# La estridencia discursiva

> «La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás»Winston Churchill El discurso político actual, tanto por parte de los dirigentes políticos y comunicadores, como por el ciudadano común en general, se caracteriza por la “estridencia discursiva”. Defino la estridencia discursiva como la presencia en el discurso de

Por Jorge Ernesto Rodríguez Profesor-Investigador de la Universidad de Carabobo [email protected] · 15 de agosto de 2018 · Opinión

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«La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás»Winston Churchill

El discurso político actual, tanto por parte de los dirigentes políticos y comunicadores, como por el ciudadano común en general, se caracteriza por la “estridencia discursiva”. Defino la estridencia discursiva como la presencia en el discurso de una soberbia declarativa caracterizada por generalizaciones absolutas y una descarada irresponsabilidad en la  descalificación del contrario.Es normal escuchar, por ejemplo, declaraciones del tipo: “Esos sinvergüenzas, enchufados, corruptos de siete suelas, se arrepentirán de haber nacido” o, por el otro lado, “Esos apátridas inmorales, hijos del imperio, debieran ser fusilados en una plaza pública”. Estos son solo un par de ejemplos, más bien moderados, tomados del día a día de nuestra redes sociales, y que tratan de ilustrar lo que he denominado “estridencia discursiva”.Es muy común, al menos en nuestra idiosincrasia, esa manera, histriónica e hiperbólica, de expresarnos en nuestro ámbito privado. No era tan común, sin embargo, en el ámbito público, ni tampoco para referirnos a personajes públicos.Desde mi óptica, tres fenómenos han convergido en el pasado reciente de nuestro país para que hayamos plagado el discurso público de tanta estridencia. Estos tres fenómenos son: El desquicie de los medios de comunicación, la aparición de líderes políticos con discursos estridentes, y la irrupción de las redes sociales en el escenario comunicacional. Estos tres fenómenos, sumados a una idiosincrasia particularmente altiva y deslenguada, trasladaron al ámbito público el estilo del discurso hiperbólico del insulto, otrora destinado a la comunicación privada, haciendo un daño importante a la capacidad de comunicación efectiva en nuestro país, tanto entre ciudadanos comunes como entre los voceros de la política nacional.El problema con la estridencia discursiva no es estético, es funcional, porque cierra los espacios posibles de encuentro entre contrarios en forma bidireccional. Por una parte, anula las posibilidades de que el adversario asimile las críticas emitidas por el emisor al estar plagadas de posiciones absolutas y descalificaciones personales; y por otro lado, refuerza la cerrazón en el propio emisor saboteando psicológicamente su intención honesta de aceptar al otro o de llegar a puntos de encuentro.La estridencia discursiva polariza posiciones alejando del estridente y del sector que éste  representa, a todos sus adversarios, incluso a aquellos que por sensatez o descontento pudieran compartir, parcial o totalmente, las críticas hechas por sus oponentes. Y es que detrás de la estridencia no hay sino la intención velada de desconocer al otro, rompiendo toda posibilidad de encuentro entre contrarios. En el fondo, es una expresión del deseo, consciente o inconsciente, de negación de la pluralidad por parte del estridente, por más que en sus estridencias proclame la necesidad de la democracia y denuncie la ausencia de ésta en su adversario.La estridencia discursiva y la polarización que ésta promueve son el caldo de cultivo propicio para oportunistas y trepadores de la política, porque en la polarización tienen el instrumento perfecto para esconder su incompetencia, descalificando las críticas a su gestión como  ataques malintencionados de sujetos del bando antagónico, así éstas provengan de conocidos militantes de su misma causa, a quienes no duda en descalificar estridentemente como traidores o “salta talanqueras”.Aunque la estridencia discursiva se dispara por una pulsión perfectamente comprensible en un contexto donde fuerzas contrarias se sienten agredidas mutuamente por acciones del otro, si deseamos avanzar en la creación de espacios de encuentro y convivencia política sana entre contrarios, estamos obligados a racionalizar la pulsión estridente y someterla al imperio de la tolerancia, por más razones objetivas y subjetivas que encontremos para adversar enconadamente a nuestro contrario. Es por ello que el primer paso que debemos dar, si deseamos abonar un espacio de negociación entre adversarios, es eliminar la estridencia del discurso con el que describimos nuestra visión de la realidad y nuestras convicciones. Y no hablo sólo de los dirigentes y comunicadores sociales quienes, claro está, tienen una responsabilidad suprema en este sentido, sino que también hablo del ciudadano común que configura una matriz de opinión intolerante y generalizada que limita a sus dirigentes políticos, acortándoles los espacios para interactuar y negociar con el contrario so pena de la más estridente descalificación desde sus propias filas y potenciales votantes.

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**Fuente:** https://panorama.onl/opinion/la-estridencia-discursiva-20180814-0105.html
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