# Carta a Timoteo Zambrano

> Estimado compatriota Timoteo Zambrano, he meditado sobre si debía o no escribirle públicamente porque en los últimos años la política en nuestro país ha estado llena de gente que, como los péndulos de los viejos relojes de nuestras abuelas, van de un extremo al otro sin realmente moverse a alguna parte, sin avanzar en algún

Por Ylich Carvajal Centeno · 25 de noviembre de 2019 · Opinión

![Carta a Timoteo Zambrano](https://panorama.onl/app/uploads/d507f2093656d548-2.jpg)

Estimado compatriota Timoteo Zambrano, he meditado sobre si debía o no escribirle públicamente porque en los últimos años la política en nuestro país ha estado llena de gente que, como los péndulos de los viejos relojes de nuestras abuelas, van de un extremo al otro sin realmente moverse a alguna parte, sin avanzar en algún sentido, sin apostar por un real cambio, por pequeño que sea, que nos saque de la anomia.

Me refiero a los conocidos “salta talanqueras” que por más que brinquen como acróbatas siempre caen en la misma vaina.

Henry Falcón, por ejemplo, con el que entiendo usted coincide en estos momentos es un buen ejemplo de eso: de independiente a chavista, de chavista a opositor radical, de opositor radical a moderado que aceptó ser candidato en las pasadas elecciones presidenciales en que el resto de la oposición rechazó participar para, nuevamente, regresar al redil del oposicionismo furioso y acéfalo y ahora, otra vez, después de patear lo que había hecho al ser candidato contra Maduro, vuelve a ser moderado.

No sé si me explico. Pero en este país estamos tan necesitados de gente que mantenga su palabra y que luego haga coincidir su discurso con su práctica que bien vale la pena correr riesgos.

Recordé que en septiembre de 2016 escribí un artículo sobre usted. Entonces era el coordinador de asuntos internacionales de la MUD y militaba en UNT. En esa condición salió en defensa de los intereses de Venezuela que había sido expulsada abusivamente del Mercosur. Recuerdo que sus correligionarios, los mismos que ahora le cuestionan que haya aceptado dialogar con el Gobierno, lo lincharon mediáticamente.

Usted fue tratado de “traidor”, “colaboracionista”, “vendido” y otros descalificativos que el oposicionismo más recalcitrante suele usar contra quienes no se subordinan absolutamente a sus disparates. A mí me pareció que aquella situación describía bastante bien el drama que Venezuela aún tiene que padecer: la absurda y obcecada idea de que aquel abuso contra la República era “por nuestro bien” y por la que hemos terminado perdiendo Citgo y miles de millones de dólares de la venta del petróleo.

No le conozco personalmente, en todo caso hemos militado o apostado por ideologías distintas, aparentemente excluyentes. Tampoco tengo la mínima intención de inscribirme en su partido aunque le deseo la mejor de las suertes en un país en el que los partidos cada día le dicen menos a los venezolanos; pero en medio de esta polarización simplista y reduccionista, que pretende empastelarlo todo de azul o de rojo, en medio del desconcierto nacional, me pareció que era importante subrayar que alguien, en este caso usted, no dejaba que el árbol le impidiera ver el bosque, que podía entender que una cosa es ser de oposición a un Gobierno y otra muy distinta es destruir al país porque me opongo al Gobierno.

Si la oposición que entonces lo lapidó y lo expulsó de sus filas le hubiera escuchado mínimamente quizás no estuviera en la calamitosa situación en la que se encuentra ahora mismo bajo el liderazgo de la llamada “nueva generación” que envejeció de in so facto, no sólo porque ha fracasado estridentemente en su objetivo de “cesar la usurpación”, sino por las denuncias de corrupción, incompetencia y relaciones con bandas criminales que los envuelven.

Esa oposición incoherente que, por un “puñado de dólares”, hipotecó su autonomía adoptando el discurso de la “dictadura” que le aleccionaron desde Miami y que, atrapada en su propio bucle discursivo, luego se fue a escondidas a negociar con Maduro en Oslo y en Dominicana. Vergüenza ajena.

Me refiero al mismo estribillo fastidioso de “la dictadura”, “el régimen”, “la usurpación”, por el que ahora no hallan cómo explicarle a sus seguidores, los escasos que aún les creen, que más temprano que tarde habrá que ir a unas elecciones y no presidenciales primeramente.

