# De pronto el femicidio

> La muerte violenta de una mujer sigue siendo una crueldad de siglos. Sin embargo, es a finales del siglo XX cuando se habla de “femicidio” y “feminicidio”, dos neologismos cargados de asesinatos misóginos, de mujeres asesinadas por sus amantes o parejas, sus ex amantes, sus acosadores, agresores sexuales y violadores, o también de muertes de

Por Beltrán Haddad   Abogado · 10 de enero de 2018 · Opinión

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La muerte violenta de una mujer sigue siendo una crueldad de siglos. Sin embargo, es a finales del siglo XX cuando se habla de “femicidio” y “feminicidio”, dos neologismos cargados de asesinatos misóginos, de mujeres asesinadas por sus amantes o parejas, sus ex amantes, sus acosadores, agresores sexuales y violadores, o también de muertes de mujeres por ocupaciones estigmatizadas. Pero en estos tiempos cuando de nuevo se percibe la gravedad del problema, a raíz del asesinato de una joven madre en presencia de su pequeña hija, y recién aparecen otra  señora y una niña asesinadas en un sector de San Agustín en Caracas, nos viene a la memoria una frase de Nietzsche encontrada entre montones de papeles: “Una conciencia nueva para verdades que hasta ahora han permanecido mudas”. Hay, entonces, la necesidad de enfrentar con toda la fuerza de la ley la muerte violenta de la mujer, tanto como enfrentar, si se asoma, ese “machismo jurídico” que una vez penetró nuestras leyes.

¿Por qué ha sido desigual el trato hacia la mujer? Basta recordar las palabras de un jurisconsulto romano: “Si una mujer acusada de adulterio afirma que el marido ha sido el alcahuete, solo por esto debe ser condenada como adúltera”. El femicidio —dice Diana Russell— es el asesinato de una mujer a manos de un hombre por odio, desprecio, placer o un sentido de propiedad. Ahora, si bien femicidio y feminicidio se acercan de vez en cuando a una sinonimia, hay diferencias. Al vocablo “feminicidio” la socióloga Marcela Lagarde le da un significado político y lo define como el conjunto de hechos que contienen crímenes y desapariciones de mujeres cuando concurren el silencio, la omisión y toda política que derive en la muerte tolerada por el Estado.

Hoy, ya no se puede tapar el femicidio con paños pasionales. La violencia contra la mujer no ha cesado y arrastra de mucho tiempo atrás situaciones aberrantes, como la conducta “de puertas para adentro” que atenta contra la integridad corporal y psíquica de la mujer y la paz familiar, o cuando se les excluía de los cargos públicos, o era castigada con dureza, ella solamente, “con el solo y explícito fin de tutelar la honorabilidad de maridos y padres”, y así tantas y vulgares discriminaciones. Por supuesto, el “machismo jurídico” se desplomó en Venezuela con la revolución bolivariana, pero de pronto aparece el femicidio, asusta, y es tiempo de erradicarlo con todo.

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**Fuente:** https://panorama.onl/opinion/de-pronto-el-femicidio-20181001-0040.html
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