regresó a su tierra. Allá su esposa maracucha,  devota de la Virgen del Carmen, tuvo una hija. Al irla a bautizar con ese nombre, el párroco, asiduo y admirador lector de la poetisa, pidió permiso para agregarle como segundo nombre el de aquel pseudónimo. Al regresar la pareja a esta ciudad, el funcionario le contó la anécdota a la reina. Esta, como signo de gratitud le envió de regalo un par de saleros de jade incrustrados en unas bases de filigrana de plata junto con sendas cucharillas del mismo metal, que eran lucidos en los pequeños banquetes con los cuales el funcionario consular agasajaba tanto a los asiduos visitantes extranjeros como a los locales que asistían a unas siempre interesantísimas  tertulias en aquél viejo hato a la orilla de nuestro lago.

Obtenida esa información y contactado a quienes las vivieron, confirmaron que aún persiste allá descendencia de aquéllos especímenes tropicales, que a finales del siglo XIX y principios del XX fueron enviados a esa ciudad desde acá. De esa manera, un tanto alegórica, se mezclaron la poseía y el amor por la naturaleza de una mujer excepcional con algunos de los mas típicos representantes de nuestra fauna y flora en una ciudad europea, dejando como recuerdo de esa época dos bellos saleros que son guardados como piezas de una romantica historia literaria.

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**Fuente:** https://panorama.onl/opinion/lea-en-opinion-una-reina-un-zoologico-y-unos-saleros-20160613-0003.html
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