Por eso su decisión de 2016 renueva su importancia, en cuanto a que sí se puede hacer la diferencia y a que en política es posible y necesario mantener posiciones con base a principios, como la defensa de la República; sin el cálculo mezquino y miope de que es válido todo lo que me beneficie a mí aunque perjudique al país, como la estulticia oposicionista de pedir sanciones y bloqueos, de dejar perder empresas y negociar bonos contra las cuentas públicas con el cálculo perverso de que eso me llevará a Miraflores y, de paso, me dejará buenos réditos en mis cuentas personales en dólares.

Valoro en su decisión de 2016 y en su actual postura de promover un dialogo con el Gobierno un esfuerzo por volver a la política y eso el país va a agradecérselo en algún momento.

Se ha colocado usted en medio del fuego cruzado. Eso de ponerse en el centro, como le ha dicho usted a periodistas, implica ahora en Venezuela caminar descalzo sobre el filo de una katana. No le será fácil, como seguramente ya lo ha notado, distinguirse claramente como centro, como equidistante de extremos que se repelen radicalmente. Los medios, que han tomado partido en este asunto, le van a complicar también la tarea.

Por otra parte ¿Qué es eso de ser de centro? ¿Cómo se opone uno al Gobierno y a la oposición, simultáneamente, sin ser confundido con uno o el otro? ¿En un país polarizado extremis dónde queda el centro?

¡Bueno! Allí es dónde la política y sólo la política da respuestas que ahora ni suponemos y perfila alternativas, busca caminos, en ocasiones, atajos, y en consecuencia, crea futuros.

El detalle está en que la política es un dialogo entre un líder, un partido, un movimiento, con lo que llamamos el pueblo. Usted ha tenido posiciones acertadas y valientes, pero lo que al final le permitirá definir qué es el centro en Venezuela es que se convierta en un interlocutor válido para un sector de la población, por ejemplo, para ese sector que ahora llaman “ni ni” y que puede que se parezca bastante a lo que quiere.

Si no se parece, pues le tocará negociar con la gente, en eso también consiste la política. Alfredo Maneiro decía que es preferible equivocarse con la gente que acertar sin ella, pero siempre, siempre, hacer lo que haya que hacer con el pueblo.

He leído en la prensa que usted se ha definido como socialdemócrata, por lo que supongo no está lejos de estas ideas de izquierda. Además, meterse en una discusión de izquierdas o derechas cuando Voluntad Popular es miembro de la Internacional Socialista y economistas como Joseph Stigler, premio Nobel de economía, pronostican el fin del neoliberalismo y el retorno de la historia, es más de política de cafetines y no es que sea mala sino que el país no está para eso.

Poco importa lo que la oposición recalcitrante opine o despotrique sobre sus actos políticos, tampoco lo que ahora el Gobierno crea sobre los mismos, sobre si ayuda o no a sus propósitos, lo que realmente puede trascender es que usted y quienes lo acompañan en la mesa de diálogo del lado de la oposición logren interactuar con un sector de los venezolanos y las venezolanas que le den perfil, sentido, rostro, color, forma, a eso que ahora parece tan improbable como el centro de la polarizada política de nuestro país y que, ojala, no confunda usted con su partido suyo de usted.

Ese centro puede que esté en más de un sitio y en más de un partido. De hecho usted coincide en la mesa de diálogo con Claudio Fermín, ex dirigente de Acción Democrática, y con Felipe Mujica, dirigente del MAS. Probablemente si ustedes ampliaran su idea de oposición, quizás, quién sabe, comenzarían a encontrar coincidencias con Podemos, PPT, PCV, MEP y otros que, si bien se anotan del lado del chavismo, no son el Psuv.

Ya un “chiripero” le permitió una vez a nuestro país abrir nuevas rutas democráticas.

Pero al final y volviendo con Maneiro, lo que le permitirá al país salir de esta polarización obcecada, es que ustedes, los de la mesa de diálogo, la oposición “aperreada” por la oposición, salgan a buscar a los que piensan y sienten al país como ustedes y puedan demostrar que si existe una Venezuela que se ha movido al centro.

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**Fuente:** https://panorama.onl/opinion/carta-a-timoteo-zambrano-20191125-1246.html
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