# Desfilando  sobre lo absurdo

> Teniendo un país desdibujado cuesta sonreír por estos días. Pareciera que camináramos sobre lo absurdo con soltura y resignados, pues, se ampara decisiones defectuosas y se bombardea el bienestar todos los días. El valor de la vida es el pasatiempo de un delincuente. Lo único que nos falta es que la ideología que anula el

Por Óscar Morales / Economista   omoralesrodriguez@gmail.com · 1 de julio de 2017 · Opinión

Teniendo un país desdibujado cuesta sonreír por estos días. Pareciera que camináramos sobre lo absurdo con soltura y resignados, pues, se ampara decisiones defectuosas y se bombardea el bienestar todos los días. El valor de la vida es el pasatiempo de un delincuente. Lo único que nos falta es que la ideología que anula el pensamiento crítico  se mezcle con la tecnocracia repleta de datos y análisis frío convirtiendo la verdad en absoluta e incuestionablemente peligrosa, que ocasiona en palabras de Alfredo Toro Hardy: la pérdida de los sentidos de la perspectiva, de la realidad y de la humanidad. Si sucede eso, ya no sé en qué cosa vamos a mutar.

Si calificamos la gestión de la crisis actual por parte del Ejecutivo no habría otra puntuación que la reprobación. Se están preservando muchas irracionalidades e incompetencias  a borbotones.  La más grande es el diferencial cambiario. ¿Pudiera haber algo más absurdo que mantener un diferencial cambiario entre las Divisas complementarias (DICOM) con un valor de 674 bolívares  (al escribir esta columna)  y una Divisas Protegidas (Dipro) a 10 Bolívares? Es decir, una persona que adquiera 1.000 dólares a tasa Dipro necesitaría 10.000 bolívares, y en caso que transara este mismo monto a una tasa Dicom recibiría 674.000 bolívares por los mismos 1.000 dólares. Hagan el cálculo con un millón de dólares y vendiéndolo a una tasa del mercado paralelo. Verdaderamente astronómico, ¿no?  ¿Por qué no se sincera esta disparidad? ¿Pocos ganando mucho o muchos ganando demasiado? Estas perturbaciones tienen un costo elevado que no se superan con dos o tres medidas económicas de madrugada. Paren de fingir, estos son desequilibrios descomunales. Estos incentivos bestiales deben detenerse con urgencia. No es racional mantenerlo.  Es una tragicomedia que no importaría si no hubiese víctimas, pero existen, y son de carne y hueso.

Seguir haciendo las cosas malas ahora implicará mayores costos futuros. La restructuración económica que requiere el país es enorme empezando hoy, imaginemos cuánto significará mañana.  El daño es profundo, muy profundo. Debemos encarar todos los problemas para regresar lo más pronto a un crecimiento económico sólido y saludable. Debemos corregir esa miopía severa que invisibiliza el largo plazo, sino seguiremos viviendo con efectos paralizantes en todos los  ámbitos de la esfera nacional. 

Cuando se intenta diagnosticar el estado de ánimo en la hora actual se tiene que el ciudadano tiene tatuada una arruga en el corazón; se ignora el desaliento  y la desesperanza que corroe hasta al poblador más optimista; todos hablan sin fe en el futuro y solamente se cree en la decadencia del porvenir; la certidumbre ciudadana más llamativa es el secuestro de su destino o el extravío de la lucidez y el equilibrio nacional.  

Aparentemente, sólo se espera por la nueva fábula oficial que relatar para saber si es distinta. Afortunadamente queda la palabra acompañada de estos espacios para intentar inquietar o conmover un poco y eso basta para no dejar de insistir. En algún momento usarán los anteojos de la racionalidad, no lo dudo.

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**Fuente:** https://panorama.onl/opinion/desfilando-sobre-lo-absurdo-20170106-0111.html
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