# En opinión: Maracaibo en chirrincheras

> Los venezolanos creíamos que el incremento de los precios de la gasolina tendría un impacto fulminante en la inflación, por eso, aún en algunos sectores, sigue siendo caca hablar de aumentar los precios de la gasolina.  Pues la gasolina sigue siendo penosamente barata, casi regalada, pero ya todos sabemos lo que ha pasado con el

Por Ylich Carvajal Centeno  Periodista  ylichcarvajal@gmail.com · 26 de septiembre de 2017 · Opinión

**Los venezolanos creíamos que el incremento de los precios de la gasolina tendría un impacto fulminante en la inflación, por eso, aún en algunos sectores, sigue siendo caca hablar de aumentar los precios de la gasolina.** Pues la gasolina sigue siendo penosamente barata, casi regalada, pero ya todos sabemos lo que ha pasado con el precio de todas las mercancías que se transportan con gasolina y a pesar de su ridículo precio nada ha evitado en Maracaibo la desaparición forzosa de carritos por puesto y autobuses que siendo a diésel se cambiaron a gasolina ¡sólo en Venezuela! Para hacer más caricaturesca la cosa, no faltará quien argumente que los bajísimos costos de la gasolina alimentan las camionetas tipo chirrincheras, las llamadas rancheras y las unidades de transporte de todo pelaje que hoy prestan el servicio en la ciudad. No hay suficientes autobuses, ni microbuses, los carritos por puesto se quedaron parados con el tanque full. Primo la cosa es realmente indignante. Pasar horas y horas esperando algo en qué irse, el irrespeto al usuario que va más allá de todo los humanamente aceptable, incluso en Maracaibo. Hemos pasado del carro destartalado al cajón de una camioneta igualmente destartalada o a tener que caminar si es que las piernas nos dan y el hampa no nos cobra caro el atrevimiento. La Alcaldía de Maracaibo, que tiene la competencia en materia de transporte urbano, ni siquiera ha presentado un proyecto, una maqueta, una idea para resolver tan gravísimo problema. La Cámara Municipal se preocupa por los servicios que dependen del Gobierno regional o nacional, pero los que competen a su autoridad, como éste del transporte local, ni pendientes. Y para que la “parada” ahora tenga una nueva connotación, los buses del sistema Metro de Maracaibo, que eran una alternativa de calidad, han bajado su frecuencia en la prestación del servicio. Estamos perdiendo el derecho a la ciudad. La falta de transporte público impone un toque de queda, reduce la vida a una nueva especie de guetos. Trabajar, estudiar, ir al mercado, ir al cine o al teatro, visitar a la familia y a los amigos, asistir a una fiesta o a un juego en el estadio, pasear ¡en fin! vivir la ciudad, vivir en Maracaibo se te vuelve una cárcel sin barrotes. Eres libre de ir a dónde quieras, pero caminando o en el cajón de una camioneta. Aquella sentencia de la sabiduría popular “lo barato sale caro” ha adquirido un sentido aún más profundo si es que queremos verlo. Uno creía que entendía y que sabía diferenciar valor de precio, la gran cuestión de fondo en toda esta situación económica, ética y cultural que vivimos hoy los venezolanos y que ha sacado lo mejor y lo peor de nosotros.  ¿Cuál es el precio de un pasaje que no puedes pagar simplemente porque no hay a quien pagárselo, no hay un autobús decente que te lleve y te traiga? ¿Cuánto valemos como ciudadanos cuando no tenemos más opción que encaramarnos en una cafetera a gasolina para ir a cumplir con nuestras obligaciones?  Bueno yo creo que la democracia, el Estado, los gobiernos en todos sus niveles, la República pues, tiene que servir precisamente para eso, para que las cosas simples, cotidianas, que hacen posible la convivencia ciudadana, que dignifican nuestro gentilicio, que le dan sentido a nuestra identidad y que nos permiten sentirnos parte y más aún, sentirnos orgullosos y felices funcionen mínimamente. Que usted pueda o no tomar el autobús para ir a cualquier parte de la ciudad es un problema de Estado. Que no le roben el cable del servicio telefónico y tenga que negociar con los probables ladrones la restitución del mismo al margen de la empresa pública que presta el servicio es un problema de Estado. Que usted se sienta y realmente esté protegido por las policías es un problema de Estado. Que usted vaya a un organismo del Estado, sea este municipal, regional o nacional y lo atiendan como se atiende a un ciudadano es un problema de Estado. Por qué, sin ánimos anarquistas, para qué carrizo existe el Estado si éste, en el caso de la Alcaldía de Maracaibo, no puede ni garantizarle a usted que pueda hacer la cosa más común y propia de la vida urbana, tomar el autobús. La gobernabilidad no es una banda en el pecho de quien gobierna, ni una vida de privilegios como algunas y algunos la asumen abiertamente, ni el poder para joder a los otros, sino que haya gobierno sobre lo que pedimos, transporte, seguridad, servicios públicos, ciudad vivible, amable, porque Maracaibo sois vos.

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**Fuente:** https://panorama.onl/opinion/en-opinion-maracaibo-en-chirrincheras-20170926-0085.html
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