# La Revolución Francesa  y su espíritu

> Hoy, 14 de julio, Día Nacional de Francia, quiero ser portadora del espíritu de la Revolución Francesa, con esos principios que le pertenecen al mundo, a la humanidad, con nuestra manera de sentir la libertad y mantener vivo su mensaje. Cuán importante ha sido su influencia hasta nuestros días, cuya consagración a la libertad del

Por Beatriz Pérez Soto  de Socorro Abogada y articulista   desocorro@cantv.net · 14 de julio de 2016 · Opinión

Hoy, 14 de julio, Día Nacional de Francia, quiero ser portadora del espíritu de la Revolución Francesa, con esos principios que le pertenecen al mundo, a la humanidad, con nuestra manera de sentir la libertad y mantener vivo su mensaje.

Cuán importante ha sido su influencia hasta nuestros días, cuya consagración a la libertad del individuo ha plasmado la gesta suprema del valor de las sociedades y la promoción de los máximos postulados: a) los hombres nacen libres, iguales, con su libertad, propiedad, seguridad y resistencia a la opresión; b) la nación es soberana y cualquier autoridad ejercida será emanada de ella; c)  la potestad de desplegar nuestra conducta en la dirección deseada, sin traspasar los límites de la esfera privada de los demás; d) la oportunidad de aspirar a cualquier cargo o empleo, con la sola condición de su ingenio y conocimiento; e) la ley establecerá los casos en que un ciudadano puede ser acusado, arrestado o detenido; f) nadie será molestado por sus opiniones, dichas o escritas. Solo responderá cuando abuse de esa libertad de acuerdo a la ley; g)  la propiedad es sagrada e inviolable.

Estos principios dan una imagen del momento político vivido y su lucha por el ideal de libertad que campea en Francia en el siglo XVIII, cuyo desenlace en 1789 propaga las ideas mundialmente, destacando el doble sentido que dan las mujeres a la Revolución.

Ocurren cambios en lo político, social y económico, pero no en la inferioridad de la mujer. Luchan por los derechos de sus maridos,  padres,  hijos, pero no por sus derechos, y en ese 1789 cuando la opinión pública prevalente era la masculina, surgen voces de hombres notables a favor del sufragio femenino, y de la igualdad de educación, obteniendo ella solo la abolición del derecho de primogenitura, que la excluía como heredera del testamento paterno, y la Ley de Divorcio de 1792. Y en materia laboral, el derecho a permanecer en trabajos netamente femeninos.

Surgen en ese ambiente político, Carlota Corday, con sus ideas fijas y absolutas. Madame Roland y su frase “Oh libertad, cuantos crímenes se cometen en tu nombre“. Olimpia de Gouges, a quien se le debe la primera Declaración de los Derechos de la Mujer que, entre otros,  expresa: “La mujer nace libre, y sus derechos son iguales a los del hombre; nadie debe ser molestado por sus opiniones; la mujer puede ir al patíbulo, también ocupar la tribuna”. Y así continúa esta incursión femenina hasta que Robespierre ordena el cierre de las asociaciones femeninas. Posteriormente, las fusiona con las de los hombres. Sin embargo, continúan sin poder elegir ni ser elegidas.

Valoramos inmensamente las ideas de “libertad, igualdad y fraternidad”, así también el reconocimiento de que “todos los ciudadanos nacen libres e iguales”. Ello ha devuelto al hombre su propia estima y al ciudadano la posición que le conceden sus derechos.

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**Fuente:** https://panorama.onl/opinion/la-revolucion-francesa-y-su-espiritu-20160714-0115.html
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