# Desarmar palabras y corazones, por Antonio Pérez Esclarín

> Hay personas que, si se mordieran la lengua, se envenenarían. Otros muchos confunden el twiter  con una cloaca donde vierten toda su inmundicia.  Pareciera que no saben hablar  o comunicarse sin insultar y ofender.  Les confieso que me embarga una enorme  tristeza cuando entro en algunas redes sociales,  cuando escucho algunas declaraciones y discursos, o

Por Antonio Pérez Esclarín  Filósofo pesclarin@gmail.com · 18 de septiembre de 2016 · Opinión

![Desarmar palabras y corazones, por Antonio Pérez Esclarín](https://panorama.onl/app/uploads/ab8725d7a1d94994.jpg)

Hay personas que, si se mordieran la lengua, se envenenarían. Otros muchos confunden el twiter  con una cloaca donde vierten toda su inmundicia.  Pareciera que no saben hablar  o comunicarse sin insultar y ofender.  Les confieso que me embarga una enorme  tristeza cuando entro en algunas redes sociales,  cuando escucho algunas declaraciones y discursos, o cuando veo que multitudes  corean y aplauden a los que profieren insultos. Lo verdaderamente lamentable es que personas que ejercen altos cargos públicos y deberían ser ejemplo de respeto y educación, nos tienen acostumbrados a un lenguaje procaz, que deseduca.   Sustituir argumentos por ofensas, gritos, amenazas o  golpes no sólo demuestra una gran pobreza intelectual sino una pequeñez de espíritu y una verdadera falta de dignidad y de humanismo. La agresión es signo de debilidad moral e intelectual y la violencia es la más triste e inhumana ausencia de pensamiento. Valiente no es el que amenaza, ofende o golpea, sino el que es capaz de dominar  su  agresividad y no se deja arrastrar o dominar por la conducta de los que ofenden. La violencia deshumaniza al que la ejerce y desata una lógica de violencia siempre mayor. Quien insulta, hiere, y ofende se degrada como persona y no podrá  contribuir a construir una sociedad más justa o más humana.  En Venezuela, nos hemos acostumbrado a  muchos tipos de violencia, entre ellos, a la violencia verbal.  El hablar cotidiano y el hablar político reflejan con demasiada frecuencia la agresividad que habita en el corazón de las personas.  De las bocas brota con fluidez un lenguaje duro, implacable y procaz, que confunde brillantez  y oratoria con  capacidad de ofender y de  herir. Y no olvidemos que es muy fácil pasar  de la violencia verbal a la violencia física, del insulto al golpe, ya que la experiencia nos demuestra que  casi todas las peleas comienzan con insultos. Nunca llegaremos a la paz ni a la convivencia provocando el desprecio, los insultos y la mutua agresión. ¿Qué paz se podrá hacer entre personas que no se escuchan ni respetan mutuamente sus ideas diferentes? ¿Por qué tenemos que despreciar, ofender y considerar como enemigo a alguien simplemente  porque piensa de una forma distinta? ¿Cómo podemos medir  quiénes  tienen o no  verdadero amor a la Patria?   Sólo quienes busquen con espíritu abierto y lucidez fórmulas de convivencia humana y política nos acercarán a la paz. Con posturas dogmáticas y humillantes nunca construiremos un país próspero y justo.   Nunca llegaremos a la paz si seguimos introduciendo fanatismo y ofensas, si se coacciona  a las personas con graves amenazas e insultos y se busca  reducir al silencio  al que piensa diferente. Cuando en una sociedad la gente tiene miedo de expresar lo que piensa, se está destruyendo la convivencia democrática y se está negando la dignidad de la persona pues, como nos decía Paulo Freire  “nos hacemos personas cuando salimos de la cultura del  silencio, somos capaces de decir nuestra propia palabra y dejamos de repetir las que nos ponen en la boca”.  Sólo los que tienen el corazón en paz podrán ser sembradores de paz y contribuirán a gestar un mundo mejor.  No construiremos una Venezuela de justicia y de paz si no comenzamos desarmando los corazones y las palabras.

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**Fuente:** https://panorama.onl/opinion/desarmar-palabras-y-corazones-por-antonio-perez-esclarin-20160916-0078.html
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