# “La mujer y la edad”

> Hay circunstancias que, por repetirse una y otra vez, comienzan a convertirse en reglas. Me explico con un ejemplo: Cuando un tema me apasiona, en el momento en que me decido a atender a su requerimiento de escribir sobre él, cae en mis manos una exposición sobre el mismo en una revista de vanguardia o

Por Hildegard Sansó  [email protected] · 15 de abril de 2017 · Opinión

![“La mujer y la edad”](https://panorama.onl/app/uploads/9ea765e12098fe02.jpg)

Hay circunstancias que, por repetirse una y otra vez, comienzan a convertirse en reglas. Me explico con un ejemplo: Cuando un tema me apasiona, en el momento en que me decido a atender a su requerimiento de escribir sobre él, cae en mis manos una exposición sobre el mismo en una revista de vanguardia o en un estudio monográfico.  En el caso presente me obsesionaba la tremenda desigualdad que recae sobre las mujeres con relación a la edad. Cuando hablamos de la edad, estamos aludiendo a la que supera a esa etapa que se denomina “la juventud” y que ha agotado una buena parte de la que comprende la llamada “madurez”. Pues bien, cuando decidí desarrollar el tema se produjo el hecho que comentara ya que, al abrir la edición decembrina de “Le Monde diplomatique”, en español, allí estaba la socióloga Juliette Rennes, con su artículo denominado “Envejecer en femenino”, que, si bien no lo desarrolla en el mismo sentido, ni con la misma orientación que voy a darle, alude a circunstancias idénticas.  Para contradecir mi criterio, hay quienes dicen que, si hay discriminación legal, es a favor de la mujer, como es el caso de la edad para la jubilación, ya que es más alta para los hombres. Lo anterior no es en forma alguna un beneficio, sino el principio de la decadencia. La jubilada al cesar en sus obligaciones laborales cae en el hueco sin fondo de los sujetos inactivos, de los que tratan de llenar sus horas artificialmente, porque para el ser humano adulto, el trabajo es la forma natural de vivir. Al avanzar en la cesantía comienzan a perderse los buenos hábitos, las habilidades, las facultades adquiridas año tras año. Otra reducción vital que produce la jubilación es la relativa a la pérdida de las relaciones humanas, que día a día se acortan para acercarse al limbo sin salida de la soledad. 

La identificación que se hace de la mujer “de edad” se realiza con las expresiones: la “octogenaria”; la “septuagenaria”, etc. Además el trato social, incluso, el más cariñoso, es siempre insultante: “mi viejita”, “la abuelita”, “la doñita”. Todas estas expresiones, hipócritamente cariñosas, lo que son es una etiqueta desclasificadora del ser humano. Yo he visto la relación entre una inteligente mujer madura que, si bien tiene tras de sí una estela de sucesos profesionales, de ella solo se menciona la edad que representa.

Podemos decir que hay dos actitudes frente a la mujer “de edad” que, en mi criterio, son lesivas ambas de la dignidad femenina. La primera, francamente grosera, es la de ignorar su presencia misma. Es así como se destapará la botella de vino y habrá copas para todos, menos para ella y, en el momento en que comience el paseo por el parque, todos se irán adelante y la dejarán olvidada como un traste inútil.

Hay otra forma igualmente ingrata y es el de la injustificada compasión: a la ágil sesentona que está estacionando su carro, ocurren los clásicos “instructores” que querrán informarle que es lo que debe hacer. Ese dudar de las facultades de las mujeres solo por la edad que aparenta, es una manera ofensiva de prestar una ayuda no solicitada. Las situaciones más odiosas son las que se plantean en los juicios que se emiten sobre las mujeres exitosas, pero cubiertas por la edad. No hay mérito que impida los epítetos “clásicos” con los que se identifica a las mujeres de edad, lo cual en forma alguna se produce ante el exitoso escritor, músico o artista en general, a quien se le llena de elogios. En contraste, la designación usual de la mujer que no oculta su edad es la de “la vieja esa”, epíteto que se repetirá como un “ritornello” tanto frente al fracaso como frente al suceso.

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**Fuente:** https://panorama.onl/opinion/la-mujer-y-la-edad-20170417-0003.html
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