# Crisis de racionalidad

> La literatura nos dice que mayormente los colapsos sociales llegan por eventos medioambientales, financieros, guerras, pandemia, hambruna, entre otros. No obstante, nosotros estamos llevando al destrozo extendido del país sin terremotos, tsunamis, enfermedad epidémica masiva, crisis bancaria, conflicto bélico u otros sucesos que provocan destrucciones. Entonces, si no son estos, ¿cuál será el factor explicativo

Por Óscar Morales   Economista    omoralesrodriguez@gmail.com · 5 de julio de 2016 · Opinión

![Crisis de racionalidad](https://panorama.onl/app/uploads/f1d0e6afddb0baa4.jpg)

La literatura nos dice que mayormente los colapsos sociales llegan por eventos medioambientales, financieros, guerras, pandemia, hambruna, entre otros. No obstante, nosotros estamos llevando al destrozo extendido del país sin terremotos, tsunamis, enfermedad epidémica masiva, crisis bancaria, conflicto bélico u otros sucesos que provocan destrucciones. Entonces, si no son estos, ¿cuál será el factor explicativo de nuestro deterioro social, institucional y moral? 

Reseñar por estos días cada una de las situaciones de inestabilidad, incertidumbre y/o colapso en materia económica, política, cultural, sanitaria, alimentaria, educativa, infraestructura, etc., no es aporte ni contribución innovadora. Sin embargo, hay otro ingrediente que sí vale la pena mirar de cerca, porque se nos escapó lentamente y está agravando la crisis: la racionalidad.

Hoy por hoy, como país somos un teatro de la irracionalidad. Digamos que estamos actuando olvidando normas y  principios, es decir, la mente con consistencia lógica no está gobernando. Y aparentemente “el barro que nos trajo la lluvia” pudiera explicarse por nuestra carencia de racionalizar la situación objetiva más que por factores exógenos y fuera de control.

En otras palabras, estamos siendo incapaces de adherirnos a la lógica, a suscribir nuestras decisiones sujetándonos de la razón que maximice los beneficios a la población, porque estamos negando que la realidad social insatisfactoria actual no es un problema, y por ello no se esfuerza el poder ejecutivo en hacer algo distinto. El manejo de las expectativas es errático. Todos los días abonamos el terreno para esquivar el consenso conveniente y necesario, avivamos lo insensato y el desorden.

Evidencia de ello son los saqueos de los últimos días, pues, si vivimos en una crisis de racionalidad, ¿cómo esperar actos racionales de grupos o individuos de esa sociedad? No estoy justificando esos actos de pillaje —de hecho, los condeno—, pero la permeabilidad de la crisis induce a creer que si desde los mismos poderes se derivan decisiones fuertemente cuestionadas, entonces no es extravagante que se activen acciones de desobediencia a la autoridad o desacato a la ley por interpretarlas de conveniente o no, es decir, se podría estar estimulando un choque contra el mínimo orden de la sociedad si el accionar de las instituciones no inspira neutralidad, objetividad, confianza y credibilidad. 

Intentar hacer más juicios de realidad y menos de valor pudieran llevarnos a generar los acuerdos que necesitan el país; hacer más razonamientos analíticos por encima de los dialécticos nos podrían empujar a dedicarnos en conjunto como sociedad hacia los problemas en concreto sin artimañas ni omisiones intencionales; evaluar bajo los hechos y circunstancias demostrativas por sobre la argumentación llena de un lenguaje artificioso para disfrazar, probablemente nos ayude a tachar las presunciones personales y converjamos hacia lugares comunes. La irracionalidad no le gana a la razón ad infinitum.

Como ocurre con los traumas o padecimientos personales, a medida que estos se agravan, termina el paciente cediendo a la búsqueda de ayuda especializada de un terapeuta, de igual forma, los conflictos políticos finalmente se doblegan a los hechos empíricos y a la razón. ¿En cuánto tiempo? Las ciencias sociales no ayudan mucho y siempre tendrán pronósticos reservados. Pero podemos calcularlo por la sapiencia del político para saber hacer lo prudente, aceptar y comprender los hechos, actuar en consecuencia y transformarlos positivamente. De esto deriva cuánto tiempo requerimos para reordenar todas las sinrazones, deformaciones y entuertos que padecemos. Saque usted sus cálculos siendo conservador, otorgando el beneficio de la duda e inyecte mucha esperanza en su cómputo para que el resultado no le provoque conmoción ni trastornos.

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**Fuente:** https://panorama.onl/opinion/crisis-de-racionalidad-20160506-0141.html
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