# En opinión: La impresión no es noticia

> Por estos días de respiración en nuestra ‘aldea global’,  somos observadores de cómo la inmediatez de la información nos domina. Muchas veces el problema aparentemente no es informarse, si no comprenderlo medianamente, mantener el reportaje por algún tiempo y darle significado a los episodios que nos comentan. La avalancha de sucesos absorbe y somos rehenes

Por Óscar Morales Economista omoralesrodriguez@gmail.com · 28 de octubre de 2016 · Opinión

![En opinión: La impresión no es noticia](https://panorama.onl/app/uploads/918d1ea06a4d058d.jpg)

Por estos días de respiración en nuestra ‘aldea global’,  somos observadores de cómo la inmediatez de la información nos domina. Muchas veces el problema aparentemente no es informarse, si no comprenderlo medianamente, mantener el reportaje por algún tiempo y darle significado a los episodios que nos comentan.

La avalancha de sucesos absorbe y somos rehenes del delirio informativo. Cuando estamos digiriendo una noticia ya es tiempo de voltear la vista para leer otra, y cuando estamos entendiendo el origen de un evento noticioso se hace necesario empezar a asimilar otra distinta por riesgo de quedar confundido y desorientado para otra revelación latente.

Es una espiral infinita. Finalmente, somos lectores parciales de acontecimientos, o dicho de otra manera: lectores temporales de titulares.   Preguntémonos: ¿por cuánto tiempo la novedad en primera plana de hoy permanece como noticia mañana o la próxima semana? La brevedad es la norma, pues, en los tiempos modernos lo importante resiste poco. La primicia es transitoria y su reemplazo es inminente.

El caso de Venezuela, es vivo ejemplo de esto. Además de la ola noticiaria minuto a minuto (que evita apreciar los hechos en su justa dimensión), también debe agregarse el ingrediente del impacto o asombro del ciudadano. Para hacerlo más ilustrativo, me explico con varios ejemplos -sin comentar los comportamientos sociales que ya están establecidos como preceptos imprescindibles y/o reglas colectivas indiscutibles de supervivencia. 

En el año 2014  la inflación cerró en 68,5% y a pesar que economistas decían que seguiría incrementándose e iba a perforar la barrera de los 100%, pocos lo creían y parecían declaraciones de los profetas del desastre de siempre sensacionalistas y amarillistas. Hoy superamos ampliamente este número y estamos deseando que la inflación estuviera cerca de la cifra del 2014. 

Otro ejemplo es el caso de la cotización del dólar paralelo. Por febrero de 2015 se cotizaba  próximo a los 200 bolívares y  todos los venezolanos creíamos que era inconcebible un dólar a precio de 1.000 bolívares. Hoy sabemos por donde va. 

Por el 2014 la caída del PIB fue de 3,9% y nuestro escepticismo impedía ver que en dos años más esto sería insignificante para lo que depararía el destino. Hoy nos preparamos para caer un 7% o más. Y el año próximo también decreceremos sin inmutarnos.

Por esto, ya nada sorprende, ya nada impresiona. Ocurrirán eventos más inauditos y se formarán circunstancias más asombrosas, sin embargo, tampoco será desconcertante. Se aceptarán y nos habituaremos a ello. 

Un buen día de estos gritarán algunos: “Abajo el sistema, abajo el trabajo, muerte al capital, exterminio al Estado y viva la anarquía”.  Y aceptaremos todos. ¿Quién dice no? Lo que acontece hoy será una pequeñez mañana. Coja palco. El último que apague la luz, por favor.

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**Fuente:** https://panorama.onl/opinion/en-opinion-la-impresion-no-es-noticia-20161027-0062.html
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