# Consideraciones históricas consejeras

> La construcción de la primera república fue el primer ensayo independentista que se atrevieron a fecundar nuestros héroes. Nuestros patriotas asumieron con audacia innumerables riesgos, deslealtades ingratas, amenazas canallas, adversidades espinosas  y proposiciones incitantes de la época, que fueron superadas transitoriamente hasta el crepúsculo de 1812. La versada e impecable historiadora Inés Quintero relata lo

Por Óscar Morales / Economista · 22 de noviembre de 2015 · Opinión

La construcción de la primera república fue el primer ensayo independentista que se atrevieron a fecundar nuestros héroes. Nuestros patriotas asumieron con audacia innumerables riesgos, deslealtades ingratas, amenazas canallas, adversidades espinosas  y proposiciones incitantes de la época, que fueron superadas transitoriamente hasta el crepúsculo de 1812. La versada e impecable historiadora Inés Quintero relata lo siguiente: “Al cumplirse el primer aniversario de la Independencia, el 5 de julio de 1812, la situación era particularmente desastrosa: al no aceptarse el papel moneda no había forma de abastecer al Ejército; las arcas de la República se encontraban vacías; los alistamientos eran cada vez más perentorios y no había manera de contener las deserciones; la población estaba desesperada; una implacable escasez de alimentos, miseria generalizada y pérdidas económicas irremediables eran el balance de aquel primer año de vida independiente”.  Por esas fechas también es reveladora la carta fechada el 7 de julio de 1812 de Felipe Fermín Paul al generalísimo Francisco de Miranda sobre el escenario sofocante, trágico y desolador que vivía el trascendente primer intento republicano: “El estado actual de este pueblo es el más melancólico que puede presentarse a los ojos de la humanidad. La mayor parte de sus habitantes, aun los más pudientes gimen bajo el yugo del hambre, y no han faltado pobres que para esta época hayan perecido de ella.  Sobre las causas generales e inevitables de esta necesidad, dimanadas de la guerra y de la ocupación de los terrenos que producen toda la carne y la mayor parte de los víveres, concurren accidentes particulares que mal manejados van a consumar la obra de nuestra desgracia (…). El comercio está paralizado de un modo que parece difícil restablecerlo. (…) Es decir, mi General, que no hay comerciantes y por consiguiente no hay comercio (…). La agricultura ya no existe, sino para recordar a esta provincia sus desgracias (…), y he aquí, mi General, un cuadro doloroso que ofrece a los ojos menos prudentes la dificultad de sostener ni aun el comercio más mezquino por falta de frutos, el descrédito del gobierno por no cumplir sus contratas pendientes, la imposibilidad de emprender otras nuevas (…)”.

Como tantos eventos de la historia, el desenlace de la primera República está ampliamente documentada en el país —a Dios gracias a nuestros eminentes historiadores—, sirviendo de interpretaciones y paralelismos con el presente y futuro.  Buena parte de los historiadores coinciden en un juicio: la historia no es lineal. Ciertamente, la filosofía de la historia predica que no se distingue una orientación única del desarrollo de los hechos, y que además difícilmente exista un propósito, designio o trayectoria definida en la creación de la misma. Pero, por otra parte, los estudiosos de esta ciencia afirman que es indispensable para el entendimiento del presente y la visión del futuro. Ya el teólogo y filósofo danés Kierkegaard nos dijo que “la vida debe ser comprendida hacia atrás, pero debe ser vivida hacia adelante”. 

La utilidad de la historia no debe ser  tratada con intereses acomodaticios ni considerada con aprovechamientos prácticos. La historia hoy y mañana da lecciones. Aunque el sabio historiador ateniense Tucídides haya dicho que “la historia es un incesante volver a empezar”, considero que es conveniente acudir a ella cuando nos sea favorable o no para explicar ciertos hechos, coyunturas, comportamientos o procesos económicos, políticos y sociales. Así como el tiempo lo cura todo, la historia es la madre de los tiempos. La historia, como siempre, seguirá delineando hechos y encontrando culpas.

---

**Fuente:** https://panorama.onl/opinion/consideraciones-historicas-consejeras-20151122-0022.html
Publicado por Panorama Online — contenido de libre lectura; se permite citar con atribución y enlace a la URL original.
