# A 10 años de su asesinato: El acertijo Danilo Anderson

> César Bracamonte/ / Fotos: Agencias Mientras los marabinos se preparaban para el amanecer de Feria, a las 9:45 pm, el cuerpo del fiscal IV de Ambiente y con competencia nacional Danilo Anderson era esparcido dentro de su camioneta al estallar una carga de C4 en la zona de Los Chaguaramos en la ciudad capital de

Por César Bracamonte / [email protected] / Fotos: Agencias · 2 de septiembre de 2015 · Opinión

**César Bracamonte/ / Fotos: Agencias**

Mientras los marabinos se preparaban para el amanecer de Feria, a las 9:45 pm, el cuerpo del fiscal IV de Ambiente y con competencia nacional Danilo Anderson era esparcido dentro de su camioneta al estallar una carga de C4 en la zona de Los Chaguaramos en la ciudad capital de Caracas. El móvil, después de 10 años es muy difuso, hay involucrados, al parecer, muchos “peces gordos” y entre las demoras de la justicia y los dimes y diretes del proceso de investigación, hasta hoy solo hay tres detenidos, que en su mutismo solo han convertido este caso en uno de los cangrejos más grandes de la historia policial venezolana. Rolando, Otoniel y Juan Bautista Guevara, hermanos los dos primeros, y primos del segundo, fueron condenados a 27 y 29 años y seis meses respectivamente, por la autoría material del crimen. Cumplen su pena en la sede del Sebin, en El Helicoide; pero después de 10 años de pena han solicitado medidas sustitutivas de la privación de libertad. Por otra parte, y en extrañas circunstancias, el mismo 2004, Antonio López Castillo fue abatido en una balacera la mañana del 23 de noviembre, en plena vía pública cerca de Plaza Venezuela. Lo investigaban por el caso y supuesta posesión del C4 con el que estallaron el vehículo. López Castillo era hijo de la exsenadora Haydeé Castillo de López.

**La muerte del fiscal Anderson conmocionó al país, primero por la forma de asesinarlo y luego por cómo fue manejado el caso hasta mitigarlo de manera sospechosa.**

A pesar de tener la hermana y vecina república de Colombia un conflicto interno de más de 50 años, Venezuela no emuló nunca una cultura bélica o de violencia extrema, por lo que la muerte del fiscal, utilizando C4 en el mismo vehículo de la víctima representó un gran impacto por haber simbolizado un acto de rabia y venganza que generó en la conciencia colectiva un miedo generalizado y se creyó que era el primero de muchos que caerían de esa manera.

Hoy, después de diez años, la opinión pública vive con el mismo temor, puesto que las muertes recientes de Eliécer Otaiza y Robert Serra hacen creer que la violencia selectiva y programada tiene fuertes vinculaciones al paramilitarismo colombiano. Giovanny Vásquez, el colombo-venezolano que luego fue mejor conocido como “El testigo estrella” —ya que su testimonio fue fundamental para que se imputara a los autores intelectuales y se condenara a los Guevara—, aseguraba haber sido miembro de las Autodefensas Unidas de Colombia, pero nunca se comprobó la veracidad de esta versión. Por otra parte, un reconocido abogado penalista zuliano, desvinculó por completo a Vásquez al representarlo como defensor por forjamiento de actas, éste tomó como argumento que las declaraciones de su defendido eran falsas y de esta manera el testigo ya no fue tan importante para el resto de la investigación. Giovanny Vásquez, aparte de los 500 mil dólares que supuestamente recibió para actuar como testigo cuando lo señalaron por el forjamiento de actas, salió ileso. La fiscalía lo imputó, pero no lo acusó de nada ya que de haberlo hecho el caso hubiera quedado anulado, inclusive la condena de los Guevara, por considerarlo testigo falso.

Otro de los nombres que resaltó en la primera parte de las investigaciones fue el de Sócrates Tiniacos, abogado y amigo personal de Danilo Anderson. Se le acusó de haber entrado a la casa de Danilo la noche del suceso donde murió su amigo, y que al parecer éste sacó fuertes sumas de dinero en efectivo que el fiscal guardaba en una caja fuerte en el interior de su habitación. Tiniacos se encargaría de repartir el dinero que al parecer provenía de chantajes y silencios pagados al fiscal Anderson por parte de banqueros involucrados en sus investigaciones. A Tiniacos no se le investigó y supuestamente tiene un cargo muy alto en una secretaria del Gobierno en el interior del país.

A pesar de haber sido velado en Capilla Ardiente, considerado mártir, y de que el —para entonces— Presidente, Hugo Chávez, visitara una de las esquinas de su féretro y pidiera ante el país y sus familiares justicia, su tumba en algún lugar del cementerio del este de Caracas sigue sin tener las respuestas adecuadas del caso. Hay muchos cabos sueltos, dudas que nadie ha sabido responderle ni al pueblo ni a los familiares y mientras, quizá, los culpables paseen la verdad en sus convertibles en las riberas del Coral Gables, según sus hermanas María y Lourdes Anderson, quienes sostienen que de la justicia divina no se escapará nadie.

**Una década después de aquel encuentro macabro en la “Selva Darién”, los autores intelectuales aún no han sido develados y tal vez nunca se sepa en realidad cómo y de qué forma planearon el más vil de los asesinatos hechos a un funcionario público del país.**

Asimismo otros dos asesinatos recientes de altos funcionarios del Gobierno parecen estar dirigidos a ampliar el espectro de violencia generado en Venezuela en los últimos años. Sacudones sociales instigados por ‘guarimbas’ y revueltas estudiantiles tienden a dar una lectura de planificación progresiva. Los resultados han sido catastróficos para la paz, puesto que más de 40 muertos son el saldo de las protestas de sectores que se oponen al Gobierno venezolano. Sin embargo, nada justifica las muertes. Estos eventos han sido rechazados por todos los sectores politicos activos en el país, según han manifestado.

“Las pruebas están allí y pueden servir para tratar de alimentar la investigación bien para estar conscientes de que puede avanzar o para cerrarla”, aseguraba Isaías Rodríguez, exparlamentario y exfiscal general de la República, refiriéndose a lo intrincado del caso del fiscal asesinado. “Hay cosas que jamás deben repetirse, este asesinato nos somete a la reflexión, no podemos seguir en este juego macabro, el ojo por ojo nos dejará ciegos a todos. Buscamos los culpables, bien, y luego qué haremos”, serían las palabras del también asesinado en extrañas circunstancias Eliécer Otaiza, cuadro alto del Gobierno nacional y que junto a Anderson y Serra suman tres las muertes a funcionarios del Estado.

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**Fuente:** https://panorama.onl/opinion/a-10-anos-de-su-asesinato-el-acertijo-danilo-anderson-20141119-0124.html
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